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Vampiros psíquicos: un peligro real

Miércoles 21 de Marzo, 2018
Javier Arries ha recabado testimonios de víctimas de vampiros psíquicos, pero también se ha puesto en contacto con ellos y ha descubierto organizaciones secretas que enseñan a convertirse en depredadores energéticos.

A lo largo de mi vida he conocido a personas que por un lado emanaban cierta atracción incomprensible, pero por otro, después de estar junto a ellas o simplemente al pasar a su lado, me dejaban agotado, somnoliento, incluso con cierta desazón. Una de ellas en concreto me producía esa sensación de agotamiento, y solo durante los espacios de tiempo en los que no estaba cerca notaba algún alivio, como cuando te deshaces de una pesada carga». Seguro que este testimonio de David Fernández Martín, escritor al que hemos pedido que nos relatara su experiencia para AÑO/CERO, le resulta muy familiar a muchos de nuestros lectores. O este otro de la periodista Begoña Luhema:

«Solo su compañía era suficiente para debilitarme. La mayoría de veces entraba en un sopor como si me faltara sueño, estaba como aturdida y con poca agilidad mental, me sentía como una anciana de 90 años. Puede parecer exagerado, pero en mi caso era así». Esta clase de vivencias son tan habituales que enseguida viene un calificativo a nuestra mente: vampiros psíquicos.

En teoría, los vampiros psíquicos se alimentan de la energía vital de sus víctimas, una hipotética fuerza invisible que rodea y penetra a los seres vivos. Se trata de una creencia universal. Las palabras «alma» y «ánima» derivan del latín anima, y esta a su vez del griego ánemos (viento). El ánima es, por tanto, esa fuerza similar a un hálito, a un «soplo» semejante al aire e invisible como este. Este «aliento de vida» en hebreo se denomina nephesh, que significa literalmente «viviente», palabra que aparece con frecuencia en la Biblia. No en vano, el Creador dota de vida al hombre y a los animales soplando sobre ellos su propio hálito. Entre los egipcios ese poder que anima a los vivientes es el ka, que al abandonar el cuerpo provoca la muerte. Es también el prana: «aire que se inspira» de la tradición hindú, el cual se aglutina en centros llamados chakras mientras circula a través de ciertos canales invisibles denominados nadis. También podemos referirnos al qi, palabra china que significa, cómo no, «aire» o «aliento», el cual viaja a través de los kin, los canales o meridianos de la acupuntura.

La denominación de vampiro psíquico, tan popular en la actualidad, tiene un origen relativamente reciente. La expresión fue popularizada en los años setenta por Anton Szandor LaVey, el controvertido fundador de la Iglesia de Satán.

LaVey trató el tema del vampirismo psíquico en un capítulo de su obra La Biblia Satánica, aunque utilizó el término para referirse a personas manipuladoras que nos hacen sentir culpables sin razón aparente y que consiguen lo que quieren utilizando al prójimo y recurriendo a todo tipo de artimañas, incluida la lástima.

 

AUTODEFENSA MENTAL

No obstante, un manipulador no es alguien que necesariamente se alimente de nuestra fuerza vital. Se trata más bien de lo que algunos psicólogos contemporáneos denominan «vampiros emocionales», del mismo modo que se emplea el término «gente tóxica» para aquellas personas que nos transmiten sentimientos de tristeza, pesimismo, ideas negativas y estados de ánimo nocivos. Estos vampiros emocionales han sido objeto de estudio de psicólogos como el estadounidense Albert J. Bernstein, autor de un libro cuyo título es suficientemente claro: Emotional vampires (Vampiros emocionales).

LaVey tomó a su vez el término de una obra titulada Autodefensa Psíquica, publicada en 1930. Su autora, Dion Fortune, cuyo verdadero nombre era Violet Mary Firth Evans, fue una mujer muy activa y relevante en los medios ocultistas ingleses del siglo XX. Pero también se interesó por la psicoterapia. Estudió Psicología y Psicoanálisis en la Universidad de Londres y acabó trabajando como psicoterapeuta en la Clínica Médico-Psicológica de Brunswick Square. Tomando como base sus experiencias en los ámbitos médico y ocultista, terminó acuñando la expresión «vampiro psíquico». De hecho, según cuenta ella misma en su obra, emprendió sus estudios psicológicos y ocultistas tras ser víctima de uno de estos ataques.

«Mi cuerpo era como una batería eléctrica que había sido completamente descargada. Por largo tiempo no tuve reservas de energía».

Dion Fortune notó que cuando ella y otros estudiantes visitaban a ciertos enfermos, quedaban exhaustos, como si los hubieran vaciado. Asimismo tuvo la oportunidad de observar algunos casos en los que existía una relación tóxica entre dos personas, madre e hija, amigas, parejas… En la gran mayoría de los casos una de ellas estaba sana y emocionalmente fuerte y la otra mostraba un temperamento nervioso, debilidad general y tendencia a fatigarse al mínimo esfuerzo. Esta última, que también solía ser fácilmente sugestionable, era la que acudía al centro pidiendo tratamiento.

 

DEPREDADORES ENERGÉTICOS

Dion Fortune se dio cuenta de que el tratamiento era más efectivo si separaba temporalmente al sujeto dominado del dominante. Lo curioso era que entonces, paulatinamente, el más débil comenzaba a fortalecerse, mientras que el más activo de la pareja empezaba a dar signos de debilidad física y emocional.

Estos casos y otros que desde el punto de vista psicoanalítico trató como complejos de Edipo, los achacó a que «hay un derramamiento de vitalidad en marcha, y el asociado dominante está absorbiéndola más o menos conscientemente».

Precisamente, los casos más interesantes que he podido recopilar proceden también de profesionales de la medicina. Una de mis informantes, Silvia, auxiliar de enfermería que actualmente trabaja en un centro psiquiátrico, cree que algunos de sus pacientes absorben vitalidad de todo el que pasa a su lado. Silvia siente que después de tratarlos, llega a casa «exhausta, sin energía, como si hubiera estado picando piedras».

Otros compañeros suyos mencionan igualmente «habitaciones de ciertos enfermos en los que no están a gusto, en las que se sienten mal o notan una sensación de ahogo, así que prefieren evitarlas todo lo posible». Advierte además que esa sensación de cansancio físico no se produce, por ejemplo, en los paritorios, donde hay mucho más trabajo.

Silvia incluso ha observado que hay ciertos perfiles de pacientes que encajan mejor en la categoría de vampiro psíquico: «Cualquier enfermo puede ser un vampiro psíquico, pero la mayoría con los que me he encontrado eran personas de edad avanzada con pluripatologías, polimedicados, acostumbrados a salir de un episodio tras otro. Se recargan a partir de todo el que pasa por su habitación. Pienso que ellos no son conscientes ni de cómo lo hacen».

Según Dion Fortune, en la gran mayoría de los casos el que se nutre de la fuerza vital del otro es inconsciente de lo que está haciendo. Para este tipo de casos acuñó la expresión «parasitismo psíquico», mientras que prefirió reservar el término «vampirismo psíquico» para los casos en los que el sujeto es consciente de que es capaz de «alimentarse» de la vitalidad de otros.

Según la ocultista inglesa, estos vampiros psíquicos saben lo que hacen y practican técnicas que han aprendido como adeptos de corrientes mágicas oscuras; entre ellas la llamada Magia Póstuma, cuya práctica en vida daría al iniciado la posibilidad de que, al morir, pueda evitar la conocida como «segunda muerte», que acaba con la desintegración del cuerpo astral. La personalidad del adepto permanece así aferrada a ese doble etérico que queda apegado a este mundo. Para evitar la disolución del mismo debe sobrevivir absorbiendo la vitalidad de los vivos, lo que le permite existir en una zona intermedia entre este mundo y el otro.

La víctima de la que se alimenta siente a su vez un vacío psíquico que le lleva a vampirizar a otros para absorber de ellos la fuerza vital que a ella misma le están robando. De ese modo, mal que bien, la víctima primera sobrevive mientras alimenta al parásito del alma que lleva adherido.

 

PALIDEZ EXTREMA

A tenor de los testimonios que hemos recogido, a veces el vampiro psíquico es consciente de que el trato con ciertas personas le reanima, como si le inyectara vida. Leyre Villar, otra de nuestras informantes, nos relata así su experiencia:

«El caso que más me preocupa es el de una antigua compañera de trabajo. Viene a verme cuando se encuentra ‘baja’ de ánimo. Dice que un rato conmigo es como un ‘chute de energía’; lo que tampoco sé si comprende es que siento cómo me la absorbe a mí. Es una sensación difícil de explicar. Hay veces que me tengo que tumbar del bajón con el que me quedo».

Rosario Camino, otra de las personas a las que hemos entrevistado, nos relataba una experiencia con una dependienta de cierta tienda en cuya presencia, según sus palabras, «siento mucha presión en la cabeza, en la nuca, me falta el aire para respirar y tengo que irme. Un día me preguntó si estaba molesta con ella por alguna razón. Le dije lo que me pasaba. Se puso a llorar porque, según me dijo, había más clientas a las que les pasaba esto, pero que ella no sabía por qué». Por otra parte, cuando le preguntamos a David Fernández Martín –que nos relataba su historia al comienzo de este reportaje– si la persona que le dejaba exhausto era consciente de ello, nos respondió de forma tajante:

«Por supuesto que era consciente. De hecho, es muy aficionada a todo lo que tiene que ver con lo sobrenatural, y no tengo la menor duda de que es alguien ‘oscuro’, que juega con ello sin ningún escrúpulo. Al final pude deshacerme por mis propios medios de esa carga».

Pero no solo existen personas que están convencidas de que son vampiros psíquicos. En las últimas décadas, incluso se asocian entre sí en grupos más o menos cerrados. En los países de habla anglosajona se suelen autodenominar psy vamps, una forma abreviada de psychic vampires (vampiros psíquicos). Una de estas asociaciones, muy popular entre los seguidores de la denominada «subcultura vampírica» de EE UU, es House Kheperu. Tras este «grupo de trabajo» –como ellos mismos se denominan–, organizado en un sistema jerárquico de castas o grados (Sacerdotes, Consejeros y Guerreros), está Michelle Belanger, una psi vamp estadounidense de 44 años que ha publicado varias obras sobre el tema. La más conocida es The psychic vampire codex (El código del vampiro psíquico), un texto escrito con el objetivo de que los vampiros psíquicos puedan reconocerse como tales y en el que se describen técnicas de vampirismo mental seguidas por grupos dispersos por EE UU, Canadá y Europa.

 

RITUALES SECRETOS

En los grupos organizados como House Kheperu, los neófitos son iniciados en técnicas para ver el «campo de fuerza vital» del otro –su aura– y manipular la energía propia y de los demás. Se les enseñan técnicas de concentración y visualización. En algunas de ellas, el vampiro neófito se ve a sí mismo desplegando filamentos oscuros y agudos que parten de su aura y penetran en la de su presa, creando una herida a través de la cual pueden aspirar su vitalidad. Otros ejercicios están destinados a enseñarles a «aspirar» a través de la boca y las manos, o a «conectarse» chakra a chakra con su víctima.

En algunos casos, si la absorción es excesiva, la víctima puede incluso caer en estados de sopor, perder la conciencia y hasta sentir molestias físicas. La periodista Begoña Luhema, que nos narraba anteriormente una experiencia propia, también vivió la siguiente: «Un día, cuando estaba en compañía de un vampiro psíquico, comencé a sentir un nerviosismo extraño, temblores, un intenso dolor de estómago… Después de ese encuentro tuve otros en los que padecí nauseas, mareos y vómitos». No es el único caso de esta clase. Otra de nuestras informantes, Mercedes Peraita, nos habló de una compañera que conseguía agotarla solo con estar a su lado durante cinco minutos:

«Cada vez que estaba en casa con ganas de charlar, me dejaba exhausta. A los pocos minutos de hablar con ella, empezaba a sentir mucha flojera, dolor de cabeza y hasta mareos. En alguna ocasión tuve que cortar la conversación para ir a tumbarme y recuperarme».

No sólo se instruye a los psyvamps novatos para que depuren sus técnicas de alimentación psíquica. también pueden utilizar en dirección opuesta la compenetración que crean con la presa. Es decir, en lugar de absorber su vitalidad, perforan su aura para «inyectar» en ella ideas, pensamientos, emociones… Se les enseña a utilizar la fuerza vital que han absorbido para proyectarla, «coloreándola » con diferentes ideas y sensaciones para obtener distintos propósitos, desde sanar a dañar.

 

MAGIA VAMPÍRICA

A veces el componente mágico se mezcla con lo religioso en los grupos organizados de vampiros psíquicos. Tal es el caso de The Kemetic Order Of Aset-Ka, una asociación mucho más hermética y elitista que House Kheperu, con la que han tenido ciertos enfrentamientos y polémicas, pese a que comparten muchas ideas; entre ellas la creencia de que el vampirismo tiene su origen en el Antiguo Egipto. Mientras que los miembros de House Kheperu son dados a aparecer en los medios de comunicación y a mostrarse abiertamente, los de The Kemetic Order of Aset-Ka prefieren ampararse en el secreto.

Kem es la palabra con la cual los antiguos egipcios designaban a su propio país. El ka es, como ya vimos, el doble de cada persona que anima al cuerpo físico. En cuanto a Aset, es un vocablo egipcio que significa «Trono» y también el nombre de una diosa egipcia, Isis, la Gran Maga. La diosa habría sido la fundadora de la Orden en un tiempo llamado Sep Tepy, el Primer Tiempo, una Edad de Oro anterior al Egipto dinástico.

Este grupo cuenta con una importante presencia en la península Ibérica, especialmente en Portugal, donde tiene su sede principal en la ciudad de Oporto. Está organizado de forma jerárquica en un sistema de grados, a través de los cuales los neófitos van avanzando según adquieren conocimiento y experiencia.

Su libro sagrado es The Asetian Bible (La Biblia de Asetia). En el seno de la Orden se estudia sobre todo Magia Tradicional orientada al vampirismo. Y no solo al psíquico. Entre sus prácticas también se incluye el consumo de sangre extraída de donantes voluntarios.

Se vincula al llamado Sendero de la mano Izquierda y con las corrientes más oscuras del ocultismo. Sus miembros practican magia egipcia, pero también estudian y trabajan la Magia del Caos –el sistema mágico de Aleister Crowley–, la brujería medieval y técnicas orientales para manipular el prana o el ki. Todo ello con el vampirismo y la manipulación de la «energía vital» como aglutinante básico. Los miembros de la Orden creen en la reencarnación y este es el núcleo de sus creencias religiosas. Investigar en sus vidas pasadas es otra de sus prioridades. La meta última es alcanzar la inmortalidad del alma.

Según su credo, un «vampiro antiguo» puede convertir a un mortal mediante un ritual iniciático llamado «El Beso Oscuro». Después de esa iniciación tiene lugar un largo proceso llamado «El Despertar», en el que el neófito va tomando conciencia de su nueva condición.

Los miembros más avanzados de la Orden, los asetianos, llevan una marca tatuada de forma ritual en la muñeca izquierda, conocida como «la marca oscura». Se trata de un sigilo, un talismán diseñado por la propia diosa Aset. Otra organización con tintes religiosos es el Templo del Vampiro, inscrita como religión reconocida en EE UU desde diciembre de 1989. Su fundador es Lucas Martel.

Esta peculiar Iglesia incluso tiene su propio libro sagrado, titulado The Vampire Bible (La Biblia del Vampiro). Los miembros de esta religión vampírica, también muy elitista y jerarquizada, creen en la existencia de unos seres superiores que identifican con los antiguos dioses sumerios, los Anunnaki, entidades inmortales y poseedoras del secreto de la vida eterna. Esas son las deidades a las que rinden culto. Creen asimismo que entre los humanos hay algunos que son superiores a otros porque su material genético está más próximo a los ancestrales Dioses No Muertos. Estos «niños perdidos», como ellos los llaman, se sienten diferentes y están esparcidos sobre la Tierra.

 

ESCLAVIZAR A LA HUMANIDAD

Una de las metas del Templo del Vampiro es reunirlos para enseñarles a ser conscientes de lo que son y de su superioridad respecto del resto de los mortales, y ponerlos en contacto con los Dioses No Muertos. Para ello, en un ritual iniciático que ellos mismos califican de terrible, los dioses vampiros tomarán la vida del aspirante, su flujo vital, y se lo devolverán transmutado. Conscientes de su origen y de su poder, los nuevos vampiros psíquicos contemplarán al resto de los seres humanos como a esclavos, ganado del que es lícito alimentarse absorbiendo su fuerza vital, lo que además de nutrirse les dará la oportunidad de acrecentar los poderes psíquicos que les distinguen del resto de la humanidad.

En definitiva, existan o no la fuerza vital y el vampirismo psíquico, me gustaría terminar este reportaje con una reflexión. Se trata de asuntos muy resbaladizos y requieren que los observemos con precaución para no dejarnos llevar y acabar discriminando a los débiles, a los deprimidos, a los que necesitan ayuda. En muchos casos se trata de experiencias subjetivas, de modo que corremos el riesgo de estigmatizar a personas que realmente no nos han hecho nada.

 

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