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La Santa Compaña

Martes 20 de Diciembre, 2011
ENIGMAS

A mediados del siglo XIX, el padre Sarmiento rescató del vocabulario gallego el nombre de “compaña”, palabra que en origen hace referencia a una procesión que tiene como cometido acompañar un entierro celebrado en la parroquia local. Pero fue solo el comienzo…
El padre Sarmiento recogió en su viaje a Galicia muchas más voces sobre este mito del mundo rural gallego: hostia, ostea, hueste o estantigua. Términos que venían a describir un mismo género de fantasma nocturno. Efectivamente, en el Diccionario gallego-español (1863) de Francisco J. Rodríguez encontramos que “compaña” significaba ya entonces en una segunda acepción “hueste”, lo mismo que “estadiña” y “estantigua”. No obstante dependiendo del área geográfica, la creencia popular habla de as xans, a comunidad, a recua, recula, roldiña… lo que confirma la antigüedad del origen de la creencia.

En el imaginario gallego con esta definición se trata de describir una reunión de almas, generalmente cinco, que se congregan formando una suerte de cortejo fúnebre que parte siempre de la iglesia vecinal pasada la medianoche, para luego dirigirse a los lugares emblemáticos de la parroquia hasta que canta el gallo. Existen una serie de prerrogativas que deben ser cumplidas para que dicha visión pueda ser llamada “compaña”: primero, que siempre debe incluir entre sus procesionarios la figura de un cojo o tullido; y segundo, que cada cofrade fantasmal debe ocuparse de una tarea: uno llevará la cruz, otro el estandarte, otro el caldero con agua bendita, otro la campanilla, y un último la linterna o el farol que acompañará el viático.

Sin embargo, y a tenor de los testigos, no necesariamente la procesión de ánimas se reduce a cinco. Existen testimonios directos como el de Josefa Romero, que nos muestran cómo siendo niña, allá por los bosques de Moaña, vio junto a su madre una larga hilera de sombras cubiertas con túnicas de color negro que podían contabilizarse en torno a la treintena. Lo más llamativo es que Josefa dijo en su día que una de las figuras se correspondía con una mujer mayor del pueblo que ni siquiera reparó en su presencia. Sea como fuere esta buena mujer falleció al poco tiempo a consecuencia de un rayo.

El cortejo de los muertos

Retomando las obligaciones contraí-das con lo sobrenatural, estas deter-minan que el que lleva la cruz es quien debe, pasada la medianoche, salir primero en busca de la misma a la iglesia. Durante varias veces al que lleva la cruz le sigue un ánima que va dando redobles de tambor, elemento este a tener en cuenta ya que al fúnebre cortejo se adhiere un vecino de la parroquia cuando está próxima su muerte, distinguiéndose por ser quien lleva la vela más pequeña y camina de ordinario inmediatamente detrás del féretro. Hay quien justifica que este es el verdadero motivo de que se forme la “compañía”, pues su fin es pronosticar la muerte con un año de antelación. Algunas voces son más concretas y señalan que la “Santa Compaña” tiene tres citas con el vecino que está a punto de morir, desenlace que tiene lugar pasada la tercera.
(Continúa la información en ENIGMAS 193).

José Ignacio Carmona Sánchez
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