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Conocidos médiums escribieron al dictado de autores fallecidos

Viernes 13 de Octubre, 2017
¿Pueden los muertos escribir novelas, obras de teatro y poemas? Algunos médiums decimonónicos se convirtieron en sujetos dignos de estudio parapsicológico, debido a su gran habilidad para escribir en trance obras de indudable calidad literaria. ¿Qué se esconde detrás de ellas? ¿Se deben a seres desencarnados como afirman los espiritistas? ¿Proceden de la mente subconsciente del propio escritor? ¿Tal vez se trata de información obtenida mediante percepción extrasensorial?
Isabela Herranz

Hablar de la literatura de los muertos nos lleva a hablar de escritura automática, un acto que tiene lugar en un estado alterado o disociado de conciencia y que, a tenor de los casos que mejor se conocen, a veces produce unos resultados tan sorprendentes que parece imposible que se deban a la habilidad o al conocimiento ordinario del escritor.

Por ello, el movimiento muscular inconsciente de esta forma de automatismo se ha atribuido con frecuencia –sobre todo en la época dorada del espiritismo (aprox. 1850-1940)– a una dirección sobrenatural. Sin embargo, en los anales de la psicología hay registrados casos que no parecen tener mucho que ver con los espíritus. Recordemos a Anna Windsor, una histérica que, cuando en 1860 experimentaba brotes de delirio, empezaba a escribir de forma automática con la mano derecha a la que llamaba Stump, una personalidad independiente que escribía poemas y prosa mientras que la mano izquierda hacía otras cosas.

UN CASO EXTRAORDINARIO
Tan extraordinario es este automatismo que los médiums decimonónicos se lo «apropiaron» como el mejor medio para comunicarse con los muertos, en vez de utilizar el laborioso método del golpeteo (rapping) o la plancheta precursora de la ouija, que tantas «obras literarias» facilitaría luego. Como aquí nos interesa fundamentalmente analizar tanto el fenómeno como las obras obtenidas mediante este automatismo tan extraño, empezaremos mencionando el caso de Patience Worth, un ser desencarnado que se manifestó a través de un tablero de ouija en 1913 a la norteamericana Pearl Curran (1883-1937), un ama de casa de San Luis. Su fama no se debe a que su caso haya sido uno de los más estudiados en la historia de la parapsicología por las implicaciones que tiene, sino también por la inmensa producción literaria que Curran canalizó: «Las comunicaciones de Patience Worth llegaban en una variedad de formas: conversaciones cargadas de ingenio y sabiduría, epigramas y máximas; poemas a cientos; parábolas y alegorías; historias de un carácter semidramático y dramas», explicaba Casper Salathiel Yost (1864-1941), editor del St. Louis Globe-Democrat, en su estudio Patience Worth, un misterio psíquico (1916).

Aunque Yost no era espiritista, asistió a diversas sesiones invitado por Curran y, tan impresionado se quedó, que decidió convertirse en editor de sus obras y en defensor de la canalización de los espíritus. Al contar con el apoyo editorial de Yost, Curran no tardó en hacerse famosa, ya que el material canalizado (y luego editado) transmitido fue inmenso: 2.500 poemas, relatos, obras de teatro y, sobre todo, seis novelas largas con diferentes tramas históricas. En total, cuatro millones de palabras en cinco años, que dieron lugar a 29 volúmenes. Sus obras disfrutaron de gran éxito comercial y de crítica, sobre todo las dos primeras: The Sorry Tale (un poema épico de 300.000 palabras sobre la vida de Jesús, que tardó más de dos años en ser dictado a través de la ouija) y Hope Trueblood, situada en la Inglaterra victoriana.

EN INGLÉS ANTIGUO
El análisis de los escritos de Worth,
efectuado por expertos, ha confirmado la autenticidad de los datos históricos de los diferentes periodos que recogen, además de estar bien construidos formal y argumentalmente. Sin embargo, sigue habiendo controversia respecto a la personalidad real de Patience Worth. Aunque ofreció datos sobre su identidad y origen, no se ha encontrado documentación que confirme que alguien con ese nombre viviera en la región inglesa de Dorset hacia finales del siglo XVII, ni su nombre figura en las listas de pasajeros que zarparon entonces rumbo a EE UU, se asentaron allí y, en casos supuestos como el de Patience Worth, murieron asesinados por los indios.

Algunos expertos mantienen que Curran, aunque apenas tenía educación, simplemente canalizaba material de las profundidades de su inconsciente o de una memoria humana colectiva. El vocabulario utilizado por Worth contenía un elevado porcentaje de inglés antiguo (hasta un 90% en algunos relatos), mucho más alto que el encontrado en cualquier escrito inglés posterior al siglo XIII. Eso hace muy improbable que una persona de la Inglaterra rural del siglo XVII utilizara tal lenguaje. En cambio, otros creen que Worth era de verdad un ser desencarnado con una predisposición literaria que, siglos después de su muerte, fue capaz de expresarse creativamente. Hace varias décadas, el filósofo y parapsicólogo norteamericano Stephen E. Braude estudió el caso y llegó a la conclusión de que el talento literario de Curran había sido ahogado por su madre, de modo que su subconsciente lo sacó a la luz a través de Patience Worth mediante alguna forma de percepción extrasensorial para obtener información con la que construir sus historias. La consideración de que era una creación ficticia de Curran es compartida por numerosos psicólogos actuales, así como escépticos. Junto a las modernas investigaciones de Braude, podrían citarse como esenciales las de Rodger Anderson (2006), Robert Goldenson (1973) y Karen Stollznow (2014).

En su obra Language Myths, Mysteries and Magic, Stollznow señala que «Worth fue un fantasma inglés del siglo XVII, pero según el filólogo Shelling, hablaba una mezcla de lengua de Shakespeare simplificada y, curiosamente, el dialecto contemporáneo de San Luis que hablaba Curran. Algunos creen que Curran sufría un trastorno de disociación de la identidad y que Patience Worth era otra personalidad de Curran ». Más crítico si cabe se mostraba el psicólogo Richard Wiseman en su obra Esto es paranormal (2011), al señalar que «desgraciadamente para el espiritismo, los escritos de Curran no aportaron pruebas convincentes de la vida de ultratumba… La defensa de la autenticidad de la obra no se vio favorecida por el hecho que de que Patience escribiera una novela ambientada en la época victoriana, unos 200 años después de su propia muerte. Al final, hasta el más ferviente de los creyentes se vio obligado a concluir que las extraordinarias creaciones de Pearl Curran tenían muchas más probabilidades de obedecer a una explicación natural que sobrenatural».

Lee el texto completo en el nº326 de la revista AÑO CERO

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