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GUÍA DE LA ESPAÑA TEMPLARIA

Martes 22 de Septiembre, 2009
Xavier Musquera

Basándose en la simbología y mensajes ocultos que los templarios nos legaron en forma de iglesias, ermitas, encomiendas o castillos, Xavier Musquera propone en su fascinante obra “Los templarios en España” (Nowtilus, 2007) –de la que tomamos el presente reportaje– un viaje por nuestra Piel de Toro, en busca del legado espiritual de la Orden.
Recorrer nuestra geografía para buscar posibles huellas templarias es una labor compleja, pues los documentos no abundan y, por tanto, el trabajo de campo resulta obligado, aunque siempre acompañado por consultas en archivos y bibliotecas.

Si el camino de Santiago se conoce como «camino de las estrellas», al templario podríamos denominarlo «camino de las cruces». Y ello nos obliga a sumergirnos en un auténtico problema, porque ni siquiera los más sesudos investigadores están de acuerdo en el modo de identificar dichas cruces.

En 1446, el Papa Eugenio III aprobó el «distintivo» de los templarios: una cruz que debían llevar sobre el hombro izquierdo; pero, lamentablemente su forma no fue indicada. La más conocida de todas, la paté, denominada también cruz celta por su semejanza con las que se hallan en tierras irlandesas, se presenta generalmente como la griega de brazos iguales, pero dentro de un círculo que evoca el disco solar. Está presente en algunos edificios que se consideran perteneciente al Temple. Dicha cruz posee otras hermanas, como las de las ocho beatitudes, adoptada durante el maestrazgo de Robert de Croan y conocida más tarde como de Malta. Ésta se convirtió en base de un alfabeto secreto utilizado en numerosos documentos, algunos de los cuales se conservan en la Biblioteca Nacional de París. Otras cruces son esa misma paté con los extremos alveolados o incluso flordesilada.
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