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Unión Europea: Del nazismo a la euroesclavitud

Martes 20 de Junio, 2017
Red House Report: En 1944 ya se planificó un IV Reich económico.
Enrique de Vicente

El 10 de agosto de 1944, tiene lugar una importante reunión en el Hotel Casa Roja de Estrasburgo. Asisten a ella representantes de las principales industrias alemanas con intereses en Francia. Les ha convocado uno de los máximos dirigentes de las SS. Su objetivo es dar los pasos necesarios que, en un futuro, permitan reemplazar la ocupación física de Europa por la ocupación económica controlada. En esos momentos han transcurrido dos meses desde que los aliados ocuparon Roma y desembarcaron en Normandía.

Los soviéticos han llevado a cabo una larga serie de contraofensivas que han obligado a las aguerridas tropas nazis a batirse en penosa retirada. Tanto los grandes financieros de los países aliados como las mentes más lúcidas dentro de la propia Alemania se preparan para un nuevo orden mundial. Es en ese contexto histórico cuando tiene lugar dicha reunión, que con toda seguridad es sólo la continuación de otras anteriores en Alemania. Porque si tenemos conocimiento de ésta, sólo es debido a que puede asistir a la misma un agente secreto francés. Así se explica en el Informe de Inteligencia Militar USA EW-Pa 128 que, con fecha 7 de noviembre de 1944, da cuenta de lo ocurrido en la misma. Hoy conocido como Red House Report, por el hotel donde tuvo lugar el encuentro, con pleno conocimiento del general Eisenhower el informe ha sido enviado desde la Embajada norteamericana en Londres a Cordell Hull, Secretario de Estado de EE UU, quien aparentemente lo clasifica como una fantasía. Asisten al encuentro representantes de importantes empresas como Volkswagen, Krupp y Messerschmitt, así como funcionarios de la Secretaría de Marina y del Ministerio de Armamentos Cualquier alemán bien informado y capaz de escapar a la hipnosis colectiva, sabe ya en esos momentos que la caída de los dioses nacional-socialistas está próxima. Por orden del Führer, cualquiera que exprese ideas derrotistas de este tipo sufrirá las iras de la Gestapo. Pero, sabiéndose protegido por Himmler que seguramente está detrás de este plan, el Obergruppenführer honorario de las SS Dr. Scheid habla alto y claro a los industriales, con quienes mantiene relaciones empresariales: «La industria alemana –recoge el Informe- ha de darse cuenta de que no se puede ganar la guerra. Y se deben dar pasos en la preparación para una campaña comercial de post-guerra. Cada empresario debe establecer contactos y alianzas con empresas extranjeras, pero esto debe hacerse de forma individual y sin atraer sospechas».

Scheid les insta a pedir prestadas sumas importantes a otros países después de la guerra, explotando las finanzas de las empresas alemanas ya utilizadas como tapaderas útiles para la penetración económica en el extranjero. Pone como ejemplos de firmas que han sido muy eficaces en la protección de los intereses alemanes en el extranjero a las Sociedades Zeiss y Leisa y a la Línea Hamburgo- Americana, proporcionando a los industriales asistentes sus direcciones en EE UU. Y las empresas norteamericanas Steel Corporation, Carnegie de Illinois, American Steel and Wire, etc. están obligadas a trabajar conjuntamente con Krupp, cuyos directivos son incondicionales del nazismo.

LOS INDUSTRIALES DEBÍAN FINANCIAR EL PROYECTO
Cuando la mayoría de los industriales abandonan el hotel, algunos mantienen otra reunión más íntima, presidida por el Dr.Bosse, del Ministerio de Armamento. Éste les explica cómo, pese a que saben que la guerra está perdida, la resistencia contra los aliados continuará hasta que se logre que éstos garanticen la unidad alemana, algo que obviamente no lograron. Los industriales deben «prepararse para financiar el partido nazi, que se verá obligado a pasar a la clandestinidad». Aparentemente, esto es algo que en las décadas siguientes se conseguiría mediante organizaciones como Odessa y otras.

«El gobierno –continúa el Informe– asignará a estos industriales grandes sumas de dinero para que establezcan en el extranjero una base segura para la posguerra. Las reservas financieras existentes en otros países deberán ser puestas a disposición del partido para que después de la derrota se pueda crear un fuerte imperio alemán (Reich)». La anterior prohibición de exportar capital, que se aplicaba con rigor en Alemania, es sustituida pues por una nueva política mediante la cual los industriales exporten la mayor cantidad de su capital que les sea posible, con protección del Partido.

Además, explicó Bosse, «se requiere que las grandes fábricas en Alemania creen de inmediato pequeñas oficinas técnicas o de investigación, que deben ser absolutamente independientes y no tener ninguna conexión conocida con las fábricas. Éstas recibirán planos de nuevas armas, así como documentos de investigaciones que deberán continuar y que nunca debe permitirse que caigan en manos del enemigo. La existencia de éstas ha de ser conocida sólo por muy pocas personas en cada industria y por jefes del Partido Nazi. Cada oficina tendrá un agente de enlace con el Partido. Tan pronto como el Partido se vuelva lo suficientemente fuerte como para restablecer su control sobre Alemania, a los industriales se les pagará por su esfuerzo y cooperación mediante concesiones».

Además de comprar propiedades agrícolas en Alemania, los industriales colocarán sus fondos especialmente en países neutrales. Esta exportación de capital se canalizará a través de dos bancos en Zurich, y a través de agencias suizas que comprarán propiedades en Suiza, a cambio de una comisión del cinco por ciento.

RECONSTRUIR LA ECONOMÍA ALEMANA
El Red House Report, al que ya había aludido en 1967 el cazanazis Simon Weisenthal en un libro, fue desenterrado de los archivos de inteligencia norteamericanos por el prestigioso cirujano e historiador Hugh Thomas. Lo citaba en SS-1: La improbable muerte de Himmler, donde sostenía que éste amañó su suicidio tras planificar desde 1943 el germen de un IV Reich fuera de Alemania, exportando las riquezas amasadas por las SS y los empresarios fieles.

El corresponsal y escritor inglés Adam LeBor tomó este Informe como punto de partida de su thriller El Protocolo de Budapest, donde la Unión Europea se revela como un superestado-fachada de una conspiración siniestra, que hunde sus raíces en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. «A medida que investigué y escribí la novela, me di cuenta de que algunos de esos planes se habían convertido en realidad», explica LeBor en el Daily Mail y prosigue así el análisis de la situación: Ya antes del Informe, varias voces prominentes habían denunciado esa posibilidad. A fines de agosto de1943, el embajador holandés en Washington, Dr. Alexander Loudon, había pronosticado que –tras una derrota que daban por segura– el mando militar alemán y los líderes nazis se ocultarían para preparar una próxima guerra. En 1944 el periodista Curt Riess dedicó un libro a defender que los nazis habían «pasado a la clandestinidad» secretamente en mayo de 1943, activando sus redes en Argentina y EE UU y planificando su futuro retorno, y proponía instaurar un nuevo orden en la Alemania vencida para impedirlo. Algo parecido había sostenido en enero Sumner Welles, antiguo asesor de Roosevelt, en su libro La hora de la Decisión, que vendió medio millón de ejemplares: modificar las fronteras de Alemania y dividirla en tres estados independientes que luego se integrarían en una organización europea. Un informe del FBI/OSS, escrito en noviembre por el senador Harley M. Kilgore, afirmaba: «Los agresores alemanes han comenzado a seguir la estrategia que usaron con éxito un cuarto de siglo atrás (al fin de la Primera G.M.). Están desplegando sus productos económicos en todo el mundo en preparación de un tercer intento de dominio mundial».

PROMINENTES NAZIS RENACIERON COMO DEMÓCRATAS
«El Tercer Reich fue derrotado militarmente –concluye LeBor–, pero poderosos banqueros de la era nazi, industriales y funcionarios públicos, pronto renacieron como demócratas, prosperando en la nueva República Federal de Alemania. Allí trabajaron para una nueva causa: la integración europea económica y política». Cabría suponer que personas como LeBor han hecho una montaña a partir de un grano de arena. Pero, antes y después de él, numerosos investigadores han reunido suficientes evidencias según las cuales al menos el objetivo esencial del plan nazi podría haberse llevado a cabo. Han sido reunidas y hechas públicas por grupos como la Fundación del Dr. Rath para la Salud que, desde hace décadas, libra una dura batalla contra el «cártel químico-farmacéutico-petrolero» multinacional, que según ellos hunde sus raíces en esta trama y lucha por frenar cuanto tenga que ver con la salud natural o las energías alternativas. Esta última ha luchado durante décadas para que se conozca la verdad, pagando anuncios en prensa internacional para publicar los resultados esenciales de sus investigaciones, al igual que lo hizo para denunciar los oscuros intereses económicos que se escondían tras la guerra de Irak y otros conflictos posteriores.

Para sustentar su tesis de que la verdadera causa de la Segunda Guerra Mundial fue económica, tras 60 años de silencio, rescataron y publicaron en internet los expedientes de los tribunales de Nuremberg contra IG Farben, el consorcio químico farmacéutico multinacional más grande en aquella época, que financió la subida al poder del Partido Nazi, sacó grandes provechos de las actuaciones de éste y cuyos responsables siguieron haciendo suculentos negocios después de la guerra. E hicieron públicos una serie de discursos y documentos de prominentes líderes nazis y fascistas donde éstos clamaban, ya desde 1949, por una Confederación Europea y por una reorganización del continente y de su economía, según detallan en el libro Las Raíces Nazis de La «UE de Bruselas».

EL CEREBRO ECONÓMICO DEL PLAN GOBERNÓ LA RFA
Las investigaciones de LeBor indican que el cerebro principal de ese plan podría ser un cuñado del Dr. Guth, jefe de la asociación oficial de industriales nazis, y fundador del Instituto para la Investigación de la Industria: el economista Ludwig Erhard, que en 1944 acabó un estudio sobre cómo debería realizarse la transición a una economía de posguerra tras la derrota de Alemania, algo muy peligroso. Pero había alguien muy poderoso que estaba de acuerdo con sus puntos de vista sobre la estabilización de la economía alemana después de la guerra y que le protegió hasta el momento en que fue ahorcado tras el juicio de Nuremberg, como responsable por el asesinato de 90 mil hombres, mujeres y niños en el frente oriental como comandante del Einsatzgruppe Dr. Otto Ohlendorf, jefe del SD, servicio de seguridad interna nazi y protegido de Himmler. Cuando, en el invierno de 1943, Ohlendorf fue transferido al Ministerio de Economía, aunque oficialmente su trabajo se centraba en el comercio de exportación, su verdadera misión era preservar el enorme imperio económico paneuropeo de las SS tras la derrota de Alemania.

RECUPERAR EL PODER MEDIANTE LA SUPRA-NACIONALIDAD
Tanto Erhard como Ohlendorf temían una hiper-inflación, como la que había destruido a la economía alemana en los años veinte, una catástrofe que habría devaluado mortalmente la riqueza subterránea de las SS.

Ambos estuvieron de acuerdo en que la prioridad de la posguerra era la rápida estabilización monetaria a través de una unidad monetaria estable, creada por una potencia ocupante. Ese sueño improbable se materializó con el marco alemán, introducido triunfalmente en 1948, con un éxito asombroso. Con una moneda estable, sólo tres años después de la guerra Alemania volvía a convertirse en un socio comercial atractivo, permitiendo a los consorcios industriales alemanes reconstruir rápidamente sus imperios económicos en toda Europa.

LeBor sostiene que la guerra había sido extraordinariamente rentable para la economía alemana: pese a los seis años de conflicto, los bombardeos aliados y los pagos de reparaciones de posguerra, en 1948 el capital social de activos era mayor que en 1936, gracias sobre todo al auge armamentístico. Erhard comprendió que la industria alemana podría ampliar su alcance a todo el continente europeo destrozado, a través de la entrega voluntaria de la soberanía nacional a un organismo internacional.

• Alemania y Francia –algunos de cuyos principales industriales estaban ya predestinados por el Informe a gestar un IV Reich– fueron los impulsores de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), primera organización económica supranacional, establecida en abril de 1951 por seis estados europeos, que se convirtió en precursora del Mercado Común Europeo.

• En 1957, los seis miembros de la CECA firmaron el Tratado de Roma, que estableció la Comunidad Económica Europea, liberalizando aún más el comercio y estableciendo instituciones supranacionales cada vez más poderosas, incluida la Comisión del Parlamento Europeo.

• Pero antes de que la CECA pudiera establecerse, tuvieron que ser perdonados los industriales nazis y reintegrados oficialmente en sus puestos los banqueros y funcionarios nazis declarados culpables por críme ne s de guerra. Algo que logró la amnistía promulgada por el Alto Comisionado de América para Alemania, John McCloy.

• Así fue como fueron liberados tras cumplir apenas tres años de prisión los dos industriales nazis más poderosos: Alfried Krupp de Industrias Krupp y Friedrich Flick, cuyo Grupo Flick era dueño de una participación del 40 por ciento en Daimler- Benz. Ello pese a que ambos habían sido figuras centrales en la economía nazi y sus empresas habían utilizado a cientos de miles de prisioneros en los campos de concentración como mano de obra esclava, haciéndoles que trabajasen hasta la extenuación o la muerte. Y a que Flick se mantuvo firme hasta su muerte en 1972, sin mostrar arrepentimiento por sus crímenes de guerra, negándose a pagar la más mínima compensación a sus víctimas y herederos, pese a su inmensa fortuna.

• La compañía Krupp pronto se convirtió en uno de los grupos industriales más importantes de Europa. Y el Grupo Flick también construyó un nuevo imperio empresarial paneuropeo. Lo mismo ocurrió con BMW, Siemens, Volkswagen y otras muchas empresas que habían explotado a esclavos y trabajadores forzados. 

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