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ELÍAS: EL PROFETA «NO MUERTO»

Miércoles 22 de Febrero, 2012
AÑO/CERO

Juan José Sánchez-Oro Rosa

Venerado por judíos, cristianos y musulmanes, Elías acumula en su biografía tantos hechos extraordinarios como ningún otro personaje bíblico. Adivinó el futuro, resucitó muertos, multiplicó alimentos, abrió las aguas con su manto, fundó una escuela de profetas y, finalmente, ascendió a los cielos en vida sobre un «carro de fuego» enviado por Yahvé. Este hecho ha generado no pocas polémicas, pues muchos están convencidos de que dicho pasaje bíblico describe la primera abducción OVNI de la que tengamos noticia…
El nombre de Eliahu o Elías significa «Yahvé es Dios». Las Sagradas Escrituras lo presentan como un personaje de carne y hueso; un simple mortal que irrumpe por sorpresa en el primer Libro bíblico de Reyes. Nada se aclara sobre sus padres o su infancia y muy poco sobre su procedencia. El texto simplemente dice que nació en Tisbe en torno al siglo IX a. C, y es descrito como alguien humilde y solitario, de indumentaria modesta y con predilección por habitar en cuevas, junto a los arroyos o en los rincones más recónditos del desierto. Este comportamiento era en sí mismo una denuncia contra los sacerdotes de la época, demasiado refinados, politeístas y cautivados por los rituales idolátricos. Los exégetas posteriores considerarán a Elías miembro de una familia sacerdotal, aunque el único indicio al respecto lo hallamos en que solía ofrecer sacrificios a Yahvé.

Según la Biblia, en la época del profeta el reino hebreo estaba dividido en dos: la monarquía de Judea, con capital en Jerusalén, y la de Israel, más al norte, con capital en Samaria. Elías vivió en el segundo, donde reinaba Acab, a quien advirtió de que debía acercarse a la fe verdadera de Yahvé, pues en caso contrario su patria sufriría tres años de sequías y padecimientos. Acab se había casado con Jezabel, de origen cananeo e hija del gobernante de Sidón. Debido a la influencia de su esposa, que la Biblia juzga como perniciosa, había potenciado el culto a dioses como Baal o Astarté, además de introducir en el país a sacerdotes extranjeros, arrinconado e incluso eliminado a los viejos profetas de Yahvé… (Continúa en AÑO/CERO 259).

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