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La partitura del diablo

Viernes 30 de Junio, 2017
Vinculados con las notas musicales, ciertos símbolos disimulados en la iconografía medieval nos remiten a cultos heréticos.
Jesús Ávila

En pleno corazón del Maestrazgo, a 130 km de la ciudad de Teruel, acurrucado entre montañas y profundos barrancos, se ubica Bordón, uno de los pueblos más enigmáticos de la geografía española, cuya iglesia parroquial, una especie de capilla Rosslyn hispana, presenta una asombrosa riqueza en símbolos relacionados con los mitos medievales, algunos de los cuales, con la apariencia de notas musicales, supusieron toda una prueba para los iniciados en los saberes del Temple. Llamativamente, estas notas demoníacas también aparecen representadas en otras iglesias medievales, como veremos a continuación.

En pocos lugares del occidente europeo coinciden en un mismo enclave sagrado cinco puntos de energía, cuyos vórtices, en dextrógiro (es decir, en giro de derecha a izquierda), se localizan en espacios próximos y muy concretos del interior del templo. La iglesia de Bordón los tiene, y con una intensidad de 19.500 unidades Bobis cada uno. Lo que se traduce en que cualquier visitante «sensible» se sobrecogerá nada más acceder al interior de esta singular iglesia.

Pero antes de abordar la relevancia esotérica de esta ermita, queremos explicar al lector la naturaleza de estos elementos, que gravitan sobre la energía telúrica del lugar.

Muchas personas se sorprenden de que el catolicismo sea la única religión carente de variantes esotéricas. Los místicos que optaban por algunas de las ramas ocultas solían resultar marginados de la comunidad, enterrados en oscuras galerías o perseguidos sin piedad. Pese a ello, en ciertos enclaves, que sólo los magos templarios conocían bien, se levantaron espacios secretos propicios al trance místico. En este sentido, la iglesia de Bordón resulta paradigmática.

La primera etapa para lograr ese estado de conciencia alterada era relativamente sencilla. Solía comenzar con una relajación profunda. La siguiente, la partida del «viaje», era más compleja.

Sabemos que en algunas religiones y culturas se utilizan sustancias alucinógenas. Sin embargo, otro de los disparadores de este trance es la utilización de sonidos. Existen determinadas frecuencias audibles que pueden desatarlo. Además, dichas escalas o repeticiones tienen otra particularidad: pueden materializarse en forma de «figuras sonoras». ¿Cómo es posible?, se preguntará el lector. La clave la proporcionó el físico alemán Ernst Chladni (1756-1827).

Considerado el fundador de la acústica, Chladni demostró que es posible visualizar sonidos. En uno de los experimentos que le hicieron célebre, dispuso una placa metálica sobre la que esparció un polvo fino. Al aplicar ondas sonoras en dicho material, la placa vibraba, desplazando las partículas de polvo, debido al efecto gravitatorio, desde las zonas de máxima vibración a las de vibración nula. Así, en la placa comenzaron a formarse figuras que respondían a patrones sonoros concretos.  

Pues bien, precisamente en el interior de la bóveda de la iglesia de Bordón, enfrente mismo de la puerta de entrada al templo, aparece una sugerente representación, imagen que podría estar relacionada con las conocidas como «figuras sonoras de Chladni».

Órgano maléfico
Al igual que sucede en la capilla escocesa de Rosslyn, dicha imagen nos ofrece una pista acerca de cómo debemos interpretar estos símbolos pictóricos. Si bien en Rosslyn la clave la proporciona un ángel, en la más modesta iglesia de Bordón lo hace una santa (concretamente santa Cecilia, patrona, inspiradora y protectora de los músicos, cuya fiesta litúrgica se celebra el 22 de noviembre), marcando las notas sentada ante un órgano.

Aunque lamentablemente el instrumento de Bordón no se ha conservado, algunas referencias y documentos guardados en los archivos municipales nos invitan a suponer que éste era de grandes dimensiones. Por una parte, se menciona que eran necesarias cuatro personas para hacerlo funcionar. Por otra, habida cuenta la amplitud de la iglesia, se cita que éste ocupaba prácticamente todo el espacio sobre la hornacina que aún alberga la pila bautismal, a continuación del coro y en el lado del Evangelio.

Todo ello confirmaría la singular relevancia que pudo tener el órgano de Bordón, al objeto de producir estos sonidos, notas que habrían hecho posible la misión que debían cumplir los caballeros aspirantes. Imaginemos a un grupo de monjes –freires del Temple– en el interior de la iglesia, apoyados en sus reclinatorios y absortos en la sagrada atmósfera del templo, fuertemente aromatizada por el incienso, mientras sus oídos comienzan a percibir los sonidos del órgano. De repente, el instrumento transmite una nota larga y potente, que envuelve a todos los presentes, probablemente ya sumidos en una profunda meditación…

Pero, ¿conocían los oficiantes del Temple los procesos que describió Chladni? Un vistazo a la imagen que aparece representada tanto en la bóveda como en las paredes interiores del templo podría inducirnos a pensar que sí.

MIEDO AL SALTO
El investigador turolense Sergio Solsona Palma fue el primero en llevar a cabo esta demostración, y a él le debemos los espectaculares resultados que ponderamos aquí y que podrían aplicarse a otros lugares sagrados, en donde aparecen figuras geométricas que guardan una estrecha similitud espacial dentro de un cuadrado, como es el caso de la decoración que domina los interiores de la iglesia parroquial de Araós, en la Vallferrera (Pallars Sobirà. Lleida). Ya sabíamos que estos sonidos favorecen la meditación, abriendo una ventana en las mentes de los devotos. Pero estas imágenes, cuya aparente simplicidad eludía el escrutinio de la Inquisición, cobraban un significado bien distinto para los conocedores de los arcanos ocultos.

Pero, ¿por qué se realizan estas pinturas a comienzos del siglo XVIII? ¿Por qué correr el riesgo de que los esbirros –exploratores y vigoleros del Santo Oficio– advirtieran de que se estaba profanando un templo cristiano? La respuesta la podemos encontrar en lo que las personas que entran en este tipo de trance llaman «miedo al salto». Si se desconoce el destino de este viaje interior, puede atisbarse tras haber logrado cruzar el umbral de la ventana, que muestra el postigo u hoja de celosía, invitándonos a vislumbrar otra dimensión.

Los preciosos frescos de la iglesia de Bordón constituyen, por lo tanto, la mejor guía para que los no iniciados pierdan el miedo a traspasar el tenebroso umbral de lo físico y alcanzar esa otra dimensión. En esa línea, los magos templarios impulsaron el Carpe diem (vivir el momento) en las mentes de los futuros iniciados, concepto bien distinto a los designios de la Iglesia oficial que, desde los púlpitos, alertaba de las consecuencias del pecado, materializadas en el abismo del Infierno eterno. La siguiente fase de la meditación es el enfrentamiento a los miedos internos, lo que los psicoanalistas denominan «traumas ». Pero había que reflejarlo en imágenes perceptibles. ¿Hay mejor manera que representando al Cancerbero, dos temibles perros enfrentados que aguardan en el acceso a los infiernos? Una vez más, las pinturas de la iglesia de Bordón siguen guiándonos en esta singular experiencia…

Tras el enfrentamiento con los miedos internos, la siguiente fase resulta más gratificante. Se alcanza mediante la captación de las energías positivas que proceden de las entrañas de la iglesia, fuerzas materializadas en las corrientes telúricas que manan de los vórtices a los que aludíamos al comienzo de este artículo. Además, en el pasado, los iniciados habrían contado con la acción amplificadora del órgano, cuyas notas sin duda coadyuvaron a que sus mentes se liberaran de las ataduras de la cotidianidad.

No es extraño, pues, que los templarios eligiesen este enclave para levantar la iglesia. De hecho, lo sagrado no es el templo, sino la tierra sobre la que se edificó.

EXPERIENCIA SINGULAR
Finalmente, la persona, renacida, resurge de este trance, de esta singular experiencia que le convierte en un ser nuevo. Y qué mejor y más hermosa forma de alegorizar esto que con la figura del ave fénix, que logró resucitar de sus propias cenizas.

Esta mítica ave, relacionada con los arcanos del mundo antiguo y medieval, constituiría, por sí misma, otra llave hacia la iniciación, ya que las cabezas místicas de las que surgen serpientes no serían sino la plasmación pictórica de una mente sabia y renacida, de un ser nuevo que ha logrado alcanzar su plenitud espiritual tras haber superado sus terribles miedos. Aquellos afortunados que culminan con éxito este tipo de experiencias, aseguran haber alcanzado una sabiduría renovada, una fuente de conocimiento inédita y superior.

Como si se tratara de un pequeño Grial, estas imágenes en el interior del templo nos sorprenden e iluminan, esperando que las interpretaciones y la imaginación de los visitantes, devotos o no, busquen y encuentren su auténtico significado o, simplemente, se deleiten admirando su indudable belleza.

EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA
El caleidoscopio de pinturas que cubre por completo las paredes de este lugar –actualmente en pleno proceso de restauración– no puede tomarse como fruto de la abigarrada disposición barroca, sino que obedecería a la interpretación correcta de una partitura.

Tras tres años de investigaciones, creemos haber descifrado su significado. En la segunda arcada de frescos encriptados aparecen elementos mucho más subjetivos, pero igualmente sugerentes.

Esta interpretación no podría haber sido posible sin la colaboración de los magos de la luz, personas que, utilizando focos lumínicos reales, los redirigen para enfocar su brillo interior y guiarnos a los demás, como acomodadores del alma, a sentarnos y disfrutar de la película que sin ellos nos habríamos perdido.

Los lugares de energía y poder han sido venerados y transformados durante toda la historia. Bordón, y en concreto su iglesia, como hemos señalado anteriormente, registra en su interior cinco vórtices con 19.500 unidades Bobis (UB) cada uno. Resulta evidente que se trata de un hecho ciertamente admirable y probablemente excepcional, pues, que sepamos, no  existe templo europeo que se haya erigido sobre cinco puntos de potencia telúrica. Pero ¿cómo explicar durante los inquisitoriales siglos modernos que este edificio en particular registre una fuerza tan especial? ¿Cómo contar que la carrasca –el árbol donde apareció la virgen negra patrona de la localidad– era un lugar con una energía arcana y que este árbol se alimentaba de ella para conseguir su excepcional porte? ¿Cómo interpretaría una persona de la época que, al lado de este árbol, lo que los caballeros templarios encontraron era un antiguo centro de cultos megalíticos venerado por los druidas celtas? Podemos apreciar que la fuerza telúrica está representada por las guirnaldas de flores que, lógicamente, no son reales, ya que, de lo contrario, ¿cómo podrían mostrar su belleza bajo tierra? Y es que el artista ha sabido describir este flujo energético en forma de inocentes ramilletes que, naciendo desde el fondo, se expanden hacia el exterior. Junto al árbol, seguramente la carrasca de la leyenda mariana, aparece un edificio semiderruido del que surgen llamas: ¿tal vez un antiguo templo pagano del que emana un fulgor especial?  

(Continúa en AÑO/CERO 289).

 

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Comentarios

Lean esto "Por esto, como efecto del control mental sobre el planeta, encontramos en todas las culturas e historia de la humanidad, iglesias con cúpulas asemejando las Burbujas de Energía Mental, que absorben los demonios invasores" (https://es.scribd.com/document/11492315/El-Dios-Que-Los-Hombres-Adoran página 119)

increible el articulo. Gracias

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