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LA INMORTALIDAD CADA VEZ MÁS CERCA

Miércoles 21 de Noviembre, 2012
Isabela Herranz

A lo largo de las últimas décadas se han logrado avances sustanciales en el conocimiento de las leyes que rigen la longevidad. De hecho, en la actualidad, destacados científicos contemplan el proceso de envejecimiento no como un deterioro natural e imparable, sino como una enfermedad curable. ¿Supone esto que estamos cada vez más cerca de ser inmortales? ¿Hasta qué punto será posible frenar la senescencia y controlar la muerte? Expertos de los más variados ámbitos tratan de responder a éstas y a otras cuestiones trascendentales.
Envejecer ya no es lo que era. A comienzos del siglo pasado, la esperanza media de vida no pasaba de 45 años en los países desarrollados y, en la actualidad, ronda los 100. Se cree que alrededor de 2030 habrá al menos un millón de centenarios en todo el mundo… Tales perspectivas no sólo se deben a los avances médicos, alimenticios y a unas condiciones de salubridad que nada tienen que ver con las de épocas pretéritas, sino también a audaces desarrollos tecnológicos –como la manipulación genética y la nanotecnología–, que están remediando males que hasta ahora se creían inabordables.

Con tales mejoras y los pronósticos que nos trasmiten algunos tecno-gurus, muchas personas tendrán la impresión de que, en breve plazo, conseguiremos prolongar la vida casi indefinidamente. Sin embargo, ¿hasta qué punto es esto factible? Y, en caso afirmativo, ¿sería deseable teniendo en cuenta que la población del planeta ya excede los 7.000 millones de habitantes?
Mary Midgely, filósofa británica nonagenaria, defiende la importancia de mejorar la calidad de la vida, no la «cantidad». Así lo cree también el demógrafo S. Jay Olshansky, catedrático de la Escuela de Salud Pública en la Universidad de Illinois, que forma parte del grupo de científicos escépticos ante la posibilidad de que seamos inmortales y, a diferencia de otros de sus colegas, no se obceca en vendernos la fuente de la eterna juventud: «Como mucho –concede Olshansky– podremos expandir la vida humana una media de siete años; pero no caigamos en el culto a la inmortalidad por seductor que nos parezca».

Este investigador, referente mundial indiscutible y autor, junto con el geriatra Bruce A. Carnes, de la obra The Quest for Immortality: Science at the Frontiers of Aging (2001), sostiene que «la idea moderna de la inmortalidad física que se cierne sobre nosotros no es realista, sino que se basa en la premisa de puentes ‘;científicos’ al futuro».

Esta última propuesta ha sido impulsada en la última década, entre otros, por el tecno-guru Ray Kurzweil y el médico Terry Grossman. En su obra Fantastic Voyage: Live Long Enough to Live Forever (2004), ambos afirman que la ciencia de la extensión radical de la vida ya está aquí, y todo cuanto tenemos que hacer es «vivir lo suficiente para poder vivir eternamente», como reza el título de su citado libro.

No son los únicos. Algunos científicos ya abogan por la inmortalidad humana para las primeras décadas del siglo XXI. Aubrey de Grey es uno de ellos y, a tal objeto, ha desarrollado una serie de estrategias de rejuvenecimiento biomédico. Sin embargo, muchos biogerontólogos consideran que los supuestos beneficios del programa de Grey son demasiado especulativos y más fantasiosos que pragmáticos… (Continúa en AÑO/CERO 268).
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