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La nueva era de las pirámides

Jueves 08 de Marzo, 2018
Nuestros ancestros levantaron pirámides por todo el mundo, pero ¿quiénes fueron aquellos antiguos constructores y con qué propósito erigieron estas estructuras? ¿Hay vínculos entre ellas? ¿Hubo una cultura global hace 12mil años?

El autor Michael Rice escribió que «la pirámide se encuentra entre las formas arquetípicas más armoniosas y agradables […]. Su importancia para los egipcios puede medirse por el hecho de que, incluso en la era predinástica, siglos antes de que las mismísimas pirámides fueran construidas, había pinturas en la cerámica de Naqada II que mostraban hileras de colinas triangulares, lo cual indica que esa forma ya estaba latente en la psique egipcia».

Rice interpreta la Era de las Pirámides como la culminación de una profunda experiencia arquetípica, «la sublimación del primer período de la existencia de Egipto como nación». Según él, esta antigua civilización poseía una necesidad casi genética de construir pirámides, plasmando su deseo en lo que los egiptólogos denominaron como la Era de las Pirámides.

No obstante, pese a la gigantesca presencia de estas estructuras que visten el horizonte al oeste de El Cairo, los millones de visitantes que a lo largo de los siglos han acudido a contemplarlas, así como su papel en el imaginario de películas como Stargate, entre otras muchas cosas, sabemos muy poco sobre las pirámides.

El escritor británico Colin Wilson resumió el problema afirmando que «la verdad es que, en lo concerniente a ellas, no existen certezas absolutas, solo ciertas ideas establecidas que los expertos han acordado aceptar porque es conveniente hacerlo».

Aunque los turistas no dejan de acudir en masa a ver las pirámides, a algunos egiptólogos no les importaría mucho que desaparecieran; son poquísimos los que las estudian y muchos los que prefieren excavar en estructuras menos controvertidas, en otros lugares a lo largo del Nilo. Algunos, incluso, han llegado a sostener que las pirámides tienen una importancia menor en el Antiguo Egipto. Pero, ¿es eso cierto?

NO ES UNA PIRÁMIDE CUALQUIERA

Todas las pirámides son iguales, pero unas más que otras. La Gran Pirámide de Egipto es la única maravilla que queda del mundo antiguo.

Hay una sola razón para ello: de todas las antiguas maravillas, es la más vieja y la de mayor tamaño, la única que ha resistido el paso del tiempo. De ahí el proverbio árabe sobre el miedo y respeto que inspira. Pero es la Gran Pirámide de Khufu (Keops), situada en la meseta de Guiza, a las afueras de El Cairo, la que ocupa el primer lugar en la lista de maravillas. Resulta un tanto extraño si tenemos en cuenta que la de Khafre (Kefrén) es solo ligeramente más pequeña.

Las pirámides, y sobre todo la Gran Pirámide, impresionan. En la antigüedad se referían a ellas como Los Graneros de José y Las Montañas del Faraón. Hoy en día autores como Christopher Dunn creen que eran algo parecido a antiguas centrales eléctricas, mientras que Zecharia Sitchin las considera una especie de faro destinado a servir de guía para las naves espaciales que quisieran aterrizar en algún punto determinado de Oriente Medio. Napoleón Bonaparte, que se encuentra entre los famosos que visitaron estos monumentos, durante la invasión de Egipto en 1798, arengó a su gente: «¡Soldados! ¡Cuarenta siglos nos observan desde lo alto de estas pirámides!». Se equivocaba: en realidad eran cincuenta siglos.

La Gran Pirámide fue construida por el faraón egipcio Khufu, un gobernante de la Cuarta Dinastía (alrededor del 2560 a. C.), más comúnmente conocido por su nombre griego, Keops. La postura oficial egiptológica sostiene que esta construcción iba a servir como tumba para el fallecido faraón. Sin embargo, no se han encontrado momias en ninguna de las tres estructuras, cosa que para los estudiosos en la materia apunta de forma obvia al saqueo de tumbas que con frecuencia tuvieron lugar a lo largo de un período que abarca unos 4.000 años. Nadie ha encontrado, por tanto, los restos de Khufu, y tampoco sabemos mucho de aquel hombre cuyo mandato destacó únicamente por su colosal edificación, mérito que algunos investigadores no están dispuestos a atribuirle.

Algunos creen que la pirámide es obra de extraterrestres o de descendientes de la civilización perdida de la Atlántida. Para los seguidores de esta posibilidad, es más probable que el edificio date del 10.000 a. C. aproximadamente, de ahí que no la consideren un legado del Antiguo Egipto. Algunos van más lejos, inspirados por la obra de Erich von Däniken y su popularización de la llamada «hipótesis de los antiguos astronautas».

LA GRAN INUNDACIÓN

Según Zecharia Sitchin, la Gran Pirámide era un faro para los astronautas que pretendían aterrizar con las naves espaciales, interpretadas a partir de los dibujos que decoran algunos muros en Egipto e Iraq. En mi humilde opinión, los antiguos hombres del espacio podrían haber establecido un faro mucho más práctico y sencillo, similar a los de la aviación moderna.

Construir la Gran Pirámide con la única intención de encontrar el camino a un puerto espacial me parece, como poco, una idea extravagante. Sitchin no fue el primero en dar muestras de falta de razonamiento en este sentido.

En el siglo XIX, Robert Menzies hizo referencia a ciertas incisiones y líneas que hay en el interior de la Gran Pirámide para afirmar que esta contenía profecías relativas al devenir y la historia del mundo, incluyendo la creación de la tierra en el año 4004 a. C. y la Gran Inundación del 2400 a. C. Quienes siguieron sus pasos, como el astrónomo real escocés Charles Piazzi Smyth, un fanático cristiano, fueron desde entonces etiquetados como «piramidiotas». ¿Qué otra cosa se puede pensar de alguien que cree que el comienzo de la Gran Galería se corresponde en el tiempo con el nacimiento de Cristo? (por no mencionar que, según Smyth, la segunda venida de Jesús tuvo lugar en el año 1911 de nuestra era).

Cuando nuestros descendientes miren atrás, probablemente pensarán que la preocupación actual por la tecnología industrial fue lo que nos llevó a defender que, además de una central eléctrica, la Gran Pirámide era, en realidad, una especie de «célula que utilizaba el agua como combustible».

Las extraordinarias propiedades acústicas del edificio estarían indicando que fue diseñado como un dispositivo generador de energía al más puro estilo de Tesla, quien utilizaba la armonía para aprovechar las energías vibratorias naturales de la Tierra y convertirlas en una radiación de microondas.

Solemos pensar que la Gran Pirámide es el mayor logro del Antiguo Egipto, pero no sabemos si en tiempos de Khufu pensaban lo mismo. De hecho, la referencia histórica más antigua e importante se la debemos al viajero griego Heródoto de Halicarnaso, quien visitó Egipto en torno al 450 a. C. Sus guías egipcios le dijeron que aquel monumento se levantó con la fuerza de 100.000 esclavos que tardaron veinte años en acabar esa obra cuyo propósito era servir de tumba para el faraón Khufu.

En la actualidad, los egiptólogos piensan que casi todo lo que le contaron a Heródoto era probablemente falso, excepto lo de la tumba. En primer lugar, porque se ha descartado que el contingente de mano de obra fuera esclavo y, en segundo lugar, porque se calcula que hicieron falta menos hombres y años de los que el griego mencionó en su día. Lo que está claro es que nos hallamos tan lejos en el tiempo de Heródoto como él lo estaba de la era en la que se construyó aquella fascinante pirámide.

LOS ORÍGENES DE LAS PIRÁMIDES

Si la Comisión de las Maravillas hubiera decidido incluir en su lista la cercana, y casi igual de alta, pirámide de Khafre (Kefrén) y la más pequeña pirámide de Menkaure (Micerinos), aquellos que no estaban dispuestos a aceptar las teorías egiptológicas se habrían visto obligados a modificar sus hipótesis.

Curiosamente, muchos piramidiotas sostienen que la Gran Pirámide de Khufu era un logro imposible para los antiguos egipcios. No obstante, sí insinúan que estos pudieron ser capaces de construir la pirámide de Kefrén, que en esencia supone un reto de igual magnitud, ya que las dos tienen la misma altura y en ambas se utilizaron idénticos métodos y materiales.

Son muchos los que han centrado su atención en la Gran Pirámide exclusivamente, como si fuera la única existente en las tierras bañadas por el Nilo. Según Rice, estamos ante una idea tan vieja como el mismísimo Egipto. Los expertos han demostrado que la tradición de alzar dichas construcciones comenzó con el proceso de la sofisticación de las mastabas, es decir, de las cámaras funerarias rectangulares que se construyeron a partir de la era dinástica más temprana, fechada tradicionalmente en torno al 3500 a. C. Se trataba de estructuras con tejados planos y solían fabricarse en barro cocido o piedra. Tenían cámaras mortuorias que, a menudo, se excavaban en la tierra, así como galerías que las conectaban con la entrada.

Por todo Egipto hay miles de ellas con una gran variedad de pinturas murales, muchas de un enorme valor artístico, con escenas de la vida diaria del Antiguo Egipto, por lo que las mastabas son una fuente de información fundamental a la hora de conocer las condiciones de vida –bastante idílicas, por cierto– de las que los antiguos egipcios gozaron. Por otro lado, las pinturas murales de las pirámides –una tendencia desarrollada tras los logros alcanzados en las pirámides de Khufu y otros gobernantes de la Cuarta Dinastía–, representan la vida de la realeza en la corte, así como las interpretaciones del Libro de los Muertos, un manual que debía ayudar a los fallecidos a alcanzar el equivalente egipcio del Paraíso.

Se considera que la primera pirámide que existió fue la de Zoser, un gobernante de la Tercera Dinastía. La teoría es que su pirámide de Saqqara se construyó, en principio, como una mastaba normal, pese a diferenciarse en la composición por el uso de piedras, en vez del tradicional barro cocido. Se cree que extendieron la mastaba añadiendo encima cinco cuadrados nuevos gradualmente más pequeños. Fue al agregar esos niveles como nació la pirámide escalonada.

La creación de la primera pirámide no solo implicó un cambio en los materiales (piedra en lugar de barro cocido) sino también en la ubicación. El lugar más sagrado para ser enterrado era Abidos, a unos 480 km al sur de Saqqara.

Se trataba de una de las ciudades más antiguas del Alto Egipto y prosperó desde el período predinástico hasta los tiempos del cristianismo, en torno al 641 de nuestra era. Su fama derivaba de una leyenda que afirmaba que en ella se conservaba la cabeza sagrada de Osiris, señor del Más Allá, el primer ser que había sido capaz de resucitar de entre los muertos, hecho también conocido como «la ascensión».

Dicha hazaña se había convertido en la ambición de todos en el Antiguo Egipto, de modo que el deseo general era que, llegado el momento de la muerte, le enterrasen a uno en Abidos. Muchas tumbas de los gobernantes predinásticos del Antiguo Egipto estaban ubicadas allí, al igual que las de los reyes de la Primera Dinastía.

De hecho, durante el Reino Medio, la tumba de un rey de la Primera Dinastía, Dyer, fue identificada como el «lugar de sepultura de Osiris», hoy en día más conocida como Osireion. Los festivales y autos sacramentales sobre su vida y muerte se estuvieron llevando a cabo allí desde la Decimosegunda Dinastía (1985-1795 AEC) hasta la era cristiana…

La «Pasión de Cristo» compartía muchas características con los autos sacramentales de Osiris e Isis, su esposa, quien ayudó al difunto en su «ascensión». ¿Por qué Saqqara sustituyó a Abidos?

El cambio de ubicación se explica por el auge del culto al sol, cuyo centro de adoración estaba situado en la ciudad de Heliópolis, ahora enterrada bajo las calles de El Cairo. Está bastante claro que a medida que creció el poder de los sacerdotes de Heliópolis (el arquitecto de Zoser, Imhotep, que construyó la Pirámide Escalonada era su sumo sacerdote) comenzó la Era de las Pirámides. Así pues, los egiptólogos han deducido que este momento coincidió con la Era de Heliópolis y su principal deidad, Atum-Ra, el dios creador sol.

El siguiente faraón en construir una pirámide fue Sekhemkhet, de nuevo en Saqqara, aunque él no pudo completar su proyecto. A juzgar por una inscripción que se halló en ella y por su diseño, se cree que Imhotep sobrevivió a Zoser, el antecesor de Sekhemkhet, y fue el cerebro que ideó el complejo funerario.

Después, Khaba construyó una pirámide inacabada en Zawiyet el-Aryan, a cuatro kilómetros al sureste de las de Guiza. Si de verdad fue construida para Khaba, solo tendría entre diez y treinta años menos que la pirámide de Zoser. El corto reinado de Khaba podría explicar por qué nunca se completó, y el monarca que le sucedió decidió pagar su propio complejo funerario antes que el de su antecesor.

EVOLUCIÓN NATURAL

No obstante, si las pirámides eran tumbas, Seneferu debió ser un hombre enfermizo y temeroso por su vida, pues hizo construir nada menos que tres: una en Meidum (Pirámide Acodada) y dos en Dahshur (la Pirámide Inclinada y la Roja).

Sneferu fue el primero en introducir la verdadera forma piramidal, aunque la de Meidum, a ocho kilómetros al sur de Saqqara, ahora parezca más una torre que una pirámide.

Lo que queda es, en realidad, una base con aspecto de torre que se alza entre los restos pulverizados de la estructura original. Aun así, no hay duda de que las de Dahshur son verdaderas pirámides y se encuentran entre mis favoritas, sobre todo la Roja. Para empezar, su altura es impresionante (mide 105 m y la Gran Pirámide 146 m), pero lo más importante es que, en algunas ocasiones, puedes quedarte solo en su interior e incluso en los alrededores, ¡lo que significa que hasta los guardias van a dar una vuelta para contemplarlas! Además, se considera que la Roja es la antecesora inmediata de la Gran Pirámide y, por tanto, constituye una prueba de que esta no era ninguna anomalía, sino que hubo toda una línea de evolución en esas edificaciones que culminó con la mayor de ellas.

Desde el punto de vista cronológico, el siguiente constructor de pirámides fue Khufu y tras él Djedefre, quien trabajó en Abu Roash, en Kefrén y Micerinos y después regresó al complejo de Guiza.

Muchos suponen que con la edificación de este complejo, la Era de las Pirámides llegó a su fin, pero los faraones de la Cuarta y Quinta Dinastías también siguieron construyéndolas. De hecho, esta última se centró sobre todo en los emplazamientos de Abusir, justo al sur de El Cairo, y Saqqara. Finalmente, hubo un resurgimiento de las pirámides a finales de la Decimoprimera y Decimosegunda Dinastías, más o menos entre los años 2100 a. C y 1750 a. C., si bien las técnicas de construcción fueron muy inferiores a las utilizadas en anteriores etapas, y es que la Cuarta Dinastía había dejado el listón muy alto, y la brillantez de la Gran Pirámide de Guiza acabaría eclipsando todo lo habido y por haber.

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