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KALASH: LA TRIBU PERDIDA DE ALEJANDRO MAGNO

Martes 21 de Agosto, 2012
Eva Parey

Los kalash, etnia ancestral única en el mundo, resisten al islam aislados en tres valles al norte de Pakistán, al pie de la cordillera donde –según dicen– habita el barmanu o yeti. Su idiosincrasia, regida por un universo animista, contrasta con las costumbres arraigadas en aquella parte del mundo. También conocidos como kafires –no creyentes, en persa–, su origen constituye un enigma apasionante, probablemente conectado con el mismísimo Alejandro Magno. Poblados por criaturas misteriosas, los rituales kalash son una mezcla de espiritualidad y paganismo.
Resguardados por las montañas del imponente Hindu Kush, al noroeste de Pakistán, los kalash o kafires han subsistido a duras penas en un entorno hostil, con fuerte presencia talibán, manteniendo contra todo pronóstico una cultura en las antípodas del islam, basada en el chamanismo, con influencias netamente pre-védicas y adorando a un sinfín de dioses.

A finales del siglo XIX, Kafiristán –País de los Infieles, en persa– era un reino cuasi mítico, perdido más allá de los confines del Himalaya, en el nudo del Pamir. Tal vez por ello, el escritor Rudyard Kipling lo eligió como escenario de una de sus novelas más celebradas, The man who would be king (El hombre que sería rey), que alcanzó aun más popularidad tras ser llevada al cine, en 1975, por John Huston. Así, gracias al filme El hombre que pudo reinar –como se tituló en España–, muchos acertaron a situar a Kafiristán en el mapa.

La «Línea Durand», trazada en 1895 por la colonia británica para proteger a la India de la hegemonía rusa, dividió a los kalash entre la India británica –posteriormente Pakistán– y Afganistán. Fue esta última nación la que expulsó a los kafires de sus asentamientos tradicionales, renombrando sus tierras como Nouristán o «País de la Luz», por dar cobijo a los conversos al islam.

Desde entonces, los kalash, que sumaban una cifra cercana a los 100.000 individuos, se han visto reducidos hasta los 3.500 actuales, exiguo número que parece condenarles a una más que probable desaparición –si no se toman medidas para evitarlo–. Hoy resisten como pueden al sur de la localidad pakistaní de Chitral, en tres valles de muy difícil acceso: Rumbur, Birir y Bumburet.

Hasta hace bien poco, la región chitralí era tierra de tribus y de mehtares, príncipes gobernantes que exigían tributo a los kalash a cambio de protección. Si en 1947 la India fue dividida en dos, constituyéndose Pakistán en morada natural de los musulmanes, no fue hasta 1969 que Chitral fue adscrita oficialmente a esta última nación, quedando los kafires –hasta aquel momento autogestionados pero a la sombra de los mehtares– amparados por la constitución pakistaní como minoría religiosa, preservando intacta su idiosincrasia… (Continúa en AÑO/CERO 265).


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