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Brujería en la guerra de paramilitares colombianos

Lunes 05 de Septiembre, 2016
Una sentencia del tribunal de Justicia de Colombia reconstruye prácticas esotéricas que fueron comunes en el conflicto entre paramilitares.

En una reciente sentencia del Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá, la magistrada Alexandra Valencia ordenó documentar “el uso de la bujería como arma de guerra por parte de los paramilitares en los Llanos Orientales”. La decisión, que generó polémica entre sus colegas, plantea que el tema sea objeto de valoración por sociólogos, antropólogos y expertos en ciencias sociales.

Según refiere el diario El Tiempo, de Colombia, entre el 2002 y el 2004, en lo más duro de la guerra entre los paramilitares por el control de los Llanos Orientales, el jefe del Bloque Centauros, Miguel Arroyave, decidió mandar a centenares de sus hombres a la casa de una bruja en una vereda de Puerto López, Meta.

Esta revelación vendría a dar crédito al vídeo que difundimos recientemente a través de la web de la revista Enigmas en la que se puede ver como una supuesta fuerza sobrenatural se apodera de las extremidades de un presunto soldado colombiano. a grabación fue subido a la red YouTube en octubre de 2014  con el título de "Soldado jalado por una bruja".

Según los testimonios recogidos por la magistrada colombiana, es común en el mundo de los paramilitares el empleo de rituales oscuros para, supuestamente, proteger de la muerte y las heridas a quienes los practican.

Manuel de Jesús Pirabán, que fue uno de los lugartenientes en la zona, aseguró ante la justicia que Arroyave y su gente estaban convencidos de que la protección sobrenatural era la única explicación para que los ‘Buitragueños’ soportaran la embestida de los ‘paras’ del Centauros, que –según se documentó años después– tuvieron apoyo de unidades militares en los Llanos.

En la sentencia hay testimonios de ex-Auc que aseguran que antes de ir a los combates eran usuales las ceremonias en las que se ofrecía sangre de animales por protección.

También era usual que llevaran las uñas pintadas de negro, una de las ‘señales’ de esas prácticas.

Pero no solo los ‘paras’ manejaban este tipo de creencias. Entre la guerrilla es famosa la historia de Tomás Medina Caracas, el primer gran capo de las Farc. Su alias, Negro Acacio, apareció en las primeras órdenes de extradición contra ese grupo subversivo. ‘Acacio’, según sus compañeros y algunos militares que lo combatieron, también estaba ‘cruzado’. Incluso lo llamaban el ‘Siete vidas’.

Su historia de intangibilidad acabó en el 2007, cuando un avión Supertucano de la Fuerza Aérea dejó caer sobre su campamento varias bombas, cada una con 250 kilos de explosivos. 

Curiosamente, la predisposición a emplear  los ‘servicios’ de los brujos y santeros no impidió que los ‘paras’ persiguieran cruelmente a personas que se dedicaban a esas prácticas o sobre las que apenas existían dudas de ello.

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