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Expedientes X de la ciencia

Viernes 31 de Agosto, 2012
Existe una cantidad inconmensurable de hechos que se producen en el Universo por causas que la ciencia ignora. Ahora bien, cuando suceden hechos que según nuestros conocimientos científicos no deberían ocurrir, entonces hablamos de “anomalías científicas”. Y es en ellas donde reside la auténtica esencia del misterio; del Misterio con mayúscula.
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Algo desconocido está frenando a las sondas interplanetarias cuando salen del Sistema Solar. Algo inexplicable está afectando al movimiento de las estrellas haciendo que roten con igual velocidad en el centro de las galaxias que en su exterior. Algún factor que ignoramos acelera la expansión del Universo. Y existe lo que podría llamarse “un cierto tipo de telepatía cuántica” inexplicable, entre algunas partículas subatómicas. Sí, aunque nos parezca sorprendente, la ciencia tiene sus propios fantasmas.
La anomalía Pioneer
En 1980 John D. Anderson, un veterano astrónomo del Jet Propulsion Laboratory, se encontraba analizando los datos de las trayectorias seguidas por las sondas Pioneer 10 y 11, intentando encontrar algún indicio de la presencia del Planeta X. Su búsqueda no dio resultado, no pudiendo ser utilizado su estudio para demostrar la existencia de este planeta. Sin embargo, Anderson y su equipo detectaron algo que no les encajaba: las naves no estaban donde debían estar. En realidad era como si algo las estuviera frenando. Usando un software de navegación basado en la Ley de la Gravedad de Newton, se esperaba que las Pioneer estuvieran en una determinada ubicación, pero cuando se las situaba por radio localización Doppler, no estaban donde debían. Aún más, pese a estar en lugares casi opuestos del Sistema Solar debido a sus diferentes trayectorias, ambas naves sufrían un efecto idéntico. Estaban siendo afectadas por una fuerza que les producía una desaceleración en dirección al Sol de un nanómetro por segundo al cuadrado, lo que hace que en la actualidad se hallen casi 500.000 km más cerca de lo esperado; ¡una distancia superior a la que separa la Tierra de la Luna!
Ante lo incongruente del asunto, los científicos pensaron que este fenómeno se producía por algún suceso circunstancial que hubiera afectado a las Pioneer, suponiendo que en posteriores mediciones esta aceleración negativa desaparecería. Pero no lo hizo. Pese a lo extravagante del hallazgo –o quizá por eso mismo–, durante la década de los años 80 la comunidad científica no prestó mayor atención al asunto, pensando en muchos casos que la extraña aceleración negativa podría estar causada por el diseño de las naves o incluso ser un error de medición del propio equipo investigador. Pero al ver que la anomalía persistía, poco a poco se han ido involucrando más científicos en la búsqueda de las causas. Auspiciada primero por la NASA y después también por la Planetary Society la investigación ha recuperado decenas de gigabytes de datos sobre las trayectorias seguidas por ambas naves a lo largo de los años, se han contratado equipos de científicos independientes para ver si analizando las trayectorias llegaban a las mismas conclusiones. En definitiva, se ha dado a la investigación la categoría de “alta prioridad” que se le había negado hasta ahora. Pese a las investigaciones que se han realizado en torno a ellas, aún no se ha encontrado una causa para el comportamiento de estas naves. La “anomalía Pioneer” 28 años después de haber sido descubierta, sigue sin tener explicación.
La materia oscura
Aunque son términos cada día más utilizados por cosmólogos y divulgadores, lo cierto es que la materia oscura, hoy por hoy, no es más que una hipótesis que los científicos usan para poder explicar lo inexplicable. Cuando en 1933 el astrofísico búlgaro Fritz Zwicky, del Instituto Tecnológico de California, estudiaba el movimiento del cúmulo de galaxias Coma, detectó algo que no encajaba: las galaxias se movían a una velocidad que no correspondía con la fuerza de gravedad total que debía haber en ese grupo local. Para explicar esa velocidad anómala, Zwicky supuso que en aquel cúmulo debía haber mucha más materia de la que se veía y esa suposición fue el origen del concepto “materia oscura”. Aunque posteriormente otros astrofísicos también han recurrido a la materia oscura para explicar las velocidades anormalmente altas detectadas en la rotación de estrellas alejadas del centro de sus respectivas galaxias, lo cierto es que hasta ahora no ha sido hallada tal materia oscura y las anomalías observadas podrían responder a otras causas. La única verdad es que, por el momento, los científicos no tienen una explicación para las velocidades de rotación de las estrellas en sus galaxias ni de las mismas en sus cúmulos de galaxias.
De existir la materia oscura, sólo aproximadamente el 5% de la densidad de materia total en el Universo –inferido de los efectos gravitacionales– sería visible directamente para nosotros, con nuestros medios técnicos actuales. Se piensa que en torno al 23% está compuesto de materia oscura y el 72% restante sería energía oscura, un componente incluso más extraño, distribuido difusamente en el espacio.
Sin embargo, otras hipótesis que tratan de explicar las anomalías gravitatorias observadas proponen que quizá la causa esté en que la gravedad funciona en largas distancias de manera diferente a como lo suponemos actualmente. Como señaló el astrofísico David B. Cline en un artículo publicado en Scientific American, a día de hoy debemos entender que los nombres “materia oscura” y “energía oscura” sirven principalmente como expresiones de nuestra ignorancia, casi como las zonas que en los primeros mapas eran señaladas como Terra Incognita.
(continúa la información en revista ENIGMAS 159)
José Rafael Gómez
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