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EL ADN NO ESCRIBE NUESTRO DESTINO

Lunes 26 de Octubre, 2015
¿Somos autómatas bioquímicos genéticamente controlados? ¿Quién lleva, en realidad, la batuta en nuestro cerebro? El controvertido científico estadounidense Bruce H. Lipton, uno de los principales impulsores de la biología de vanguardia, responde a éstas y a otras preguntas cruciales en «La espiritualidad a debate: el estudio científico de lo trascendente» (Ed. Kairós), libro brillante y esclarecedor del que les ofrecemos el siguiente extracto.
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Desde el descubrimiento del código genético llevado a cabo en 1953 por Watson y Crick, el público en general se ha visto programado por la creencia convencional de que el ADN «controla» los atributos heredados a través de un linaje familiar, incluyendo, entre otros muchos, rasgos disfuncionales como el cáncer, la enfermedad de Alzheimer, la diabetes y la depresión. En tanto que «víctimas» de la herencia, nos sentimos impotentes ante el despliegue de nuestra vida. Desafortunadamente, sin embargo, la creencia de que somos impotentes abre un camino que aboca a la irresponsabilidad personal (¿Por qué deberíamos cuidarnos si, en última instancia, no podemos hacer nada?).
Durante la década de los setenta, la noción de determinismo genético llevó a los científicos a creer que los programas de la vida estaban codificados en los genes. Ésa fue la fuerza motriz que puso en marcha el proyecto de cartografiar el genoma humano con la expectativa de que, cuando descifrásemos ese código, habríamos encontrado la llave para impedir y curar la enfermedad. El proyecto estaba perfectamente encaminado cuando los biólogos celulares descubrieron una visión que hizo añicos la visión paradigmática del funcionamiento real de la vida. Esta revolucionaria investigación ha abierto una rama completamente nueva de la ciencia conocida como epigenética (Watters, 2006), que ha sacudido los cimientos de la biología y de la medicina, poniendo de manifiesto que no somos «víctimas», sino «dueños» de nuestros genes.
El prefijo epi significa «encima» o «arriba». En realidad, los alumnos de secundaria y de los primeros cursos de universidad están programados con la noción biológica hoy en día obsoleta de control genético, de que los rasgos de la vida están básicamente controlados por los genes. Y es que la nueva ciencia del control epigenético ha puesto de relieve que la vida está controlada por algo «superior» a los genes. Y los últimos descubrimientos realizados sobre ese algo que se halla «por encima» de los genes nos proporciona un camino para comprender el papel que desempeñamos como creadores y participantes en el despliegue de nuestra vida.
La ciencia de la epigenética se centra en los mecanismos a través de los cuales las señales del medio ambiente regulan la actividad genética. Los «cambios» proteicos de la membrana celular responden a señales del entorno transmitiendo otras señales «secundarias» al citoplasma celular. Algunas señales procedentes de la membrana regulan las funciones fisiológicas de la célula (es decir, la digestión, la respiración y la excreción), mientras que otras se envían directamente al núcleo celular, desde donde controlan la actividad genética (Lipton, 2005)… (Continúa en AÑO/CERO 304).

 

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