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El crimen de los alemanes

Viernes 31 de Agosto, 2012
La crónica negra de Canarias incluye un caso con un marcado componente religioso y esotérico, un escabroso suceso que se conoció como el “crimen de la familia Alexander”. Ocurría en 1970 en una céntrica calle de Santa Cruz de Tenerife, y se saldó con la muerte de tres mujeres, a las que padre e hijo mataron a golpes mutilando sus genitales y arrancándoles el corazón.

Antes de que media España se conmocionara con el crimen del Albaicín en 1990, en el que Encarnación Guardia fue exorcizada hasta la muerte, la crónica negra española poseía ya uno de sus más sangrientos capítulos, acaecido en la capital tinerfeña, un incidente que algunos periódicos definieron en su momento como “El crimen del siglo”. Estamos ante un sanguinario asesinato múltiple surgido en el seno de la perturbada mente de Harald y Frank Alexander, padre e hijo respectivamente, quienes mataron en diciembre de 1970 a la madre y dos de las tres hermanas de una familia que apenas ocho meses ante habían hecho las maletas y viajado a Tenerife en busca de una “misión divina”. El dantesco desenlace de la historia de esta familia poco tiene que envidiar a las sangrientas cintas del cine gore, culminando un proceso de funesto adoctrinamiento que llevó a límites insospechados una serie de creencias irracionales profesadas por el cabeza de familia y transmitidas al resto de sus miembros, que calaron especialmente en la joven mente del hijo varón. Con 16 años sería él quien desencadenase la tragedia, como colofón a una educación y convivencia familiar en la que durante los últimos seis años se había potenciado su condición de “elegido”. Estamos ante un caso que constituye un trago amargo que no obstante forma parte de nuestra historia. Recorrer cuarenta años después el lugar de los hechos y la mente de los criminales a través de los informes periciales de los psiquiatras y letrados que intervinieron en el proceso, constituye un viaje al abismo de unas mentes perturbadas, cegadas por la enfermedad y momentáneamente liberadas por la sangrienta materialización de unas creencias en todo punto irracionales e incompresibles desde la cordura. José Gregorio González

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Nos queda la intriga sobre el eje místico-psicológico de esta versión a menor escala de una secta.

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