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12+1 ¿Un número fatal?

Martes 13 de Junio, 2017
¿Es el 13 un número fatal? En Más coincidencias imposibles (Luciérnaga, 2016), Josep Guijarro ofrece algunas claves que te darán qué pensar.

            «Ser supersticioso trae mala suerte.» Si hasta hay una fobia reconocida a este número que recibe el nombre de triscaidecafobia. Y si el palabro te parece impronunciable espera a saber cómo se llama la fobia al viernes 13: friggatriscaidecafobia. Un verdadero trabalenguas, vamos. El término procede de una diosa vikinga, Frigg o Frigga, esposa de Odín en la que reside el origen etimológico de la palabra Friday (viernes).

            Y es que en las culturas anglosajonas es el viernes 13 y no el martes el día chungo.

            En cualquier caso, el trece ha sido asociado a la fatalidad desde la más remota antigüedad. El rey de Babilonia Hammurabí, por ejemplo, compiló leyes y edictos numerados de forma sucesiva pero, curiosamente, omitió el trece en su lista por considerarlo de mal agüero. También el poeta griego Hesiodo prevenía a los agricultores contra sembrar en el día 13 del mes. Trece es también es el número total de participantes en un aquelarre (12 brujas y el mismísimo Satanás), por lo que muchos lo consideran que atrae el mal.

            Es conocido que algunos hoteles y compañías aéreas evitan este número. En algunos casos sustituyéndolo por la letra M (la treceava del alfabeto) o por el 12+1. Hasta se dice –y esto es más preocupante— que los científicos de la NASA, la agencia espacial norteamericana, temen al número 13 desde la tragedia del Apolo XIII.

También es casualidad que de las 22 misiones Apolo, sólo la número 13 fracasara. Puestos a buscar, el cohete se lanzó a las 13 horas y 13 minutos desde el complejo 39 (tres veces trece) del Centro Espacial Kennedy.

La nave, como ya sabrás, sufrió una explosión en pleno vuelo que obligó a cancelar la misión. ¿Casualidad? ¿Simple superstición?

Aunque creas lo contrario, los científicos no son ajenos a la superstición. Alguien preguntó al famoso físico Niels Bohr por qué tenía colgada una herradura de caballo en la puerta de su despacho.

—¿No creerás que esas pamplinas pueden ejercer un efecto sobre tu suerte? –interrogó un colega.

A lo que Bohr contestó:

—No, pero he oído que funciona incluso con aquellos que no creen.

Y hoy se sabe que cada vez que hay un despegue exitoso en la NASA  se come pan con maíz, juegan al póker y se reúnen alrededor de una torta que ni siquiera comen. Hay que conjurar a la suerte.

Cuando el 13 se repite
Otro ejemplo de sorprendente repetición numérica con el trece está asociada al célebre músico alemán Richard Wagner. Su vida parece estar ligada indisolublemente a este número. El compositor de la mítica ópera Parsifal, que tanto emocionó a los nazis, vino al mundo en un año acabado en 13, concretamente en 1813 que es el mismo año en el que murió su padre de tifus, sólo seis meses después. La suma de las letras de su nombre y apellido da trece. Los números de su año de nacimiento (1+8+1+3) también suman 13. Compuso trece óperas y, para colmo, falleció un día 13. Tiene bemoles la cosa, especialmente tratándose de un compositor.

También el número 13 ha perseguido con insistencia al papa Francisco. Bueno, para ser justos, no sólo el trece sino también el tres.

Jorge Bergoglio fue designado sumo pontífice en 2013, concretamente el trece de marzo (tercer mes del año). La fumata blanca se conoció a las 7 horas y 6 minutos hora de Italia (cuya suma 7+6 es igual a 13). Las coincidencias no acaban en esta anécdota. A los 21 años, cifra que suma tres, decidió ser sacerdote. Fue ordenado jesuita el día 13 de diciembre de 1969. Ah, y fue elegido papa 13 días después de la renuncia de Benedicto XVI. ¡Qué fuerte!

Dejó escrito el filósofo Benedicto Spinoza que «los hombres no serían nunca supersticiosos si pudieran gobernar todas sus circunstancias por normas fijas, o si siempre se viesen favorecidos por la fortuna.»

Pero no es así. El azar, la casualidad, la coincidencia rompen nuestros esquemas y desafían cualquier patrón o estadística. 

Conjurar el azar
Pero, es que acaso, ¿es posible controlar la suerte? Su diosa en la mitología clásica se llama Fortuna y de ella se decía que no obedecía a leyes… como las coincidencias. Pese a todo tratamos de conjurarla, tanto a la suerte como al benéfico «azar» de las formas más sorprendentes.

Es evidente que el origen de la superstición reside en patrones causales. La renuencia a pasar por debajo de la escalera, a que se te cruce un gato negro en el camino, derramar la sal sobre la mesa o vestir de amarillo, debió de fundamentarse en fatalidades personales y anónimas que constituyeron un acervo irreligioso con el paso de los siglos. Ojo. También la forma de atraer la suerte obedece al mismo patrón, aunque con un resultado inverso.

El antropólogo Bronislaw Malinowski advirtió que los habitantes de las islas Trobriand —llamadas oficialmente islas Kiriwina— en Papúa Nueva Guinea, que vivían en la zona donde la pesca era más abundante no realizaban ritos mágicos. Por contra, los que poblaban la región con capturas más precarias habían desarrollado prácticas esotéricas para que la pesca les fuese propicia.

En otras palabras es el temor al fracaso, al peligro, el riesgo –en suma— el que aviva la superstición, a buscar una solución mágica que aleje la «mala suerte» o atraiga la buena.

Y todos somos susceptibles en mayor o menor grado.

Según el estudio realizado en 2013, el 25% de los españoles tiene algún tipo de superstición o rito relacionado con los números de la Lotería.

Hasta les buscamos significado o coincidencia con fechas.

El estudio recogía que, entre los números más demandados del sorteo de Navidad, se encuentran los terminado en 31 que, curiosamente, es la fecha en que se celebra Halloween, el 666 o número de la Bestia, que constituye la terminación satánica por excelencia y, como no podía ser de otra forma, los terminados en 13. Aunque esta última cifra despierta sentimientos encontrados.

Curiosamente, el trece, no es un número especialmente fascinante desde el punto de vista de la ciencia. Aunque se presta a algunos juegos matemáticos, su magia aritmética está muy lejos de la que pueden proporcionar otros números.

El 13 es un número primo que forma parte de la sucesión de Fibonnacci y 13 son también el número de sólidos de Arquímedes, un grupo de poliedros convexos cuyas caras son polígonos regulares de dos o más tipos. No sufras, como las matemáticas se me dan mal (como a la inmensa mayoría, no nos engañemos), te ahorraré la explicación de la serie Fibonnacci o los poliedros de Arquímedes, pero sí me vas a permitir hablarte de «catetos». No, no me refiero a las personas pueblerinas o palurdas, según la definición del término que hace la RAE en su diccionario, sino a su otra acepción: «Cada uno de los dos lados que forman el ángulo recto en un triángulo rectángulo.»

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Comentarios

El trece es superstición para los que están sometidos por las doctrinas económicas, religiosas, políticas, militares, filosóficas, metafísicas, de nueva era, esotéricas, etc, etc, que engañan a la humanidad. 12 discípulos y el Maestro es para ser temido por esos supersticiosos.

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