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El misterio de la Mano Cortada

Viernes 20 de Abril, 2012
ENIGMAS

Fue uno de los casos más estremecedores de la historia de España, un suceso lleno de interrogantes que se recoge, junto a muchos otros, en el magnífico volumen De Madrid al infierno. Guía de crímenes en Madrid –Ediciones La Librería, 2012–, escrito a cuatro manos por Marco Besas y José Antonio Pastor, del que extractamos el siguiente capítulo…
En la noche del 18 de enero de 1954, a una hora intempestiva, el repentino sonido del teléfono inquietó a Luis Shelly Ruiz de Lihory. Para su sorpresa era Luisa, la criada de su madre, doña Margarita Ruiz de Lihory y de la Bastida, marquesa de Villasante. Entre sollozos, Luisa le comunicó que su hermana, la señorita Margot, se encontraba en estado muy grave. A pesar de años de malas relaciones entre madre e hijo, Luis se presentó a las 10 de la mañana en la calle de la Princesa, 72, 3º derecha. La criada le abrió la puerta mientras se afanaba en apartar con sus piernas los más de 15 perros que siempre rondaban por la casa. Luisa le condujo por los pasillos del oscuro apartamento.

Finalmente llegaron a la puerta cerrada de uno de los dormitorios. Tras llamar suavemente, la marquesa quitó el cerrojo y abrió la puerta permitiéndole entrar. Allí, junto a la cama, “colocada”, casi expuesta en una silla, estaba su hermana Margot, demacrada, extremadamente delgada, la mirada vacía. La marquesa se volvió hacia Luis y con un tono seco, le dijo: “Mira, Luis, lo que queda de tu pobre hermana…”. Entonces los ojos de Margot empezaron a cerrarse lentamente. Pocas horas más tarde, a las 12.45 h, en presencia de Luis, una enfermera y la marquesa, Margot falleció. Fue la propia madre la que se encargó de amortajar el cuerpo, exigiendo al resto de los familiares que desalojasen la habitación, y solo permitiendo la presencia de Luisa.

En un salón de la casa, esperando para velar el cadáver de Margot, estaban sus otros dos hermanos, José María y Juan, además de un extraño cónclave de personas. Fue durante esta larga espera, mientras Luis paseaba aquí y allá, cuando se sintió atraído por un objeto que estaba fuera de sitio. Se trataba de una sopera olvidada, colocada aún sobre el aparador. Al asirla notó por el peso que estaba llena. Por eso la destapó y fue cuando encontró algo tremendamente inquietante. Estaba casi rebosando alcohol, y dentro, flotando, asomaban dos cabezas de perro desolladas.

Tras el perturbador hallazgo, y sin saber muy bien cómo reaccionar, escuchó que Luisa salía del dormitorio. Excitada y nerviosa, se dirigió a los allí presentes advirtiéndoles: “Señoritos, tengan ustedes mucho cuidado, que su madre va a hacer una barbaridad…”

La Marquesa indomable

Así comienza el que es sin duda uno de los casos más extraños e inquietantes de la criminología española. Cada nuevo dato o descubrimiento no ayuda a esclarecer la trama, sino más bien todo lo contrario; cada pista añade más dudas, incógnitas e incertidumbres.

El personaje en torno al que gira la historia es Margarita Ruiz de Lihory, una mujer enigmática, extravagante y envuelta en un halo de misterio. Era la menor de dos hijas. Su padre era don José María Ruiz de Lihory (Valencia, 1852–1920), barón de Álcali, gobernador civil de Valladolid y Mallorca, alcalde de Valencia y diputado a Cortes. Fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, escribía poesía, y era un gran aficionado a la música. Es digno de mencionar, por la posible influencia que pudo tener en Margarita, la otra gran afición de su padre, el esoterismo. Fue autor de un libro titulado Los endemoniados de Balsa y se especula que estaba vinculado con la masonería valenciana.

En 1910, con tan sólo 17 años, Margarita se casó en primeras nupcias con Ricardo Shelly, un valenciano de origen irlandés, que le proporcionó una más que desahogada posición económica. La relación, sin embargo, duró poco, puesto que él se enamoró de otra mujer y la abandonó. Pese a ello sí tuvieron tiempo de traer al mundo tres hijos varones, José María, Juan y Luis y una hija, Margot, débil y enfermiza desde su nacimiento. La inquieta señora Ruiz de Lihory dejó a cargo de su abuela materna la educación de sus hijos. Mientras, ella estudiaba durante dos años en Valencia la carrera de enfermería, y al poco tiempo marchó a París donde permaneció durante cinco años. Era una mujer alta, bella, inteligente, culta, una adelantada a su tiempo.
(Continúa la información en ENIGMAS 197).

Marco Besas y José Antonio Pastor
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