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Ébola: ¿El arma definitiva?

Miércoles 21 de Mayo, 2014

Cuando tenemos noticia de un atentado terrorista, imaginamos un escenario catastrófico tras una enorme explosión. No obstante, éste no es el único medio –ni el más letal– para sembrar la destrucción. Buen ejemplo de ello lo constituye el uso criminal de microorganismos patógenos, conocido como bioterrorismo. el reciente brote del virus ébola ha vuelto a poner de actualidad el inquietante mundo de estos peligrosos agentes biológicos.

La primera vez que se tuvo constancia del virus Ébola fue el 26 de agosto de 1976 y en aquella ocasión mató al 85% de los infectados. El agente se identificó durante una epidemia en Yambuku, localidad situada junto al río Ébola, en la actual República Democrática del Congo (antigo Zaire). Se cree que el virus se originó en murciélagos y que éstos se lo contagiaron a monos, animales que sirven de alimento a parte de la población humana de varios países en esa región centroafricana.

Ya en humanos, el Ébola acabaría propagándose en la comunidad persona a persona, por contacto directo con órganos, sangre, secreciones u otros líquidos corporales de individuos infectados, de modo similar a como opera el VIH.

 

ASESINO SIGILOSO

El primer caso documentado fue el de un profesor de 44 años llamado Mabalo Lokela, quien acababa de regresar de un viaje por el norte del Zaire. Inicialmente fue diagnosticado como un caso de malaria, debido al cuadro de fiebre alta que presentaba. Fue tratado con quinina y, apenas una semana después, los síntomas se agravaron con vómitos incontrolables, diarrea sangrienta, mareos y dificultades respiratorias. Posteriormente empezó a sangrar por nariz, boca y ano, muriendo el 8 de septiembre de 1976, apenas 2 semanas después de la aparición de los primeros síntomas.

La enfermedad evoluciona rápidamente, en apenas una semana. Su signo más característico es una erupción que cubre el cuerpo del paciente, frecuentemente sangrante. Días después, los afectados mueren por choque hipovolémico; es decir, se produce tal pérdida de sangre que el corazón es incapaz de bombear la suficiente al resto del organismo. El periodo de incubación dura de 2 a 21 días.

Desde su descubrimiento se han registrado diferentes cepas de Ébola (Ébola-Zaire, Ébola-Sudán y Ébola-Tai Forest), causando epidemias con hasta un 60% a 90% de mortalidad. Los casos han sido registrados en la República del Congo, Costa de Marfil, Gabón y Uganda. Es tan mortífero que está considerado como uno de los 10 peores virus de la historia de la humanidad.

Además, es la principal causa de la mortandad de grandes simios en la reserva natural de fauna de Lossi, situada en el noroeste de la República del Congo, atacando principalmente a gorilas y chimpancés. De un censo de nidos que cubría una extensión de 5.000 km2, se cree que el virus Ébola mató a un total de 5.000 gorilas.

Y han aparecido varios brotes. Como el de 1989, que afectó sólo a macacos exportados a EE UU desde Filipinas; o diciembre de 1995, que afectó a Zaire; 1996 a Gabón; y desde 2001 a 2003 y 2007 a Gabón y República del Congo. En 2012 se reprodujo en Uganda y, recientemente, en Guinea-Conakry, Liberia, Sierra Leona y Malí, generando una alarma sin precedentes y cobrándose la vida de más de un centenar de personas sólo hasta abril de 2014.

Pese a su probable incubación en ciertas especies, el verdadero origen del Ébola es desconocido. La literatura médica afirma que no existe una familia viral con una historia semejante. Como posibles fuentes de contagio (reservorio del virus), se han barajado arañas,  garrapatas blandas, murciélagos y monos, pero no existe evidencia de campo o de laboratorio para incriminar a ninguna de ellas. Se cree que la existencia del virus es un desafortunado accidente natural, fruto de una «casualidad caprichosa»... Pero hay otras teorías… (Continúa en AÑO/CERO 287).

 

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