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Mentes extraordinarias por accidente

Viernes 08 de Diciembre, 2017
En ocasiones, un accidente trae más bien que mal. Aportamos algunos ejemplos de personas que han desarrollado habilidades tras un golpe en la cabeza.

«GOLPEADOS» POR LA GENIALIDAD

La doctora Brogaard está convencida de que el ser humano atesora muchos talentos desconocidos que se mantienen latentes en el cerebro. Bastaría saber cómo variar la configuración para que tales capacidades ocultas salieran a la luz y no quedaran soterradas para siempre.

En el año 2014, Padgett publicó su autobiografía, titulada Golpeado por la genialidad: cómo una lesión cerebral me convirtió en una maravilla matemática. Otro caso sobresaliente es el de Derek Amato.

En 2006, mientras estaba en plena celebración junto a unos amigos en una piscina, Derek fue a coger un balón de rugby que le habían lanzado, con tan mala suerte que se precipitó al agua y se contusionó la cabeza. Al volver en sí, se había convertido en un virtuoso de la música. Había perdido parte de su memoria y un 35% de audición, pero a cambio era capaz de tocar el piano, un instrumento por el que nunca había mostrado la menor inclinación. «Empecé a visualizar unas pequeñas teclas blancas y negras en movimiento alrededor de mi cabeza, me puse enfrente del piano y mis manos y dedos cobraron vida», manifestó a la prensa este pianista por accidente.

Pero Amato no solo interpreta partituras, también ha desarrollado una infatigable vena creativa: «Mi vida entera ha cambiado (…) Estoy componiendo y produciendo a un ritmo que no entiende mucha gente. Si Beethoven creaba 500 canciones al año y se le considera una mente muy brillante, yo estoy escribiendo 2.500 piezas anuales». Al poco tiempo de sufrir tan tremendos cambios, Amato se puso en contacto con el doctor Darold Treffert, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Wisconsin (EE UU) y autor de Gente extraordinaria: conociendo el síndrome de savant. Treffert, ahora ya jubilado, es el mayor experto mundial en este tipo de mentes prodigiosas, a cuyo estudio consagró su vida académica. Enseguida, el doctor se dio cuenta de que estaba ante un nuevo caso de síndrome de savant adquirido. Por otro lado, también la doctora Brogaard se interesó por el asunto, estableciendo la conclusión de que Amato obtuvo ciertos conocimientos musicales previos en la escuela secundaria. Allí había aprendido a tocar unos pocos acordes en la guitarra. Sin embargo, quedaron olvidados en algún rincón de su subconsciente. «Obviamente, poseía un determinado interés anterior por la música, y su cerebro probablemente recordó algo inconscientemente. (…) Guardó recuerdos musicales en su cerebro, pero no accedía a ellos», aseguró la científica.

 

SUPERDOTADOS DE UN DÍA PARA OTRO

De algún modo, el accidente reorganizó el cableado neuronal de Amato, liberando su mente inconsciente bajo una nueva formulación que potenciaba y sacaba un inusitado partido de aquellas exiguas lecciones musicales de la adolescencia. En 2007, la Asociación de Artistas Independientes de EE. UU. lo declaró «Artista Revelación del Año».

Esta clase de traumatismos en la cabeza desencadenan resultados imprevisibles. Unas veces pueden convertir a la víctima en un portento musical, pero en otras los efectos desembocan en habilidades desconcertantes. Por ejemplo, Orlando Serrell recibió el impacto de una pelota de béisbol en el lado izquierdo de su cráneo a la temprana edad de 10 años. El suceso no le supuso mayor molestia. De hecho, se levantó y siguió jugando con el resto de sus amigos y, aunque sufrió algunas molestias posteriores, no fue objeto de ninguna exploración médica. Sin embargo, a partir de ese incidente, Serrell advirtió que era capaz de efectuar complicados cálculos matemáticos, pero restringidos al calendario.

Podía recordar perfectamente a qué día de la semana correspondía una fecha, saber qué tiempo meteorológico hacía, la temperatura y determinar dónde se encontraba él mismo y lo que estaba haciendo en cualquier momento de esa jornada. ¿Son permanentes estos cambios o acaban disipándose con el tiempo?

Al menos, para los casos que venimos comentando, los dones adquiridos han resistido el paso de los años y todos sus protagonistas continúan disfrutando de ellos. No obstante, existe el temor a que las nuevas habilidades desaparezcan de la misma manera fulminante que se presentaron, sobre todo en aquellas personas que han visto transformada su vida y a las que recuperar su situación mental original les supondría un insoportable varapalo.

Semejante miedo insuperable explica el dilema de Alison Silva, quien está dispuesta incluso a morir en el intento con tal de no retornar al punto de partida. Alison es una pintora autodidacta que reside en Nueva Jersey. En 2006 acudió al médico porque padecía alucinaciones, insomnio, dolores de cabeza y cierta pérdida de visión.

Los exámenes cerebrales detectaron un tumor o cavernoma en el lóbulo temporal izquierdo, circunstancia que le había provocado una hemorragia. Una vez recuperada de esta última dolencia, Alison experimentó un cambio en su sensibilidad artística. Si hasta entonces sus pinturas no transmitían nada especial y eran calificadas por los expertos como bastante mediocres, después de desarrollar el tumor todo cambió. Ahora crea con mucha mayor profundidad y llena sus lienzos de paisajes y criaturas fantásticas y misteriosas que han elevado el precio de su arte hasta veinte veces más que antes.

El éxito le acompaña también en forma de exhibiciones por EE. UU., Europa y Australia. Tampoco le faltan encargos importantes. Naturalmente, los médicos pretenden extirparle el tumor, a lo que la artista se niega por temor a perder sus nuevas dotes. Descartada la cirugía, nuestra protagonista vive cada día bajo el riesgo de sufrir un derrame letal. Pero prefiere vivir en peligro constante de muerte que regresar a un pasado sin talento.

 

EL ACCIDENTE DE PABLO DE TARSO

«Caerse del caballo» es una frase hecha y muy corriente que tiene origen bíblico. En concreto, remite a un episodio vivido por Pablo de Tarso cuando iba de viaje a Damasco para perseguir a los cristianos.

En los Hechos de los Apóstoles se recoge la esencia de este acontecimiento del siguiente modo: «Y sucedió que (…) me rodeó de repente con su resplandor una fuerte luz del cielo. Caí a tierra y oí una voz que me decía: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’ (…) Los que estaban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz que me hablaba».

Tras vivir esta experiencia, Pablo pasó de perseguidor de cristianos a convertirse en uno de ellos de una manera fulminante. Muchos especialistas explican este cambio tan radical a causa del golpe por la caída, que habría desencadenado en él una nueva percepción del mundo a semejanza de los casos que hemos venido analizando en este reportaje. Su cerebro habría empezado a contemplar la realidad de un modo distinto, entendiendo el mensaje de Jesús con una profundidad y originalidad inéditas y como ningún otro discípulo del Mesías lo había interpretado hasta la fecha. Por otra parte, lo cierto es que ninguno de los textos que describen el camino a Damasco menciona que Pablo viajara a caballo, tan solo que se cayó. Ha sido la imaginación popular la que acabó incorporando al equino en este caso de conversión súbita.

 

Para conocer más casos espectaculares de genios por accidente, hazte con el número 328 de Año Cero

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