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¡CUIDADO, NOS ESPÍAN!

Lunes 22 de Julio, 2013
Por David Martín

Los gobiernos manejan programas secretos de vigilancia, acceden a servidores que guardan datos privados o pinchan móviles y ordenadores, con el único objetivo de recoger hasta el más mínimo detalle sobre nuestras vidas. Como nos han recordado las recientes filtraciones del norteamericano Edward Snowden, en nuestro transitar por las nuevas tecnologías nos convertimos en «blancos» de organismos y sistemas que están dedicados a analizar cada dato que dejamos en la Red, lo cual les permite conocer hasta el más íntimo detalle de nuestras vidas y así controlarnos «preventivamente». Sin duda, la sociedad del Gran Hermano descrita por Orwell nunca ha estado tan cerca.
Mire en su bolsillo o sobre su mesa. De no hallarse en alguno de estos lugares, probablemente su teléfono móvil, tablet o portátil no estará mucho más lejos. Estas herramientas con conexión a Internet se han convertido en aparatos esenciales para estar informados, comunicarnos con nuestros allegados o intercambiar datos y archivos personales. Pero, ¿a qué precio?
De entre todos los titulares que en las últimas semanas han copado las principales cabeceras nacionales y extranjeras, el que quizá mejor retrata la actual situación sea el que informaba del repunte de ventas de 1984, la popular novela de George Orwell. El sentimiento de indefensión frente a la intervención en nuestras comunicaciones cotidianas a cargo de organismos superiores, se ha extendido como consecuencia de las recientes filtraciones de Edward Snowden, ex analista de infraestructuras de una empresa contratada por la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA). No obstante, ¿tenemos motivos serios para tal preocupación?
En la ya célebre entrevista que Snowden concedió a los periodistas Glen Greenwald y Laura Poitras, este incómodo wistleblower (soplón) señaló que determinadas personas tenían la potestad de decidir sobre actuaciones que, a todas luces, estaban fuera de la legalidad; como la intrusión en sistemas de redes informáticas que contuvieran datos privados de usuarios de todo el mundo. Pero, ¿a quién o quiénes se estaba refiriendo?

LO SABEN TODO DE NOSOTROS
Si de algo estamos seguros es de que la NSA y los servicios de inteligencia de otros países llevan años recopilando información sobre ciudadanos de todo el mundo de manera indiscriminada. Es la forma más eficiente, según han defendido todo este tiempo, de analizar potenciales peligros para la seguridad. Así, por ejemplo, la NSA recolecta datos de forma automática, los almacena por períodos de tiempo indefinido, filtra y analiza. En sus servidores podríamos encontrar desde nuestra información bancaria, hasta extractos de nuestras conversaciones telefónicas o nuestro correo electrónico. Y es que, de manera inconsciente, funcionamos como máquinas de generar y publicar información.

2012 fue el año en que smartphones y tablets invadieron nuestra vida diaria, convirtiéndose en aparatos imprescindibles para una mayoría. En ese año el uso de la mensajería instantánea –aplicaciones mediante las que nuestros mensajes viajan hasta el servidor de un tercero para, más tarde, ser redirigidos a su destinatario– aumentó un 31%, mientras que el de los clásicos SMS bajó un 21%. Además, la incidencia de los teléfonos inteligentes con conexión a la Red ha crecido tanto, que más de 17 millones de españoles usan estos dispositivos para navegar, acceder a redes sociales, gestionar su correo electrónico y realizar transacciones económicas. Si extrapolamos estos datos al resto del globo, nos encontramos con que existen más de 1.100 millones de teléfonos inteligentes en todo el mundo. Por lo tanto, resulta incuestionable afirmar que la mayoría de los jóvenes y adultos de los países desarrollados compartimos o manejamos de manera habitual información personal a través de la Red, y que este comportamiento encuentra cada día más vías para su propagación… (Continúa en AÑO/CERO 277).
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