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JEREZ MÁGICA Y ALQUÍMICA

Viernes 19 de Junio, 2015
Aunque muy pocos visitantes reparan en ello, el patrimonio arquitectónico de la localidad de Jerez oculta –y nunca mejor dicho– insospechadas pistas sobre el origen hermético y alquímico de sus artífices. Claro que a Saulo Ruiz Moreno, un ingeniero químico especialista en semiconductores, no le han pasado ni mucho menos inadvertidos estos indicios de la Gran Obra, evidencias que este autor jerezano da a conocer en «Alquimia en Jerez» (Ed. Tierra de Nadie), un libro que no dejará indiferentes a los amantes de la simbología y el ocultismo. Por Saulo Ruiz Moreno
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a casa-palacio de Riquelme es tal vez la morada filosofal más interesante de Jerez, y la que más ha influido en otros pensadores por lo completo y original de su significado, la extraordinaria teatralidad de su ubicación y la profundidad de su reflexión filosófica, en la que ni un solo golpe de cincel es en vano. Se trata de una obra que sólo puede ser entendida en su totalidad desde la Alquimia.
Situada al fondo de la plaza del Mercado, centro neurálgico del Jerez medieval, muy cerca de la iglesia de San Mateo y con la vista en el sureste, se trata de una fachada-pantalla diseñada para ensalzar el prestigio de la familia –al tiempo que ocultaba la amalgama de las edificaciones anteriores de los Riquelme sitas en la finca– y darle al conjunto un aspecto unitario, menos morisco y más «al gusto romano». El lienzo de la fachada mide 27 metros de longitud y casi exactamente en su centro se erige una portada de 9 metros de altura, el resto del palacio queda exento, formando una manzana aislada en la que encerrar las casas originales.
La obligación de obra de 11 de septiembre de 1542, que se encuentra en el Archivo de Protocolos Notariales de Jerez de la Frontera, hace saber que «yo fernando riquel veynte e quatro e vesino que soy desta muy noble e muy leal cibdad de xerez de la frontera (…) doy a faser e labrar a destajo a vos fernando alvarez albañil vecino desta cibdad questades presente es a saber una portada que yo tengo platicada e asentado de faser en las casas de mi morada que son en la dicha collacion al mercado con una ventana encima de la dicha portada». El contrato es poco preciso en cuanto a la abundante decoración de la portada, que exigía gran celeridad en su ejecución, acometida entre diciembre de 1542 y mayo de 1543, si bien existía un modelo o traça en poder de Hernán Riquel «la cual dicha obra ha de yr fecha conforme a la de nuestra traça questá en un papel que dello tenemos fecho e señalado questa en poder de mi el dicho Hernan Riquel firmado de mi nombre». No se indica el autor de la traza, pero se conserva otro documento en el Archivo de Protocolos Notariales de una obra cinco años posterior a ésta en el que sí se especifica que el «tracista» es Fernando Álvarez con el mismo comitente, lo que hace pensar en que se entendían bien y que Hernán Riquel quedó satisfecho. Sin embargo, la historiografía sostiene que Fernando Álvarez era analfabeto, ¿acaso podría atribuirse a él el complejo diseño de la fachada, los conocimientos en mitología, simbolismo y alquimia que destila? ¿O pertenecerá esta obra al mismo autor desconocido de otros monumentos alquímicos levantados en Jerez en el segundo tercio del siglo XVI, todos ellos en el entorno del prior del convento de Santo Domingo Fray Francisco de la Barca Maldonado, gran teólogo y lector de Artes en Jerez, muy respetado intelectualmente y gran conocedor de la Filosofía Natural?… (Continúa en AÑO/CERO 300).

 

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