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La casa del pirata

Miércoles 30 de Enero, 2019
Siempre hay casas que guardan secretos. Tal es este caso. "La casa del Pirata” no deja indiferente a los que se adentran en su interior, ni por su particular arquitectura ni por las leyendas que la acompañan desde antaño. Fede Padial.

La leyenda habla de una pareja de enamorados sin recursos para casarse. Él embarcó hacia las Américas con la idea de volver con riquezas.

Pero la noticia del naufragio del barco donde viajaba llenó de pena a su amada, pese a que nunca perdió las esperanzas. Y regresó. Rico, y confesándole a ésta que había naufragado en una isla y había conseguido hacer fortuna como pirata. Además, tenía más riquezas al otro lado del mar.

Pero ella, temerosa de perderlo, no dejó que se fuera. Tanto anhelaba el mar el pirata que su mujer mandó construir una casa que se asemejara a un galeón desde la que pudiera ver el océano. Pero la tragedia golpeó en su puerta. Ella murió y el pirata la enterró en la casa rodeada de oro. Una noche unos ladrones intentaron saquear la tumba y el marino les dio muerte.

LA HISTORIA
Eso dice la leyenda. En realidad, se trata de la casa de un rico comerciante, decorada con aires marinos, con su salón de baile dominado por un impresionante fresco. La casa quedó reflejada en la acuarela del pintor Adrien Dauzats titulada Calle de los Doblones (1835), que puede verse en el Louvre.

Accedemos a su patio y subsuelo de la mano de Eugenio Belgrano. Este espeleólogo defensor del patrimonio gaditano es el responsable de apostar por poner en valor enclaves como éste, concretamente la parte subtárranea de la vivienda, ofreciendo visitas guiadas para todo amante de la historia.

Eugenio nos cuenta parte de los misterios y leyendas que se cuentan sobre la vieja casa: La gente mayor siempre ha relacionado la vivienda con historias de fantasmas. Se decía que la planta baja albergó una fábrica de ataúdes. Hablamos de un edificio del siglo XVII o XVIII, en el que su antiguo dueño parecía obsesionado con la seguridad, pues encontramos numerosos pasadizos y estancias secretas en su interior.

La parte subterránea es una fresquera o almacén y un aljibe, los cuales posiblemente fueron reutilizados de una construcción anterior; incluso podría ser una antigua cripta. Con estos suculentos datos y una extraña sensación, bajamos las angostas y húmedas escaleras de la fresquera, donde montamos nuestro centro de experimentación y pasamos una noche que nos deparó más de una sorpresa.

LA FRESQUERA Y EL ALJIBE
Lo primero que nos llamó la atención de su interior son los grafitis de época que encontramos: en el lado oeste, una cruz paté; al este, un hexagrama; en el lado sur, una gran esvástica. Ignoramos quién y por qué deja aquellas marcas en sus paredes, pero resultan de lo más inquietante.

Encontramos los depósitos donde se guardaba el grano, óleos y vino y otra angosta escalera nos condujo al gran aljibe. Comenzamos el experimento en busca de posibles anomalías. En esta ocasión nos acompañaban el doctor Ángel Benítez y Eugenio Belgrano. El protocolo fue el habitual: barrido fotográfico, barrido térmico y búsqueda de fluctuaciones magnéticas mediante un teslámetro. Tras dos anomalías en el aljibe, me reservé en ese momento su ubicación para no condicionar al grupo. 

23.20 h: La tapa de una de las cámaras se abre al mismo tiempo que uno de los medidores EMF salta.

23.29 h: Inicio de prueba parafónica, pequeñas incursiones a partir del minuto 1,28 sin que sean entendibles.

23.50 h: Anomalía en un barrido fotográfico; aparece un aro luminoso, posible incidencia luminosa en la lente.

23.52 h: Los medidores electromagnéticos se disparan y se produce un descenso brusco de temperatura.

23.57 h: Segunda prueba parafónica, pequeñas mimofonías tras las preguntas tipo, acompañadas de lo que todo el grupo identifica con sonidos de pisadas y golpes a nuestro alrededor, sin que advirtiéramos un origen posible.

00.07 h: Los dispositivos de medición muestran positivos.

00.25 h: Decidimos realizar una prueba de aislamiento controlado en el aljibe.

Como nos interesaba una opinión médica ante esta prueba, el doctor decidió hacerla, manteniendo el contacto vía walkie con el exterior, adonde nos desplazamos todo el equipo. Desde el exterior pudimos escuchar cómo Ángel iba relatando la experiencia como si de un diagnóstico médico se tratase: “Sensación de vigilancia. Golpes. Constantes ruidos en la parte superior que corresponde a la fresquera y se encuentra vacía y controlada durante todo el aislamiento. Sonido de arrastre sobre el suelo, erizamiento del vello y sonido de gotas de agua se suceden de manera habitual. Cámbios drásticos de sensaciones”.

Advierte que algo parece haberse movido a su derecha –punto donde registré la anomalía electromagnética y se halla una vieja cama–. La sensación de sentirse observado se reitera, y se producen una serie de golpes. Desde el exterior le comunico que intente que se reproduzcan los golpes realizando series de uno, dos y tres golpes.

Ante la sorpresa de todos, los golpes parecen tener respuesta. Un golpe es respondido con otro, dos con otros dos… Tras 10 minutos dimos por finalizada la prueba de aislamiento y procedimos a su debate. El asombro embargó a todo el equipo y nos vino a la mente el fenómeno RAPS – golpes de origen desconocido que parecen interactuar con la persona– y la historia de las hermanas Fox.

00.43 h: Segunda prueba de aislamiento, que realizo personalmente. Ninguna sensación, más allá de la agudización de los sentidos que se produce en estos experimentos.

Lógicamente intenté reproducir el efecto de los golpes y ante mi sorpresa aquellos sonidos parecían responder a los míos, llegando a sobresaltarme uno fuerte que procedía del rincón donde se situaba la desvencijada cama. Mismos ruidos en el piso superior que en la anterior prueba. Procedí a provocar el fenómeno con frases imperativas: los golpes se produjeron de manera tan clara que el equipo me preguntó desde el exterior si era yo quien los había producido.

Tras un buen rato, un gran estruendo metálico procedente de la fresquera nos sobresaltó de nuevo. Tras el análisis de los audios, destacamos varios cortes: Durante el aislamiento de Ángel se recoge una voz femenina que parece decir “estoy en la cama”; en la prueba que realiza quien esto suscribe, aparecen dos incursiones que interpretamos como “él sí la ve” y “fuera”, esta última durante mi salida del aljibe y una vez finalizado el experimento. Sin duda, la casa gaditana del Pirata es un lugar que volveremos a visitar para intentar resolver las muchas dudas que se nos presentaron durante nuestra investigación in situ.

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