Se encuentra usted aquí

Castillos y monasterios encantados

Lunes 12 de Junio, 2017
La investigadora Sol Blanco-Soler aborda en su libro Casas encantadas, tesoros y niños perdidos: los nuevos casos del grupo Hepta (CÚPULA, 2014) algunos de los casos más apasionantes que ha investigado junto al grupo HEPTA

En Londres (Inglaterra), junto al río Támesis, a la altura del puente colgante, se encuentra una antigua construcción conocida por todos como la Torre de Londres. Se dice que esta edificación, con aspecto de castillo imponente y tétrico, es el lugar más encantado de la tierra, por la cantidad de personajes que fueron ejecutados en ella, desde ladrones comunes a reyes, príncipes y princesas, durante sus novecientos años de historia.

Entre las diversas apariciones que tienen lugar en la torre se encuentra una clásica que viene manifestándose desde el siglo XVI. Se trata de Lady Jane Grey, una mujer rompedora para su época que intentó provocar un aborto real para poder usurpar el trono, cosa que no consiguió y que le costó la vida.

Varios testigos afirman que han visto a Ana Bolena salir del cuarto donde estuvo confinada antes de su ejecución, curiosamente con su propia cabeza entre las manos. La torre tiene una larga historia de sangre y muerte.

Entre sus muros, en 1483, fueron asesinados dos príncipes adolescentes: Eduardo V, de doce años, y su hermano Ricardo, duque de York. En una revuelta política fueron encarcelados en la torre, y aunque oficialmente no fueron ejecutados, sí fueron silenciados en secreto. Se sospecha que fue su tío el duque de Gloucester, el que más tarde sería Ricardo III, el responsable de tamaño magnicidio. A pesar de las intrigas, la verdad termina viendo la luz y un día de 1674, al realizar unas obras, los obreros se encontraron con un cofre que contenía los esqueletos de dos niños. Desde ese día nunca más volvieron a verse los fantasmas de estos adolescentes.

SANTA MARÍA LA REAL
Se dice que su origen se remonta a los visigodos, cuando un noble, Teodomiro, se retiró con otros nobles a este valle para llevar una vida de ermitaños en once capillas. El emperador Alfonso VII, rey de Castilla y León, otorgó en 1150 a los monjes eremitas mozárabes que habitaban el madrileño valle de las Iglesias un privilegio real por el que se fundaba el monasterio de Valdeiglesias bajo la Regla de San Benito. La Orden del Císter permaneció en el monasterio hasta la desamortización de Mendizábal, en 1836. Es entonces cuando el monasterio cayó en manos particulares que dispersaron sus tesoros, lo abandonaron y dejaron en ruinas. En 1974 fue adquirido por el arquitecto madrileño Mariano García Benito, que comenzó su recuperación. En febrero de 1984 se declara monumento de interés histórico-artístico con carácter nacional, quedando así definitivamente protegido.

En 2003, el monasterio pasa a ser propiedad del pueblo de Pelayos de la Presa por donación gratuita de su propietario. Los siete siglos de historia del edificio reflejan varios estilos arquitectónicos surgidos de sus diferentes etapas. Podemos observar un románico mudéjar, estilo císter, gótico, gótico florido, trozos renacentistas y barroco madrileño. Existe la leyenda de que un escultor llamado Rafael de León se refugió en el monasterio huyendo de la justicia. En Toledo, donde residía con su mujer, doña Elvira, había asesinado a su aprendiz en un arrebato de celos. Continúa la leyenda asegurando que el espíritu de doña Elvira vuelve al monasterio para visitar los restos de su marido. Parece improbable esta parte de la leyenda, porque doña Elvira murió en Toledo, y a su cabecera estuvo su marido, que acudió solícito cuando supo de su gravedad.

La verdad es que el monasterio es grandioso y puede apreciarse la labor de reconstrucción que ha realizado el arquitecto Mariano García Benito. Naturalmente, queda aún muchísimo por hacer, porque la labor de consolidación que ahora se realiza es un proceso largo y costoso. A lo largo de la mañana soleada de invierno estuvimos recorriendo el recinto, ambientados por una música gregoriana de fondo. Varias cigüeñas tableteaban con sus picos posadas en algunas de las arcadas de la iglesia que aún se mantienen, y que contrastaban con el azul del cielo como un costillar pelado.

Nuestro anfitrión disfrutaba resaltando detalles que sin su buen conocimiento podrían haber pasado inadvertidos. Tanto la sensibilidad de Paloma como las mediciones de Lorenzo revelaron que existían muchos puntos de enterramiento. Suponemos que todos los miembros de la orden, a lo largo de los siete siglos, fueron inhumados en el centro del claustro y en sus laterales. También detectaron varias tumbas bajo las ruinas de la iglesia. Después de comer, volvemos al monasterio para realizar la investigación parapsicológica. Esta vez entramos en la zona que el arquitecto Mariano García Benito ha restaurado, convirtiéndola en vivienda. Nos distribuimos alrededor de una mesa rectangular y Paloma saca la bola de su bolsillo. Aparece un monje alto y enjuto con las manos metidas en el escapulario de su hábito, no habla nada y suponemos que era miembro de la Orden del Císter. También Paloma consigue visualizar una gran escaramuza bélica en el 1215, en el recuadro de césped que hay a la entrada. Hay gentes de armas en el monasterio. Como si de un caleidoscopio se tratara, las imágenes de la bola cambian y puede verse en ella a miles de obreros trabajando en las obras del monasterio en el siglo XIV. Parece ser que hubo un gran incendio en el edificio en esa época. Cuando todavía no se habían acabado las obras, hay imágenes muy claras de una pugna entre el abad y otro monje. El abad termina muriendo y los indicios revelan que su muerte pudo ser provocada. El monasterio recibía huéspedes importantes muy a menudo. San Bernardo de Claraval, fundador del Císter, tenía mucha conexión con él y muchos viajeros franceses pernoctaban en él, utilizándolo como refugio seguro en sus viajes. Un rey muy importante, que pudo ser Pedro I el Cruel, estando en el monasterio recibió un recado que le comunicaba que un maestre de Calatrava había retado al rey moro de Córdoba. Don Pedro se echó las manos a la cabeza por tamaña insensatez y porque el rey moro había ganado el pulso.

EL EMBRUJO DE BOMARZO
En pleno corazón del Lacio, cerca de la ciudad de Viterbo y a ochenta kilómetros al norte de Roma, existe un lugar inquietante y lleno de misterio. Hablamos del castillo de Bomarzo y del parque que lo rodea. El castillo tiene fama de embrujado porque fue el refugio de los Orsini, poderosos señores del Renacimiento, temidos por su crueldad. El parque que rodea este edificio del siglo XV es llamado el parque de los monstruos. Salvador Dalí dijo de él que era una fantasmagoría proyectada en lo real. En este espacio, la vegetación compite en exuberancia con las formas extravagantes de los monumentos que siguen las curvas del terreno y arrastran al paseante por una espiral de pesadillas. La entrada al recinto es despejada y el camino desemboca en un templete. Luego, siguiendo la senda, te das cuenta de que el camino es un camino iniciático, donde vas pasando por símbolos de piedra: el can Cerbero de tres cabezas, guardián del Umbral, dos osas erguidas sobre sus patas traseras, que nos recuerdan el nombre del poderoso Orsini, dos mujeres sirenas, una de sonrisa enigmática y otra mitad murciélago. Unos pasos más adelante, un gigante descuartiza a una mujer cuyo cuerpo está caído cabeza abajo. Se cree que el escultor se inspiró en el coloso de Rodas porque a su lado, en el flanco de una roca, semiborrada por el liquen, hay una inscripción que dice: «Si Rodas está orgullosa de su Coloso, yo tengo mi bosquecillo de Bomarzo que no es un motivo de menor orgullo».

Todo en el bosque de Bomarzo es inquietante, porque puedes contemplar una tortuga con un jarrón invertido sobre su coraza, un Pegaso alado o una ballena al lado de una rueda de molino en posición diagonal. También una casa inclinada, de donde tienes que huir al exterior por la angustia que produce, un dragón que lucha contra dos leones, y en un recodo te encuentras con la Muerte devoradora, un monstruo con sus fauces abiertas dispuesto a la dentellada. Bomarzo reúne todos los ingredientes de un santuario: cavernas, agua y árboles, y muchos de sus símbolos tienen origen alquímico. En algunos momentos de la historia, grandes familias como los Orsini, los Borghese, los Poniatowski y los Della Rovere han sido dueños de este parque de los monstruos, pero todos sus archivos guardan silencio sobre el bosque misterioso. Se ha especulado con la existencia de una sociedad secreta muy cerrada, de origen veneciano, que habría impuesto silencio absoluto a sus miembros.

Seguimos preguntándonos: ¿qué sentido tiene esta extraordinaria decoración? Quizás la respuesta esté en el principio hermético: buscar siempre.

DOMINANDO EDIMBURGO
Dicen de Edimburgo que es la joya de la corona, de la Corona de Escocia, se entiende. En la ciudad de Edimburgo, como en todas las ciudades europeas, se entremezclan monumentos y edificios que muestran por sí solos las diferentes etapas de su historia. Princess Street es la arteria comercial de la ciudad y concentra en ella casi todo el tráfico. En esta calle, los escoceses rinden homenaje a Walter Scott, el insigne novelista, con un monumento de inspiración gótica. Muy cerca, la es un tierno homenaje a su eficacia y fidelidad. Todos los días, a la una de la tarde, tiene lugar en el castillo un rito muy antiguo que consiste en el disparo de una salva de cañón. De este modo los ciudadanos de Edimburgo pueden ajustar sus relojes, aunque parece ser que esta tradición se remonta a la época en la que los veleros ajustaban sus cronómetros enfocando el castillo con sus catalejos. Naturalmente, todo castillo escocés que se precie tiene que tener fantasmas, y los centinelas hablan de escuadrones de espectros. Dicen que son parte de un destacamento de soldados que murió defendiendo el castillo del ataque de Cromwell. Se oyen los tambores y también los compases rítmicos de sus botas, siempre al filo de la medianoche. También han sido vistos varias veces un mayordomo a quien su amo, el duque de Gordon, apuñaló en 1689, el vizconde Dundee, muerto en combate por la misma época, y un tamborilero descabezado que provoca el horror a los vigilantes nocturnos.

Pero el fantasma más famoso de este castillo es el de un gaitero. Se dice que durante unas obras que se realizaron en el edificio apareció la entrada de un túnel. Para averiguar su longitud, se ordenó a un tatua de Livingstone parece esperar todavía al intrépido Stanley. Muchos son los escoceses que han pasado a la historia, porque además de Walter Scott y Livingstone, en otros puntos de la ciudad encontramos los monumentos dedicados al poeta Browning, a John Knox, Conan Doyle o Stevenson.

Dominando Edimburgo desde su atalaya, el castillo, como surgido de las rocas por generación espontánea, representa la lucha que mantuvieron muchos siglos los escoceses e Inglaterra. En este castillo vivió María Estuardo, y entre sus muros nació su hijo, que por poco tiempo reunió sobre su cabeza las coronas inglesa y escocesa, en 1603, a la muerte de la reina Isabel I. Es curiosa esta pirueta del destino, porque la reina Isabel mandó ejecutar a María acusándola de diferentes intrigas, aunque en realidad el motivo fue el temor de que María y sus descendientes pudieran arrebatarle el trono.

Hoy, el castillo de Edimburgo es cuartel general de una división escocesa, y dentro del recinto puede visitarse un museo militar. Cerca de las almenas y debajo de una de las murallas existe un pequeño cementerio en donde desde hace muchos años los miembros de la guarnición entierran a sus perros en es un tierno homenaje a su eficacia y fidelidad. Todos los días, a la una de la tarde, tiene lugar en el castillo un rito muy antiguo que consiste en el disparo de una salva de cañón. De este modo los ciudadanos de Edimburgo pueden ajustar sus relojes, aunque parece ser que esta tradición se remonta a la época en la que los veleros ajustaban sus cronómetros enfocando el castillo con sus catalejos. Naturalmente, todo castillo escocés que se precie tiene que tener fantasmas, y los centinelas hablan de escuadrones de espectros. Dicen que son parte de un destacamento de soldados que murió defendiendo el castillo del ataque de Cromwell. Se oyen los tambores y también los compases rítmicos de sus botas, siempre al filo de la medianoche. También han sido vistos varias veces un mayordomo a quien su amo, el duque de Gordon, apuñaló en 1689, el vizconde Dundee, muerto en combate por la misma época, y un tamborilero descabezado que provoca el horror a los vigilantes nocturnos. Pero el fantasma más famoso de este castillo es el de un gaitero. Se dice que durante unas obras que se realizaron en el edificio apareció la entrada de un túnel. Para averiguar su longitud, se ordenó a un gaitero que lo recorriera tocando su gaita. De este modo, los que estaban arriba en la superficie podían guiarse por su música y trazar el recorrido. Cuando el sonido llegaba a la Milla Real, la música del gaitero se paró en seco, y cuenta la historia que nadie se atrevió a recorrer el túnel en busca del hombre. Aterrorizados, prefirieron cegar el túnel, dejando al músico abandonado a su suerte.

DE REYES Y FANTASMAS
El castillo de Glamis está situado en Angus, al norte de Edimburgo. El castillo fue construido en el siglo x, para que en él vivieran los reyes de Escocia, y fue restaurado varias veces a lo largo de su vida. En el siglo XVIII los cambios le otorgaron el aire de château francés que tiene en nuestros días. Del castillo de Glamis, Walter Scott llegó a decir que su propio ambiente es denso como los misterios de su pasado. La verdad es que el edificio impone, porque parece haber surgido de las páginas de un cuento de hadas, con sus torres circulares rematadas en punta. Pero no debemos sucumbir al espejismo, porque Glamis es uno de los lugares que han visto más sangre derramada y más tragedias personales en todo el Reino Unido, y en el que los fantasmas son algo admitido como la cosa más natural del mundo. Shakespeare sitúa en el castillo de Glamis el asesinato del rey Duncan.

El autor describe una escena violenta y llena de sangre, y a lo largo de los años, Glamis ha ido acumulando leyendas, apariciones y asesinatos que han mantenido su aureola de misterio sobrecogedor. La condesa Grandville recordaba que cuando vivía en Glamis, los niños se despertaban por la noche llamando a sus madres porque un fantasma se había inclinado sobre ellos. La verdad es que fuera de leyendas, su historia acumula hechos terroríficos. El rey Malcolm II fue asesinado a puñaladas, y en el suelo de esa habitación, y durante más de varios siglos, una mancha de sangre reaparecía cada vez que se quería eliminar. Es de suponer que en este hecho pintoresco se inspiró Oscar Wilde para su fantasma de Canterville. Sin embargo, Lady Strathmore, la abuela de la reina actual, Isabel II, zanjó el asunto de la mancha maldita e indeleble con pragmatismo: sencillamente hizo cambiar el suelo de la habitación. Para muchos, el mayor misterio de Glamis es la existencia de una habitación secreta. Se cuenta que un día, un grupo de la familia Ogilvy, huyendo de sus enemigos los Lindsay, llegó a Glamis y pidió asilo. Se les dio refugio en una habitación hundida en lo más profundo del edificio y el señor de Glamis les prometió que allí estarían a salvo de sus perseguidores. Sin embargo, el señor de Glamis tenía algunas cuentas pendientes con los Ogilvy, y cuando los encerró en la habitación- refugio cerró con llave, y cerrada quedó durante más de un siglo. Pasados unos cien años, otro señor de Glamis tuvo curiosidad por abrir la puerta y descubrió los esqueletos de los Ogilvy. Quizás para tapar la fechoría de su predecesor tapió la entrada, ocultando la existencia de la habitación para los siglos venideros. Algunos testigos afirman haber visto a la doncella chismosa, una chica de servicio a la que cortaron la lengua por haber criticado a uno de los señores de Glamis. También es famoso el Monstruo, un ser deforme, al parecer hijo del conde de Strathmore, que vivió en el castillo en el siglo XVIII. Fue recluido y oculto al mundo en un lugar secreto donde vivió muchos años, hasta su muerte. Sus apariciones se justifican como protesta porque fue su hermano pequeño el que usurpó el título que le pertenecía.

Puede que el castillo de Glamis sea el único en Escocia que tiene un fantasma de color. Es una historia tierna y triste al mismo tiempo.

Se cuenta que entre el servicio del castillo había un joven de color que hacía las veces de sirviente de la reina madre y solía sentarse a la puerta de la salita, en un poyete de piedra, hasta que le relevaban. Pero un día se olvidaron del chico y nadie vino para hacer el relevo. Como no se atrevió a desobedecer, allí se quedó sentado esperando. Iba poco abrigado, por ser de rango inferior al resto del servicio, y la temperatura gélida de la noche terminó con su vida. El pobre murió de hipotermia. A pesar de tanta tragedia y tantos fantasmas, la reina madre –madre de Isabel II– vivió allí largas temporadas, y su hija Margarita nació en el castillo. Quizás los aires del siglo XXI han tranquilizado a sus espectros y fantasmas, y el visitante puede recorrerlo, tomarse un café en su cafetería y comprar recuerdos en las tiendecitas de regalos.

HEREJES EN MONTSEGUR
Durante los casi mil años que duró el periodo que conocemos como la Edad Media, surgieron en toda Europa centenares de herejías. La que afectó más a la Iglesia católica fue el catarismo, que en pocas décadas se extendió por una buena parte de la Europa meridional, además de transmitirse por Alemania e incluso por Inglaterra, aunque muchos los relacionan con el Languedoc francés. Al margen de las tradiciones heredadas de Oriente, los cátaros fueron también influenciados por los celtas y su religión. Por esta razón veneraban los lugares mágicos de la naturaleza y a los árboles que consideraban sagrados, especialmente el roble y el ciprés, junto con la palmera. El pelícano encarnaba la abnegación y el sacrificio por los demás, algo que practicaban los cátaros, y la paloma era su símbolo, el signo de los hombres puros. En el siglo XII, los albigenses o cátaros representaban un movimiento que buscaba la purificación de la Iglesia de la época, a la que consideraban sumida en la impureza y la corrupción. Los cátaros se consideraban los cristianos puros y predicaron, lucharon y murieron por defender el regreso de la Iglesia a la doctrina y a la forma de vida originales, muy alejadas de la corrupción y del materialismo que las habían invadido.

Los cátaros rechazaron la creencia en el infierno y en la resurrección de la carne, no aceptaban la jerarquía eclesiástica y la posesión de bienes por la Iglesia y negaban la validez de los sacramentos.

Los cátaros dejaron un gran número de testimonios sobre su existencia en piedras, obeliscos y estelas discoidales que no representaban cruces porque los cátaros tenían serias dudas sobre el suplicio de Cristo. Estas estelas, sin embargo, representaban otros valores: caras, manos o discos solares. El Castillo de Montsegur fue el lugar donde los cátaros se refugiaron en 1242, y donde preservaron el Tesoro Cátaro, con el Santo Grial incluido, cuando las tropas de la Inquisición decidieron dar un castigo ejemplar a los herejes tras el Concilio de Narbona (1235). Fueron flagelados y ajusticiados, quemados en hogueras e introducidos en calderos hirviendo. Desde entonces, ese lugar es llamado el «camp dels cremats». Los restos del castillo de Montsegur todavía se alzan cerca de la localidad francesa de Foix. La impresionante fortaleza se encuentra en la cima de una montaña de l.207 metros de altura, y la pregunta que viene a la mente cuando se observan sus ruinas es: ¿cómo lo construyeron?

Existen muchos más enigmas en este castillo. Los castillos suelen tener puertas más bien pequeñas por necesidades de estrategia. Sin embargo, Montsegur tiene una puerta gigantesca que se opone frontalmente a todas las medidas propias de la defensa. Las murallas de estos edificios tienen un grosor uniforme a su alrededor, pero Montsegur tiene el doble de grosor en su parte oriental. Las escaleras interiores de los castillos adosadas a los muros suelen ser amplias y anchas, para facilitar el movimiento de las tropas. ¿Por qué Montsegur tiene unas escaleras tan pequeñas que ningún soldado podría pasar por ellas para acceder a las almenas y al combate? Sencillamente, porque este castillo no tiene almenas. Suponer que eran de madera es un absurdo, puesto que en esa época se utilizaban flechas ardientes y bolas de fuego con las catapultas. Pero si no existían las almenas, ¿adónde conducían las escaleras estrechas? Los accesos a los torreones siempre eran interiores, para impedir la entrada a los no esperados. Pues a la torre de Montsegur se accede por fuera.

El historiador francés Napoléon Peyrat confirmó que existían unas cisternas para el aprovisionamiento de agua de la fortaleza, pero también que del interior de una de ellas partían unas escaleras con tres mil peldaños que descendían hacia el interior de la montaña. ¿Por qué no utilizaron los cátaros esta salida de emergencia para huir de la Inquisición?

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario