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Guía mágica del país vasco

Martes 10 de Junio, 2014

En este reportaje mostramos algunos del medio centenar de enclaves enigmáticos que se dan a conocer en «50 lugares mágicos del País Vasco» (Cydonia, 2014), libro de reciente publicación. Fenómenos extraños, milenarias tradiciones, seres mitológicos, milagros, apariciones fantasmales o rituales ancestrales componen el mapa misterioso de una tierra en la que los mundos invisibles todavía perviven con inusitado vigor en pleno siglo XXI.

Se dice que los primeros transeúntes del túnel de San Adrián fueron los pastores de la Edad del Bronce hace 3.800 años, quienes recorrían con su ganado los pastos entre los montes de Aizkorri y Aratz. Esta caprichosa oquedad de la naturaleza constituyó durante siglos una vía de paso obligado para aquellos que llegaban desde los Pirineos. Sus caminantes eran de diversa condición: reyes, nobles, militares, mercaderes y hasta contrabandistas. Algunos cronistas se aventuraron a relatar que las legiones romanas se internaron en la antigua Iberia a través de una calzada que discurría por el paso, que después se llamaría túnel de San Adrián.

La calzada que actualmente vemos en esta frontera natural que delimita las provincias de Álava y Guipúzcoa data del siglo XI y fue decisiva en el tráfico de peregrinos. A partir del XIII esta ruta gozó de una intensa actividad, al convertirse en el principal itinerario entre Castilla y el resto de reinos europeos. En esa época se construyó un castillo, una ermita (no la que existe actualmente) y hasta una posada en el interior del túnel, complejo que estaba custodiado por guardias y gobernado por un alcaide. Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en la zona han delatado que el castillo era una importante fortificación destinada a controlar esta vía de comunicación, que estuvo en funcionamiento hasta finales del siglo XVI. La guarnición de la fortaleza protegió a muchos caminantes de los numerosos bandidos que estaban al acecho.

Saliendo de la cueva en su vertiente alavesa, había una picota donde se ejecutaba a los delincuentes, dejando durante un tiempo sus cadáveres a la vista para que cundiera el ejemplo. Para iniciar la ruta por la zona alavesa debemos tomar como referencia el pueblo de Zalduondo, donde entraremos en un camino asfaltado hacia el paraje de Zumarraundi. Se puede recorrer en coche hasta alcanzar una gran explanada. Allí comienza un sendero con una gran pendiente que acaba cruzándose con la antigua calzada que parte desde el túnel. El estado actual del mismo es muy distinto del original, puesto que un incendio acabó con sus dependencias. De hecho, la ermita que actualmente se encuentra dentro del túnel se construyó en el siglo XIX. Es más, la calzada discurría en el interior de la gruta por una cota casi tres metros inferior a la de hoy en día. También los desprendimientos de piedras de los últimos siglos han cambiado totalmente el lugar.

Sin duda, una caverna de estas características fue germen de muchas leyendas, debido a los miedos que inspiraba en los viajeros. Se pensaba que desde sus ocultos rincones partían pasadizos hasta las entrañas de la montaña, donde personajes mitológicos se guarecían de las miradas indiscretas del ser humano. La oscuridad del lugar acrecentaba los temores de los que allí llegaban y, desde el lado guipuzcoano, todas las noches se cerraba la puerta de acceso a la rocosa galería. La primitiva ermita parece que se erigió en honor a la Santísima Trinidad, por lo que al túnel se le dio el nombre en euskera de Sandrati, vocablo que derivó en San Adrián… (Continúa en AÑO/CERO 288).

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