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LA MEMORIA ANCESTRAL DE PALENQUE

Viernes 22 de Octubre, 2010
José Antonio Iniesta

En México, la selva lacandona es una de las zonas con mayor biodiversidad del planeta y guarda entre su vegetación incontables misterios, como la historia desconocida de las ciudades perdidas que todavía no han visto la luz. Palenque, enclave sagrado para los mayas, nos revela sus enigmas a través de la tradición oral, que todavía puede ser recuperada gracias a los supervivientes de los pueblos que lo han habitado desde épocas remotas.
El descubrimiento de la antigua ciudad de Palenque, destacada entre las más importantes de la civilización maya, supuso uno de los hallazgos más reveladores no sólo de la historia de México, sino de la arqueología a nivel mundial. En especial, desde que Alberto Ruz Lhuillier, en 1952, encontrara la tumba del rey K'inich J'anaab Pakal, conocido también como Pakal II y Pakal el Grande.

Una de las grandes emociones que experimenté cuando visité Palenque fue adentrarme en el interior de la tumba del rey Pakal –que se encuentra en el Templo de las Inscripciones–, mientras escuchaba el alarido del mono aullador, el saraguato. Es este recinto, húmedo y resbaladizo, el símbolo de la muerte y de la esperanza en otra vida de uno de los reyes que más intrigan a los arqueólogos, por la grandeza de su reinado y los misterios que lo envuelven.

Carmen Burgos de la Torre, abuela maya por tradición espiritual y fundadora en Ek Balam de la ecoaldea Kaxan Xuul, que significa «el final de la búsqueda», emprendió un intenso viaje para recorrer los lugares más desconocidos de Palenque. El propósito era conseguir fotografías y recopilar información para que pudiera acercarme más todavía a la verdadera esencia de esta ciudad tan sagrada para los mayas, y así compartirla con los lectores de esta revista… (Continúa en AÑO/CERO 243).

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