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Abducciones militares

Martes 16 de Enero, 2018
Algunos investigadores han encontrado evidencias de que tras muchos casos de abducción se encuentran agencias de inteligencia que hacen creer a sus “conejillos de indias” que son víctimas de extraterrestres, cuando en realidad están sometidos a toda clase de experimentos secretos de control mental.

El ufólogo Nick Redfern se refiere en uno de sus interesantes reportajes al caso protagonizado por una mujer llamada Alison, que vive en una solitaria cabaña con sus dos perros a unos kilómetros de la población de Sedona, en Arizona (EE UU). Entre los 27 y los 31 años recordó cinco episodios de abducción.

Siempre se desarrollaban de la misma manera: estaba en el salón durante la noche, cuando sentía que Lucy y Summer, sus fieles animales, mostraban signos de inquietud y miedo. Horas después aparecía en otra estancia de la vivienda con un fuerte dolor de cabeza, la boca seca y signos claros de aturdimiento. Al mirar el reloj, se daba cuenta de que habían transcurrido varias horas desde su anterior recuerdo.

Esa misma madrugada o al día siguiente comenzaba a evocar escenas inconexas de ese tiempo perdido: todas las luces de la casa se apagaban; escuchaba un molesto zumbido procedente del exterior de su hogar; unos potentes haces entraban por las ventanas e inundaban de luz el salón; unas figuras oscuras moviéndose a su lado; una camilla sobre la que se sentía recostada, dentro de lo que parecía una nave espacial y, finalmente, era sometida a un análisis ginecológico y sus captores le introducían una sonda por cualquiera de sus fosas nasales.

Durante años creyó que estaba siendo víctima de secuestros por parte de alienígenas. Trató de informarse, así que a través de Internet y en innumerables libros leyó casos muy similares al suyo. Sin embargo, sus creencias se vinieron abajo en el transcurso de su última experiencia de abducción.

En un momento dado, recuperó el sentido, abrió los ojos y a su alrededor se encontró con una escena totalmente inesperada. No estaba frente a los icónicos «grises», seres de pequeño tamaño, cabeza enorme en forma de pera invertida y oscuros ojos negros de aspecto almendrado, sino que estaba ante unos hombres corpulentos y ataviados con unos uniformes negros. Uno de los intrusos gritó: «¿Pero qué ha pasado?», y todos empezaron a retroceder. Alison hizo el ademán de incorporarse del sillón en el que estaba recostada, pero uno de los individuos le indicó con la mano que se quedara donde estaba.

Cuando todos salieron por la puerta, nuestra protagonista se acercó corriendo a la ventana más cercana, desde donde observó cómo los hombres se introducían en un helicóptero negro que despegaba, a la vez que emitía un potente foco de luz que iluminaba el cielo y su propiedad. En la actualidad, Alison está convencida de que durante un lustro se convirtió en el «conejillo de indias» de alguna agencia federal o corporación que experimentó con ella diversas técnicas de control mental e incluso armamento no letal, haciéndole creer que era víctima de los desmanes de criaturas de otro mundo.

 

CONTROL ABSOLUTO

Algunos de los experimentos desarrollados por la CIA dentro del Proyecto MK-Ultra y otros posteriores se dirigían a estudiar cómo los sonidos, los colores o las imágenes de contenido agradable o desagradable podían influir en el cerebro de un individuo. Curiosamente, los extraterrestres también practicaban con los abducidos este tipo de ensayos. El investigador de abducciones David M. Jacobs escribe en su libro Vida Secreta que «las víctimas han informado también de procedimientos en los que se les han colocado aparatos en la cabeza o en torno a la misma. Alguno de estos artilugios parece que obliga a mover los músculos mayores de brazos y piernas. Otros hacen que la víctima vea colores vivos y figuras geométricas».

En su obra, el investigador también relata sorprendentes detalles de la abducción protagonizada por Karen Morgan: «La mujer declaró que, durante un episodio, los alienígenas la hicieron yacer en una mesa, y después uno de los seres pequeños se le acercó con un pincel de algún tipo y le pintó con un líquido marrón en el cuerpo, en amplias ringleras. Luego le colocaron unos aparatos semejantes a electrodos en los codos y en los muslos, y se le pidió que moviera brazos y piernas, cada cosa a su vez, mientras los seres o bien la observaban o bien medían algo».

Jacobs tampoco se explica por qué los alienígenas suelen mostrar a los abducidos en una pantalla imágenes terribles de guerras y destrucciones, en las que muchas veces aparecen personas que estos conocen, y en secuestros posteriores les enseñan estampas agradables, románticas y de contenido sexual.

El abducido Steve Thompson asegura que los alienígenas le colocaron un artefacto en la cabeza que le produjo tal dolor que terminó desmayándose. Precisamente, una de las finalidades del MK-Ultra era saber hasta qué punto una persona podía resistir el dolor provocado por electrodos aplicados a la cabeza.

En 1980, una mujer llamada Myrna Hansen, de 28 años, y su hijo de seis sufrieron un secuestro por parte de presuntos seres extraterrestres en una carretera de Cimarrón, en Nuevo México (EE UU). Ambos fueron sometidos a un examen médico.

A ella le introdujeron una sonda por la vagina, que días después le causo una infección. Posteriormente, los sometieron a un doloroso proceso que incluía ruidos atronadores y luces cegadoras. En un despiste de sus captores, Myrna echó a correr y entró a una habitación en la que distinguió enormes recipientes en los que flotaban partes del cuerpo de animales y personas. En otro momento del secuestro, la mujer observó a un ser humano que parecía ser el jefe de los extraterrestres.

 

EXPERIMENTOS CON HUMANOS

El Dr. Helmut Lammer es un geofísico que ha trabajado en numerosos proyectos espaciales para la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), aunque es conocido en el ámbito ufológico por MILABS: military mind control and alien abductions (MILABS: control mental militar y abducciones extraterrestres), libro en el que presenta abundantes evidencias de que agencias federales estadounidenses están llevando a cabo experimentos de control mental con individuos sin su consentimiento, empleando para ello la pantalla de los secuestros alienígenas.

 

 

En octubre de 2017 publicó un artículo titulado Nuevas evidencias de la participación de militares en secuestros, en el que da a conocer el testimonio de tres mujeres que durante años sufrieron constantes abducciones por parte de criaturas alienígenas, pero que recordaban una serie de escenas que en nada casaban con ese contexto, como ser obligadas a sumergirse en un tanque que contenía «un líquido tibio, más espeso que el agua». Cuando estaban a punto de ahogarse, se dieron cuenta de que podían respirar perfectamente dicha sustancia.

Dan Wright, director durante años del proyecto de recopilación de incidentes de abducción de la MUFON, también ha archivado infinidad de casos en los que los abducidos eran introducidos en tanques que contenían algún tipo de líquido. En tres de los mismos, sus protagonistas fueron obligados a respirar sumergidos en dicho fluido. También los abducidos Kim Carlsberg y James Austino, entre otros, afirman haber vivido esta experiencia. Austino incluso recuerda a una mujer con bata blanca que estaba ayudando a los alienígenas. Hace algunos años entrevisté a un contactado y abducido portugués llamado Carlos Cavalho, quien me confesó que los alienígenas lo habían introducido en un tanque con un líquido que se podía respirar.

 

OPERACIONES NEGRAS

En Vida secreta, David M. Jacobs afirma, refiriéndose a esta clase de experiencias de los abducidos, que el propósito de los extraterrestres es por el momento desconocido. Sin embargo, puede que no sorprenda tanto a varios científicos que llevan investigando sobre estas cuestiones desde los años 60. El doctor J. Kylstra, un psicólogo de la Universidad Estatal de Nueva York (EE. UU.) que trabajó para la Marina estadounidense, pensó que las soluciones saladas podían ser saturadas con oxígeno a alta presión.

Realizó experimentos sumergiendo a ratas en dicho fluido durante horas. Una vez en tierra firme, los animales llegaban a sobrevivir casi un día antes de fallecer. Desde entonces, se llevaron a cabo numerosos estudios sobre el asunto, buena parte de ellos en el más absoluto de los secretos y financiados por diversas agencias federales.

En marzo de 2017, la revista científica Phys.org publicó un artículo al respecto, en el que leemos: «La ventilación líquida (respirar un líquido en lugar de aire) ha sido durante mucho tiempo materia de ciencia ficción y, a pesar de los numerosos experimentos y de la posibilidad de emplear esta técnica para tratar traumatismos pulmonares o cardíacos graves y para buceo profundo y viajes espaciales, todavía no se entiende su funcionamiento». Actualmente, equipos de investigadores están trabajando con perfluorocarbono –líquido oxigenado–, sintetizado por primera vez en los años 20 y desarrollado durante la II Guerra Mundial.

Científicos han conseguido que un gato permanezca varias semanas con vida sumergido en este líquido, pero al volver a respirar oxígeno acabó falleciendo inmediatamente. En noviembre de 1996, varios diarios de Gran Bretaña accedieron a informes secretos que demostraban la implicación del Ministerio de Defensa de ese país en experimentos secretos con humanos durante los últimos cuarenta años, sobre todo en relación al efecto de las radiaciones en el organismo. Dos años antes, el Gobierno de EE. UU. desclasificó cientos de expedientes altamente confidenciales sobre unos ensayos muy similares. Al menos entre 1944 y 1975 se pusieron en marcha varias operaciones para probar en individuos desfavorecidos cómo reaccionaban ante la exposición a radiaciones, gas nervioso, LSD y diversos agentes biológicos.

Estas escalofriantes pruebas se llevaron a cabo incluso con niños en orfanatos, pero también con mujeres embarazadas, enfermos en hospitales y reclusos en cárceles. Más de 23.000 estadounidenses sufrieron graves dolencias y fallecieron a causa de estos inhumanos experimentos que se clasificaron en casi 1.400 proyectos diferentes.

Al mismo tiempo, la CIA regaba de millones y millones de dólares el ultrasecreto MK-Ultra, operación que tenía como objetivo aprender a manipular y quebrar la mente de un individuo. También miles de inocentes se vieron sometidos sin su consentimiento a pruebas que involucraban el uso de hipnosis, drogas y cámaras de aislamiento; el control de la mente a distancia a través de microondas; el estudio de la influencia de luces y sonidos sobre el cerebro; y un largo etcétera.

Ante la presión de los medios de comunicación y la opinión pública, en 1994 el entonces presidente de EE. UU., Bill Clinton, se dirigió a la nación en una alocución en la que pidió perdón en nombre de los anteriores gobiernos que habían consentido tales experimentos, y prometió que jamás se volverían a repetir tales hechos. El Congreso incluso creó una comisión de investigación ante la que testificaron decenas de víctimas de esos experimentos, muchos de ellos encaminados a obtener el control total de la mente de un individuo, incluso probando con los «conejillos de indias» el funcionamiento de implantes cerebrales.

A pesar de las buenas palabras de Clinton, numerosas informaciones muestran que dichos «proyectos negros» continuaron funcionando con otros nombres. Quizá dentro de unas décadas periodistas y activistas logren que el Gobierno desclasifique los informes en los que se describen tales operaciones.

EN EL QUIRÓFANO

Desde hace unos años, a un buen puñado de personas que decían ser víctimas de experimentos de control mental llevados a cabo por agencias de inteligencia, se les han encontrado pequeños implantes en el interior de sus cabezas. Es el caso de Jeannie Jones, una brillante socióloga que fue sometida desde su infancia a terribles experimentos de control mental. El Dr. Richard Thompson, que analizó las radiografías de su cabeza, escribió en su informe:

«La radiografía lateral muestra un extraño objeto implantado en el lóbulo temporal, directamente adyacente a las fosas nasales. Este objeto es probablemente un radiotransmisor que provoca problemas en la circulación de la sangre (…) Esto, de hecho, causa falta de oxígeno y reduce los nutrientes en esas áreas del cerebro, por lo que los cambios en la actividad neuronal son inevitables».

En una fecha tan lejana como 1983, el profesor P. A. Lindstrom, de la Universidad de California (EE. UU.), descubrió en las radiografías de Robert Naeslund, otra víctima del control mental, un extraño objeto alojado en la base del hemisferio derecho del cerebro. Otro caso interesante es el de Jhon Gregory Lambros, quien afirma que en Río de Janeiro fue secuestrado por agentes estadounidenses y brasileños que realizaron con él todo tipo de experimentos de control mental, implantándole finalmente un pequeño aparato en el cerebro. Años después del incidente, Lambros se sometería a una delicada operación en la que le fue extraído el implante.

A la vista de lo expuesto, no puede dejar de sorprendernos que uno de los denominadores comunes de los secuestrados por extraterrestres es que sus captores les colocan un implante a través de las fosas nasales o de la oreja. Pero no solo contamos con testimonios, sino que en varios casos también se hallaron en las radiografías cerebrales de estos abducidos pequeños objetos en el interior de su cabeza, pies, manos o espalda. Algunos de esos implantes incluso pudieron ser extraídos y analizados, como le ocurrió a una mujer brasileña llamada Carmen, quien desde marzo de 1990 venía recibiendo mensajes telepáticos de un «comandante extraterrestre» que se identificaba por el nombre de Defe.

Tras asistir a una charla sobre ufología, Carmen recordó que años atrás se había realizado unas radiografías de la cabeza en las que se podía apreciar un extraño objeto redondeado con un orificio en el centro, situado en la pared derecha del lado interno del cráneo. Sin duda, el fenómeno OVNI es una cortina de humo perfecta para que servicios secretos lleven a cabo experimentos con humanos sin su consentimiento…

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