Se encuentra usted aquí

2045: el fin de la muerte

Martes 28 de Agosto, 2018
La historia de la humanidad ha estado moldeada por lo inevitable de la muerte. El miedo a la muerte hasta hace poco sólo encontraba consuelo a través de la religión. Para este hombre, la muerte ya no es algo irreversible y puede rebatirse con argumentos científico-técnicos.

«Nadie quiere morir. ¿Usted sí?». Mi interlocutor no me da tiempo a responderle y me espeta sin pestañear: «Yo no pienso morir». Si la afirmación viniera de cualquier otra persona, me la hubiese tomado a broma, pero tengo enfrente a José Luis Cordeiro (Caracas, 1962), una especie de autoridad mundial en la abolición del envejecimiento y la extensión de la vida, asuntos que preocupan y sobre todo ocupan a algunos de los investigadores más respetados y preclaros de nuestro tiempo. Cordeiro ha llegado a Madrid para presentar La muerte de la muerte (Ediciones Deusto, 2018), libro que ha coescrito con David Wood, uno de los pioneros de la industria del smartphone.

José Luis Cordeiro también es tecnólogo y precursor en ciertos adelantos, aunque los suyos sean bastante menos tangibles –y rentables– que Symbian, el famoso sistema operativo que David Wood vendió a Nokia… y le convirtió en millonario. He quedado con ambos en la sede corporativa de una multinacional líder en estrategia de talento, un edificio funcional y soleado donde Cordeiro y Wood se desenvuelven con soltura y profesionalidad.

De esto último da fe el modelo de corbata que comparten y pasean sin rubor, porque su estampado se corresponde con la portada del libro que han venido a promocionar. Una estrategia de marketing muy a la americana –pienso para mis adentros–, por más que Wood sea británico y Cordeiro –hijo de emigrantes españoles– naciera en Venezuela.

Mientras Wood, fundador y director de London Futurist, chatea en un sofá de la amplia sala que nos han habilitado los organizadores, Cordeiro y yo nos sentamos en otro para continuar hablando sobre la vida y la muerte… o sobre la vida y la «no muerte», pues la pretensión de este ingeniero del MIT es derribar los paradigmas aceptados como inevitables sobre nuestra existencia, proponiendo en su lugar un modelo de futuro posthumano que ni José Luis Cordeiro ni David Wood quieren perderse, porque insisten en que vivirán para verlo.

LA CRUZADA CONTRA EL ENVEJECIMIENTO
De eso va precisamente La muerte de la muerte, «un libro que informa de las realidades biomédicas y humanitarias actuales y futuras de la cruzada contra el envejecimiento», en palabras de Aubrey de Grey, el gerontólogo, biomédico y visionario británico que abrió camino en el complejo campo de la extensión de la vida con obras como El fin del envejecimiento.

AÑO/CERO: Curiosamente, ni usted ni David Wood son médicos, pero en su libro recogen numerosas opiniones, argumentos y estudios de profesionales de la medicina…

José Luis Cordeiro: En efecto, los autores no somos ni médicos ni biólogos. Más bien somos tecnólogos, formados en el Instituto Tecnológico de Massachussetts, en mi caso, y en la Universidad de Cambridge, en el caso de David, pero llevamos años estudiando el tema del envejecimiento y siguiendo los avances científicos en dicho ámbito.

Además, conocemos personalmente y hemos debatido ampliamente con muchos de los líderes mundiales en estas líneas de investigación, quienes sí están trabajando directamente para conseguir controlar y, lo más importante, revertir el envejecimiento. De hecho, muchas de las ideas, cifras y fechas expuestas en el libro no son nuestras, pero las utilizamos cuando estamos de acuerdo con ellas. Por ejemplo, el biogerontólogo inglés Aubrey de Grey es quien dice que ‘la primera persona que vivirá mil años ya ha nacido’, y el futurista Ray Kurzweil defiende que ‘en 2045, a más tardar, podremos ser inmortales’.

A/C: Estará conmigo en que esta clase de manifestaciones no son de fácil «digestión», por decirlo de algún modo. Supongo que ustedes mismos habrán tenido y seguirán teniendo muchos detractores. 

J. L. C.: Siempre habrá escépticos, como en todo proceso de adelanto científico, pero lo importante es que todas las partes sepan escuchar y hacer que los datos y no las opiniones señalen el camino. Sabemos que hay enemigos frente a las nuevas ideas, pero ante la posibilidad científica del rejuvenecimiento humano, ojalá sean pocos los enemigos, aunque prevemos que estarán unidos y serán ruidosos. Los amigos serán muchos más, pero probablemente no estarán tan coordinados y posiblemente serán menos visibles. Al principio, los cambios de paradigma siempre generan una gran oposición. Es necesario que las nuevas ideas sigan avanzando con el tiempo en base a los descubrimientos científicos y calen en la sociedad.

A/C: Pese al gran número de científicos implicados en la cuestión del rejuvenecimiento, no hay muchos médicos decididos a dar la cara o defender esta clase de postulados. ¿Cuál es la razón?

J. L. C.: La medicina y la biología, como todas las áreas del saber humano, están sufriendo una gran disrupción, una interrupción brusca, debido a la digitalización de la información y a otros avances tecnológicos. De hecho, la secuenciación del genoma humano, el internet de las cosas, el big data, los sensores personales y muchos otros avances, están digitalizando la medicina y la biología. Se trata de una alteración enorme que viene de fuera de la industria médica, y muchos médicos y biólogos tradicionales no la ven, ni la comprenden. Los cambios tecnológicos avanzan exponencialmente, aunque nosotros seguimos pensando linealmente.

Durante la próxima década no vamos a ver cambios equivalentes a los de la última década. Varios especialistas están convencidos de que vamos a ver cambios enormes, quizá equivalentes a todo lo que vimos en medicina y en biología durante el milenio pasado. Las tecnologías digitales avanzan a un ritmo exponencial, así que el mundo lineal del pasado ya no sirve de referencia frente a la aceleración de los avances tecnológicos, avances que, obviamente, pueden resultan perturbadores para cierta parte de la sociedad.

A/C: De algunos portavoces de esa parte de la sociedad, más conservadora, les han llovido toda clase de improperios, como locos, charlatanes, anticristo…

J. L. C.: A estas personas les recuerdo lo que dijo el gran filófoso Arthur Schopenhauer en 1819: «Toda verdad atraviesa tres fases: primero, es ridiculizada; segundo, recibe violenta oposición; tercero, es aceptada como evidente».

A/C: Hace un momento mencionaba la importancia de los avances tecnológicos e Internet, la red de redes. ¿Hasta qué punto están implicados en la búsqueda de la inmortalidad?

J. L. C.: Para que se haga una idea, compañías como Amazon, Apple, Facebook, Google, IBM y Microsoft, por citar algunas, han entrado en el mundo de la medicina y de la biología, y están acelerando la revolución de la industria. Por ejemplo, Google ha creado Calico (California Life Company), una filial cuyo objetivo es ‘resolver la muerte’; IBM ha creado un sistema de inteligencia artificial llamado Watson, que ya se ha convertido en el mejor oncólogo, capaz de analizar cualquier cáncer tan bien o incluso mejor que los médicos humanos.

A/C: A propósito del cáncer, la investigación y los avances para la erradicación de esa enfermedad tienen mucho que ver con la ambición de revertir el envejecimiento. Explíqueme por qué.

J. L. C.: En efecto, muy pocas personas saben que las células del cáncer son biológicamente inmortales, pese a que esto se conoce desde hace bastantes años, concretamente desde 1951. Y quizá todavía menos personas saben que las células germinales, que todos tenemos en el cuerpo, tampoco envejecen y se consideran biológicamente inmortales desde que se planteara esta teoría en 1892… Las células cancerosas pueden volverse biológicamente inmortales como resultado de mutaciones en células somáticas normales que sí envejecen. Actualmente se estudian las células madre cancerosas para encontrar indicios también sobre la inmortalidad biológica en células somáticas normales. Es decir, a pesar de su malignidad, las células cancerígenas también pueden ayudar a desvelar el misterio del envejecimiento.

A/C: Pero se trata de organismos unicelulares, ¿existen evidencias análogas en organismos pluricelulares?

J. L. C.: Las hidras son un excelente ejemplo de la capacidad de no envejecer e incluso regenerarse, y tal vez lo sabían los antiguos griegos cuando las incluyeron en su mitología. Pero las hidras a las que me refiero son una especie de la familia de los cnidarios, que viven en aguas dulces, miden pocos milímetros y son depredadoras, pues capturan pequeñas presas con sus tentáculos cargados de células urticantes. Tienen un asombroso poder de regeneración, se reproducen tanto sexual como asexualmente y son hermafroditas.

Todos los cnidarios pueden regenerarse, lo que les permite recuperarse de heridas gracias a que sus células se dividen continuamente. Y hay diferentes tipos de medusas que también podrían ser consideradas como biológicamente inmortales. Por ejemplo, la Turritopsis nutricula, una medusa pequeña que utiliza una forma de transdiferenciación biológica para reponer células tras la reproducción sexual. O los gusanos conocidos como planarias, que pueden cortarse en trozos y cada trozo es capaz de regenerar un gusano completo.

A/C: Hablando de mitos y de los antiguos griegos, el término inmortalidad puede sonar a leyenda, quiza porque quienes estamos familiarizados con los misterios de la antigüedad, conocemos las historias sobre las ambiciones de algunos emperadores chinos o de los faraones. También tenemos el Poema de Gilgamesh, la obra épica más antigua en la historia de la humanidad, cuyo argumento se centra en la aspiración a la inmortalidad, solo al alcance de los dioses. Y, más tarde, a los alquimistas, como Agripa, Paracelso…

J. L. C.: Pero nosotros no hablamos de alquimia –me interrumpe Cordeiro–, sino de ciencia. Científicos en diferentes partes del mundo están ya investigando cómo funciona el envejecimiento y cómo revertirlo. Desde EE UU hasta Japón, desde China hasta India, pasando por Alemania y Rusia. También aparecen grupos de investigadores por toda Iberoamérica, desde España hasta Colombia, desde México hasta Argentina, pasando por Portugal o Brasil…

Por ejemplo, un grupo de científicos bajo la dirección de la bióloga María Blasco, directora del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) en Madrid, ha creado los llamados «ratones Triple», que viven aproximadamente un 40% más.Con tecnologías totalmente diferentes, otros científicos como el también español Juan Carlos Izpisúa, investigador experto del Instituto Salk de Estudios Biológicos en La Jolla, California, ha logrado rejuvenecer ratones también un 40%. Este tipo de experimentos siguen avanzando y es probable que si gamos aumentando la longevidad y el rejuvenecimiento en ratones en los próximos años. Pero, obviamente, lo que hay detrás de estas investigaciones científicas no es que los ratones vivan más años, sino la manera en que nosotros, los humanos, podemos beneficiarnos de esta clase de hallazgos.

A/C: Estamos ante descubrimientos importantes y perfectamente asumibles por nuestra psique, quizá porque no rompen paradigma alguno. Pero de ahí a concebir una industria cuyo objetivo sea nuestra inmortalidad física va un trecho muy largo, que a la mayoría les sonará a utopía…

J. L. C.: Muchas de las industrias más importantes de nuestros tiempo fueron ridiculizadas en su momento, pero pasaron de ser «imposibles» a «imprescindibles». Los trenes, los teléfonos, los automóviles, los aviones, la energía atómica, los vuelos espaciales, los ordenadores personales, los teléfonos móviles… Respecto a estos últimos dispositivos, aunque también fueron considerados inconcebibles en su momento, hoy prácticamente todo el mundo tiene un teléfono móvil. Pero incluso estos dispositivos ya no son teléfonos sencillos o «estúpidos». Y solo han tardado una década en volverse «inteligentes».

A/C: No obstante, comparar la inversión en telefonía móvil con los recursos necesarios para prolongar la vida indefinidamente parece algo aventurado, ¿no cree? Me refiero a los costes económicos de la longevidad…

J. L. C.: Verá, si analizamos los fundamentos básicos de los seres humanos, en términos de nuestra composición química básica, podemos afirmar que somos bastante simples y baratos. Un humano está compuesto de agua en aproximadamente un 60%. Por otra parte, ni siquiera somos agua Evian o Perrier, sino agua del grifo. Aparte de ser principalmente agua, que además de oxígeno contiene el elemento más abundante de todo el universo, el hidrógeno, el resto del cuerpo humano está compuesto por pocos elementos químicos, relativamente abundantes y baratos. En pocas palabras, mantener organismos básicos, como es el caso de los humanos, será fácil y barato cuando sepamos reparar la materia a nivel atómico y molecular, como ya hacemos a nivel biológico. Si, por ejemplo, consideramos la nanotecnología como una forma de biología «artificial», es muy probable que logremos reparar átomos en muy pocas décadas.

A/C: Supongo que ese momento mágico coincidirá más o menos con el año 2045, que marcan ustedes como una especie de punto sin retorno hacia la posthumanidad. ¿Es así?

J. L. C.: E incluso antes. Al paso que avanza la tecnología, Ray Kurzweil espera que en 2029 una inteligencia artificial (IA) pase el llamado Test de Alan Turing, es decir, será imposible distinguir si uno se comunica con una persona o con una IA. Pero el objetivo que plantea Kurzweil y asumimos quienes estamos de acuerdo con él es que en 2045 alcanzaremos la «singularidad tecnológica», o sea, el momento en que la inteligencia artificial igualará a toda la inteligencia humana.

Precisamente, la IA será una de las principales tecnologías que contribuirán a entender la biología y a mejorar la medicina de manera exponencial, junto con avances en regeneración de tejidos, tratamientos con células madre, impresión de órganos, criopreservación, criónica, terapias genéticas o inmunológicas, etc. La IA va a ser clave en la mejora de nuestra salud, en la innovación de tratamientos médicos, en el descubrimiento de nuevos productos farmacéuticos y en la optimización de los sistemas sanitarios. Creemos que con ayuda de la inteligencia artificial mejoraremos la inteligencia humana y superaremos el desafío histórico del envejecimiento, revirtiéndolo. Porque defendemos la extensión de la vida para que podamos ser indefinidamente jóvenes, no indefinidamente viejos.

A/C: En este punto, seguro que muchos lectores se preguntarán lo mismo que yo: si nadie muere, ¿dónde vamos a meter a toda esa población de «ancianos rejuvenecidos »? ¿No debemos temer una crisis demográfica catastrófica?

J. L. C.: Verá, al terminar la II Guerra Mundial, en 1945, las Naciones Unidas comenzaron a hacer proyecciones demográficas a largo plazo, estimándose que en 2050 la población mundial alcanzaría hasta 20 mil millones de personas, en base a las elevadas tasas de natalidad del mundo por entonces. Sin embargo, las tasas de natalidad han ido cayendo país tras país, y por eso las proyecciones también han ido disminuyendo.

Como consecuencia, según la estimación media de Naciones Unidas en 2017, el mundo tendrá una población de 9,8 mil millones en 2050. De hecho, actualmente podemos ver cómo la población de distintas partes del mundo no solo se está estabilizando, sino que comienza a reducirse. Por ejemplo, tenemos los casos de Alemania, Rusia y, sobre todo, Japón, país que verá reducida su población de 127,2 millones en en 2018 a 84,5 millones en 2100, siempre según las cifras que manejan en Naciones Unidas. Pero el caso más dramático es el de China, en parte debido a la política del «hijo único».

Según la ONU, China caería de 1.415,1 millones en 2018 a 1.020,7 millones en 2050, y a tan solo 616,7 millones en un escenario extremo en 2100. Quizá por ello, China es uno de los países crecientemente interesados en antienvejecimiento y rejuvenecimiento. En resumen, la crisis demográfica que se avecina ya no es por exceso de humanidad, sino por el posible estancamiento y reducción de la población del planeta, con las dramáticas implicaciones humanas, sociales y económicas que eso conlleva.

A/C: Llegados a ese escenario no tan lejano y a modo de conclusión, ¿cuál es su propuesta?

J. L. C.: Es muy sencillo. No tenemos que acabar de la misma manera trágica en la que han terminado todos nuestros antepasados. Ahora sabemos que es científicamente posible, ralentizar, detener y revertir el proceso de envejecimiento. Es momento de abrir un nuevo camino al futuro de la humanidad. Es hora de comenzar un viaje fantástico hacia la juventud indefinida. Un viaje con riesgos, sin duda, pero también lleno de oportunidades.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario