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EL ENIGMA DE LA ZONA DEL SILENCIO

Jueves 17 de Marzo, 2011
José Manuel Frías e Iván Iglesias
Ciudades subterráneas de descendientes de los mayas, animales mutantes, anomalías electromagnéticas, meteoritos erráticos y naves estrelladas, avistamientos de objetos no identificados y de misteriosos humanoides… Son muchas las historias –fidedignas o inventadas– que circulan en torno a este enigmático enclave situado en los alrededores de Durango. Nos hemos trasladado hasta allí para investigar qué convierte en tan singular a la “Zona del Silencio”.
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Zona central del Bolsón de Mapimí, en el Vértice del Trino, entre los estados mexicanos de Durango, Coahuila y Chihuahua. Señalada por los paralelos 26 y 28 latitud Norte y los meridianos 104 y 106 longitud Oeste. Éstas no son las coordenadas de un lugar cualquiera. Se trata de la ubicación de uno de los enclaves más inquietantes de nuestro planeta, bautizado como «Zona del Silencio».
En su área de influencia, delimitada por la singular Sierra del Diablo y surcada por peligrosos bancos de arena que atrapan los vehículos de visitantes desprevenidos, sobresale el cerro de San Ignacio, pétreo baluarte visible desde kilómetros a la redonda.
Sin embargo, pese a la dureza de su entorno, la Zona del Silencio acoge una rica variedad de flora y fauna, tanto que, allá por 1978, la UNESCO decidió crear la Reserva de la Biosfera de Mapimí, donde la cooperación internacional es visible a través de la labor de numerosos científicos procedentes de EE UU, Rusia, Francia y Holanda.
Algunos aseguran que la naturaleza intrínseca de este árido desierto, con temperaturas veraniegas por encima de los 45ºC a la sombra y rodeado por montañas con morfología volcánica, lo convierten en un escenario tan sugerente como las pirámides de Egipto, el Triángulo de las Bermudas o el templo tibetano de Potala. No les falta razón.
Pero, ¿qué sucede realmente en la Zona del Silencio? ¿Por qué se ha convertido en punto de encuentro de místicos, magos y chamanes?… (Continúa en AÑO/CERO 235).
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