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PORTALÉN: ENTRADA AL MÁS ALLÁ

Miércoles 27 de Abril, 2011
Carlos G. Fernández

En lo alto del monte de O Seixo, en Pontevedra, un conjunto de piedras de forma caprichosa eran empleadas a modo de puerta para entrar en el más allá y comunicarse con las almas de los difuntos. El misterioso origen de esta tradición, que todavía se practica, se pierde en la noche de los tiempos y está estrechamente relacionado con las experiencias de saltos espacio-temporales protagonizados por ciertos individuos, que acabaron siendo reconocidos como santos.
El hombre asciende poco a poco el monte de O Seixo. Es noviembre y, a medida que va llegando a la cima, el frío, agravado por el viento, hace cada vez más difícil la subida. Como tantas otras veces –y al igual que lo habían hecho sus padres, sus abuelos y sus remotos antepasados–, debe ascender solo al encuentro de sus seres queridos ya fallecidos. En el tramo final, la cumbre del monte se hace algo más llana y atraviesa varios grupos de rocas gigantescas. No le sirve cualquiera, debe llegar a un enorme peñasco con una gran fisura, coronado por una piedra que posiblemente haya sido puesta a propósito por los pueblos que habitaron estas tierras en la antigüedad. Es Portalén (Porta do alén en gallego, que significa «puerta del más allá»), un caprichoso conjunto de piedras que, según la tradición, hace de barrera entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Una vez allí, sorteando la vegetación silvestre, el hombre sube unos peldaños irregulares que llevan a la «puerta» que separa ambas realidades. Tras pasar por el hueco formado por tres piedras, debe depositar un trozo de pan, un poco de vino y una vela encendida, ofrendas para los que viven del «otro lado»… (Continúa en AÑO/CERO 249).


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