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Casas sangrantes

Jueves 05 de Octubre, 2017
Escasamente conocido, se trata de uno de los fenómenos más inquietantes en el ámbito de lo paranormal
Mado Martínez

Sucedió el 8 de septiembre de 1987 en el 1114 de Fountain Drive, Atlanta, Georgia. La señora Minnie Winston, de 77 años, había decidido darse un apacible baño aquella noche. Fue al salir de la bañera, poco antes de la medianoche, cuando se dio cuenta de que el suelo estaba manchado de sangre. Alarmada, salió del baño a toda prisa, solo para comprobar que también había sangre en la cocina, el salón, el dormitorio y los pasillos. Entre las cosas que se le pasaron por la cabeza, lo primero que pensó fue que le había ocurrido algo a su marido, el señor William Winston, de 79 años, quien estaba enfermo del riñón y acudía a diálisis regularmente. Le llamó y, tras comprobar que estaba bien, hablaron sobre qué podía estar pasando en aquella casa alquilada que había sido su hogar durante 22 años.

Lógicamente, avisaron a la policía. Cuando llegaron los agentes, William les dijo: «Yo no estoy sangrando. Mi esposa no está sangrando. Y aquí no hay nadie más». Lo primero que hicieron las autoridades fue examinar la sangre en un laboratorio.

Los análisis mostraron que se trataba de sangre humana perteneciente al grupo 0, pero ni el señor ni la señora Winston tenían ese grupo. Los exámenes médicos constataron que la sangre de ambos era del grupo A.

El caso era tan extraño que atrajo la atención de periodistas y curiosos, que no dejaban de llamar por teléfono y tocar a la puerta. La señora Winston empezó a perder la paciencia: «No sé de dónde salió toda esa sangre, y estoy cansada de que la gente me agobie con sus preguntas. Si viene una sola persona más a preguntar, no pienso abrir». Era la forma en la que la señora Winston trataba de eludir a los fisgones, pero lo cierto es que aquella mujer no parecía tener ni idea de lo que estaba pasando y estaba tan desconcertada como los demás. Al menos, que sepamos, no volvieron a aparecer más manchas de sangre.

Larry Howard, jefe de laboratorio que analizó la sangre, tampoco tenía claro qué había pasado: «Podría tratarse de un homicidio… o de un montaje». Obviamente, la preocupación de la policía era averiguar si allí se había producido un asesinato. El detective Steve Cartwright dijo que no habían encontrado huellas de un crimen. Aun así, tampoco creían que se tratara de un montaje, según declaraciones de la portavoz policial Marion Lee: «Si la policía creyera que se trata de un fraude, no lo estaría investigando». Al día siguiente, Horace Walker, lugarteniente de la policía, reconocía que se encontraban en un callejón sin salida: «Continuaremos con una investigación de rutina y, si descubrimos que no se ha cometido ningún crimen, abandonaremos el caso». Al preguntarle si podría tratarse de un montaje, no descartaba la posibilidad, pero aún así, había algo raro en todo aquello, tal y como reflejaban sus declaraciones a The New York Times: «Podría tratarse de un montaje, pero lo que más me preocupa es que no tenemos ninguna respuesta».

Lee el artículo completo en el nº326 de la revista AÑO CERO

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