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Bujaraloz: Encuentros con lo imposible

Lunes 25 de Septiembre, 2017
Una localidad situada en la comarca aragonesa de los Monegros es el epicentro de multitud de casos de apariciones de humanoides y extraños objetos voladores.
Por Mikel Navarro

A finales de agosto de 2012 regresaba a Pamplona en compañía de mi hijo después de pasar unos días de vacaciones en la provincia de Tarragona. Conducía un Skoda Fabia Combi, fiel «compañero» de aventuras investigando toda clase de asuntos relacionados con el misterio, mientras charlábamos distendidamente al tiempo que escuchábamos música con el volumen moderadamente bajo. Pero en esta ocasión, cuando circulábamos por la localidad aragonesa de Candasnos, muy cerca de Bujaraloz, sucedió algo inesperado. La música comenzó a perder potencia y el cuadro de mandos mostraba una intermitencia de luces nada usual.

Los indicadores parpadeaban en un baile de alertas que presagiaban un fallo eléctrico en toda regla.

Empecé a preocuparme seriamente cuando la dirección asistida del coche dejó de funcionar. Con no pocas dificultades logré girar el volante a mano derecha y entré en una «salvadora» estación de servicio. Cuando por fin conseguí aparcar, quité el contacto e intenté arrancar, pero me fue imposible.

«PARECÍA UN ZOMBI»
Afortunadamente disponía de un seguro de carretera que cubría esta clase de eventualidades, así que hice la pertinente llamada telefónica y no tardó en aparecer una grúa que remolcó el coche hasta un taller. Allí nos quedamos mi hijo y yo con el equipaje en tierra, esperando la llegada de un taxi que hizo acto de presencia en apenas cinco minutos. El trayecto se nos hizo ameno, pues durante un par de horas mantuvimos una entretenida conversación sobre fútbol, actualidad política y misterio. Resulta que el taxista comenzó a interesarse por estos asuntos «fronterizos con la ciencia» precisamente tras convertirse en testigo de un hecho anómalo en el mes de agosto de 2011.

No tuve que insistir para que empezara a narrarme su insólito encuentro: «Recuerdo que una calurosa tarde como la de hoy estaba en mi pueblo, Bujaraloz, paseando a mis perras Yuka y Kova por un camino rural a las afueras de la localidad. Atardecía y llevábamos un rato caminando, cuando a lo lejos vi aparecer a un tipo muy raro. Era muy alto, más que yo, y eso que mido metro noventa. Conforme se iba acercando, me llamó la atención su andar, muy extraño, como mecánico. Iba muy recto, parecía una tabla y se movía como un zombi. Estaba muy flaco y pálido y sus ropas parecían antiguas, de los años 60 o así. A pesar del calor que hacía, vestía una camisa de manga larga, pantalón y zapatos…

…Lo primero que me alarmó fue el comportamiento de las perras. En general son muy buenas y tranquilas, pero empezaron a ladrar y a llorar. Estaban muy asustadas y nerviosas. Como ese hombre se estaba aproximando a donde nos encontrábamos, sujeté a los animales para que no se le acercaran. El tipo pasó a mi lado y dijo algo que no entendí demasiado bien. Creo que me saludó y yo le respondí con un ‘buenas tardes’. Y entonces vi algo que me puso los pelos de punta. Me di cuenta de que sus zapatos eran muy elegantes y relucientes. Parecían de charol, como si se los hubiera limpiado en ese momento con betún. Pero eso era imposible porque al caminar por la zona, es inevitable que se levante mucho polvo. Se trata de un camino de tierra seco, así que siempre acabas con los zapatos manchados.

Siguió en dirección a Bujaraloz y desapareció a lo lejos. En ese pueblo pasan muchas cosas raras…».

El testimonio de Javier Enfedaque, que así se llama el testigo, encendió todas mis alarmas. Nos intercambiamos los números de teléfono y quedamos en vernos a finales de septiembre. En ese mes viajé a Bujaraloz y comencé a buscar más testigos de fenómenos extraños. Visité el lugar donde había sucedido el extraño encuentro y tomé las oportunas notas y fotografías.

Durante días entrevisté a un buen puñado de vecinos que habían protagonizado encuentros con lo desconocido. Algunos quisieron hablar, pero otros prefirieron guardarse para sí sus experiencias.

Una mujer que quiso preservar el anonimato me contó lo que sigue. Circulaba en automóvil acompañada por su marido, cuando al pasar por delante de la ermita de la Virgen de las Nieves, vieron a un señor ataviado con ropas de aspecto antiguo y nada acordes con la época del año. Era pleno julio y vestía demasiado abrigado, con un jersey y un pantalón grises. Les sorprendió enormemente que el hombre, de unos 50 años, iba encorvado y con los brazos hacia adelante, persiguiendo a una esfera de luz que flotaba a un par de palmos del suelo. De pronto, tanto el ser como la bola giraron en semicírculo y desaparecieron delante de los testigos en un abrir y cerrar de ojos, como si se hubieran desmaterializado. El marido de mi informante salió de inmediato del coche para buscar al «intruso», e incluso profirió un grito para llamar su atención. No obtuvo respuesta. Cuando inspeccioné el lugar de los hechos, comprobé que era imposible que alguien pudiera huir sin llamar la atención de los testigos. Sólo localicé un seto de medio metro de altura delante de la iglesia. Alguien podría ocultarse detrás, siempre agachado, pero mi informante y su esposo necesariamente tendrían que haber observado el desplazamiento del extraño ser y la esfera luminosa.

HUMANOIDES FRENTE A UNOS CAZADORES
Durante mis pesquisas en Bujaraloz me encontré con más testigos de encuentros con extrañas entidades. Me alojaba en un hostal-restaurante llamado La Parrilla, situado junto a la Nacional II, precisamente en una zona por la que circulan abundantes camiones y vehículos pesados y donde tienen lugar muchos accidentes.

De hecho, es considerado un punto negro en las carreteras españolas. Eduardo Martínez, propietario del restaurante, había escuchado infinidad de relatos de camioneros que se habían topado con lo insólito a su paso por el desierto de los Monegros –Bujaraloz pertenece a la comarca del mismo nombre–. Se acordaba especialmente de uno que le había contado cómo una luz de muchos colores lo había perseguido unos cuantos kilómetros.

Pero Eduardo también vivió un hecho extraño: «Vi en el cielo una luz blanca del tamaño de un balón de baloncesto. Se quedó quieta, luego subió y se fue muy deprisa por detrás del bar. Se empezó a mover muy despacio, así que me dio tiempo a avisar a mi hermano que también la pudo observar».

Otro vecino comentó que una noche vio una esfera luminosa que se posó en la piscina del pueblo y luego ascendió muy deprisa hasta desaparecer. También recogí el caso de unos cazadores que contemplaron un resplandor en el bosque cuando quedaba poco para amanecer. Al acercarse, sorprendieron a dos figuras humanoides de gran tamaño y que se encontraban estáticas en torno a una gran bola de luz que estaba en el suelo. Se llevaron tal susto que echaron a correr y uno de ellos perdió su escopeta. Regresó por el arma bastante tiempo después. La pudo recuperar, pero no halló ni rastro de aquellos dos seres ni de la gran esfera. También me narraron el caso de un todoterreno que fue perseguido por lo que los testigos describieron como un «helicóptero silencioso».

Se trataba de un extraño artefacto que emitía luz.

Lee el reportaje completo en el nº296 de la revista AÑO CERO

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