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ASTURIAS: LA RUTA DE LOS SERES IMPOSIBLES

Martes 21 de Julio, 2015
Territorio donde la tradición pagana todavía continúa viva en sus gentes, Asturias ofrece enclaves que todo aficionado al misterio debe visitar. En este reportaje, extracto del libro "50 lugares mágicos de Asturias" (Cydonia) –obra que recorre enclaves sagrados, milagros, ritos y leyendas–, proponemos un viaje por algunos sitios de dicha región donde moran entidades sobrenaturales o lo imposible se hace real… Que lo disfruten pasando páginas o, incluso mejor, pisando los lugares propuestos. Por David Madrazo

En el extremo occidental asturiano se encuentra la villa de Tapia de Casariego, también capital del concejo del mismo nombre. De milenaria tradición marinera, su emplazamiento y las condiciones climáticas han resultado siempre favorables para el asentamiento, calidad de vida y desarrollo de la población al borde de la costa. Prueba de ello son los numerosos castros repartidos por su concejo, que demuestran la presencia humana en épocas muy pretéritas. La tradición mantiene que la etimología de su nombre deriva en parte del reconocimiento como «Puerto de las Tapias» desde tiempos inmemoriales. En cuanto a Casariego, proviene del nombre del ilustre Fernando Fernández-Casariego y Rodríguez-Trelles, que en 1863 consiguió que se aprobase la transformación de la pequeña villa –que hasta entonces pertenecía a Castropol– en un concejo totalmente nuevo, al que también dotó de edificaciones históricas e indispensables para su progreso.
La villa marítima posee en la actualidad una gran reputación en todo el occidente asturiano como lugar vacacional y de ocio, sobre todo en época de verano. En la plaza de la Constitución se ubica la estatua de Fernando Fernández-Casariego junto a otras edificaciones monumentales. Según la tradición popular, bajo esta efigie circula un túnel que está muy vinculado a uno de los mitos menos conocidos de la provincia: el del home marín, hombre marino u hombre pez.  

EL ESCONDITE DEL HOMBRE PEZ
Los más ancianos de Tapia recuerdan perfectamente una tradición que circulaba de boca en boca. Donde hoy se encuentra la estatua del marqués de Casariego, existía un túnel que desembocaba en las cuevas de la playa de La Furada. Allí vivió una temporada, o se presupone que se escondía, el mítico home marín. Según recogió el etnólogo y escritor Alberto Álvarez Peña, los niños se asomaban a la entrada de la gruta a gritar: «Home marín, sal de la cueva ya y cómeme a mí». Era común que, en ocasiones, este ser destrozase las redes de los pescadores de la zona en busca de alimento… (Continúa en AÑO/CERO 301)
 

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