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Ovnis que matan

Miércoles 16 de Agosto, 2017
Encuentros cercanos con los no identificados y sus tripulantes que provocan la muerte de los testigos.
Texto Moisés Garrido y Claudia M. Moctezuma

Muchos investigadores pretenden ignorar los aspectos menos agradables del fenómeno OVNI. Pero lo cierto es que existen casos en los que los OVNIs y/o sus tripulantes se muestran hostiles e incluso agresivos con los testigos que los están observando. «La literatura ufológica generalmente mantiene silencio ante tales incidentes porque desafían tanto a los escépticos como a los creyentes de la realidad OVNI», sostiene el investigador francés Jacques Vallée. De hecho, las abducciones (el secuestro de seres humanos por parte de supuestos extraterrestres) implican una clara violencia hacia los individuos que las protagonizan. Tampoco es extraño que los contactados experimenten situaciones muy negativas. Los hay que optan por el suicidio tras tomar conciencia de que han sido manipulados, o que lo hacen guiados por presuntos mensajes mesiánicos. Eso les ocurrió a José Rodríguez Montero y Juan Turú Vallés, que decidieron poner fin a sus vidas colocando sus cabezas sobre las vías férreas de la estación de Torrebonica (Terrassa, Barcelona). De igual modo, los miembros de la secta Heaven´s Gate se suicidaron para huir de la Tierra «en espíritu» a bordo de una nave alienígena. Los delirios mesiánicos y milenaristas pueden provocar serios desequilibrios psicológicos, tal como hemos percibido en muchos contactados. «La gran mayoría de ellos vio cómo su vida se destrozaba: comenzaban a sufrir desagradables fenómenos poltergeist, algunos perdían la razón o morían misteriosamente, mientras que otros simplemente desaparecían y no se volvía a saber de ellos», afirma el ufólogo Max Edwards. ¿En verdad son los aliens «hermanos cósmicos» que vienen a ayudarnos de forma altruista? Nosotros lo dudamos. No todas estas entidades se comportan amistosamente.

Jacques Vallée plasmó en su obra Confrontations: a scientist’s search for alien contact (1990) sus pesquisas en torno a un suceso estremecedor ocurrido el 17 de agosto de 1966 en el Morro do Vintém, en Río de Janeiro (Brasil). Dos amigos, Manuel Pereira da Cruz, de 32 años, y Miguel José Viana, de 34, tras descender de un autobús que les había llevado llevado a Niterói, tomaron un camino que les condujo hasta un cerro (O Morro). Esto ocurrió a las cinco de la tarde. Horas después, los cuerpos de ambos fueron hallados sin vida. Estaban tumbados de espaldas y no presentaban rastros de sangre. Sin embargo, los policías militares que los encontraron, descubrieron en la mano de uno de ellos un papel que contenía un extraño texto: «Reúnanse en el punto designado a las 4.30 de la tarde. A las 6.30 ingieran las cápsulas. Tras haber hecho efecto, protejan la mitad del rostro con las máscaras de plomo. Esperen la señal concertada».

RADIACIONES MORTÍFERAS
Curiosamente, los agentes hallaron una extraña huella en la zona donde encontraron los cadáveres. Además, la piel de los mismos presentaba una tonalidad rosácea y algunas quemaduras. ¿Qué pasó realmente? Se especula con que fueron protagonistas de algún encuentro OVNI previa cita, máxime tras saberse que aquella tarde varios testigos observaron un objeto ovalado de color anaranjado surcar los cielos de la zona, a la vez que emitía una especie de rayo azul hacia el suelo. Según el investigador Pablo Villarrubia, que ha estudiado este incidente, «otro detalle importante es el hecho de que la policía encontrara junto a los cuerpos un pedazo de papel de aluminio azul y blanco aplastado y un poco de papel celofán todavía empapado con una sustancia química, amén de un pañuelo con las iniciales AMS». Más tarde se supo que ambos amigos eran aficionados a ciertas técnicas espiritistas y buscaban el contacto con entidades extrahumanas. Por aquellas fechas tuvieron lugar varios avistamientos de OVNIs en la misma área del incidente. En ocasiones, los testigos de encuentros cercanos con OVNIs sufren graves quemaduras, quizá porque estas aeronaves emiten alguna clase de radiación. Eso le ocurrió a Ángel Germán Morassi, agricultor de Arequito, localidad situada a 80 km de Rosario (Argentina), que vivió en junio de 1980 una experiencia anómala que resultó mortal. Observó una luz cegadora que emitía destellos multicolores y que se situó a escasos metros por encima de él. Asustado, comenzó a correr, pero poco después, el cansancio lo hizo caer al suelo.

Cuando por fin llegó a casa, su esposa comprobó que tenía la camisa quemada y la espalda muy roja, por lo que decidieron acudir al Hospital Belgrano. Los médicos que atendieron a Morassi determinaron que presentaba una lesión eritematosa de diez centímetros en la región dorsal del hemotórax derecho. Se dio la circunstancia de que uno de los perros que lo acompañaban también sufrió lesiones similares.

Igual de grave fue el incidente protagonizado por Arcesio Bermúdez, de 50 años de edad. Estaba con su familia en la parte trasera del jardín de su casa en Anolaima, al suroeste de Bogotá (Colombia), cuando vislumbraron un extraño objeto no identificado con luces destellantes. Arcesio se armó de valor y decidió aproximarse a unos tres metros del aparato, en cuyo interior distinguió a un humanoide. Días después, comenzó a sufrir vómitos y diarreas. El médico que lo atendió diagnosticó gastroenteritis, pero le extrañó mucho de que su temperatura corporal descendiera a 35º C. Finalmente, el hombre acabó falleciendo. Los investigadores que se ocuparon del caso llegaron a la conclusión de que la víctima estuvo expuesta a una fuerte radiación.

VÍCTIMAS OLVIDADAS 
Mejor suerte corrió el explorador Stephen Michalak, a pesar de la gravedad de lo sucedido. El 20 de mayo de 1967 se encontraba junto al lago Falcón, en Canadá, cuando de pronto se percató de que dos enigmáticos objetos voladores se desplazaban sobre su cabeza. Uno de los aparatos, con forma de cigarro puro y que emitía un resplandor rojo, aterrizó muy cerca del testigo. Mediría alrededor de nueve metros. El protagonista, llevado por la curiosidad, se acercó hasta la nave, asomándose a su interior a través de una puerta que se había abierto. Le extrañó un olor a azufre y oyó voces. Sus intentos para comunicarse con los tripulantes fueron inútiles, pese a que lo hizo en varios idiomas. Entonces, su guante de goma se derritió tras apoyar la mano en la nave. La puerta se cerró y él se alejó unos metros, momento en que el OVNI comenzó a girar y a desprender una ráfaga de aire. Nuestro protagonista notó calor y una sensación de ahogo, antes de que el objeto ascendiera y desapareciera a gran velocidad. La tierra quedó calcinada y Michalak descubrió que su pecho presentaba quemaduras, cuyas marcas se correspondían con la rejilla del objeto por la que había salido el aire caliente. Sintió un fuerte dolor de cabeza y rigidez en brazos y piernas. Además, perdió diez kilos en pocos días, sufriendo continuos vómitos y diarreas. Según los médicos que lo atendieron, todo indicaba que había estado expuesto a una alta dosis de rayos X o gamma, que de haber durado más tiempo podían haberle ocasionado la muerte.

El investigador mexicano Rubén Manrique investigó un suceso aterrador ocurrido el 5 de octubre de 1993, durante una oleada de avistamientos OVNI en San Luis Potosí (México). Un agricultor llamado Quirino Enrique Galván, de 45 años, se topó con un extraño artilugio muy brillante de color naranja que descendió cerca del rancho «Los Sabinos», ubicado en San Vicente Tancuayalab. Se quedó muy sorprendido y se paró a observarlo detenidamente. Al instante, del OVNI surgió un resplandor muy luminoso que incidió directamente en el testigo. También lo pudo ver otro compañero suyo, Eladio García, que se hallaba más alejado del objeto. Segundos después, el No Identificado desapareció, pero Quirino comenzó a sentirse muy mal. Tanto que decidió irse a casa. Su esposa, Julia Hernández, contó así lo sucedido: «Recuerdo que se acostó en la cama y ahí se quedó como unas dos horas. Al despertar, me pidió que le consiguiera unas pastillas para el dolor de cabeza y se las tomó. Pero no le hicieron nada porque el dolor le seguía más fuerte». Al fin pudo dormir, pero al día siguiente amaneció mucho peor, con fiebre y escalofríos. «En la tarde se agravó y nos preocupó más cuando me acerqué y me dijo que no me veía», agregó. Al final, fue ingresado en el hospital, pero falleció al día siguiente ante el estupor de familiares y amigos.  

El mismo desgraciado fin sufrió otro testigo, Ignácio de Souza, empleado de la finca de Santa Maria, en el Estado de Goiás (Brasil). El 13 de agosto de 1967 regresaba a la parcela junto a su esposa María, cuando presenciaron «un extraño objeto en forma de palangana con la parte ancha hacia abajo». Estaba posado en la pista de aterrizaje de la propiedad. El OVNI medía unos 35 metros de diámetro y cerca del mismo distinguió a tres seres. «Eran personas con nuestra misma apariencia, salvo que parecían calvos –aseguró Ignácio–. Estaban jugando, retozando como niños, pero en silencio. Al vernos, nos señalaron con el dedo y corrieron hacia nosotros. Le grité a mi mujer que se fuese corriendo a casa. Como llevaba una carabina, disparé contra el más cercano. En este instante, salió del aparato una luz verde que me alcanzó en el pecho, en el lado izquierdo. Caí a tierra. Mi mujer corrió hacia mí, recogiendo el arma, pero los hombres ya habían regresado a la nave, que se elevó en vuelo vertical a gran velocidad y haciendo un ruido parecido al de las abejas».

Tras el insólito encuentro comenzó a sentirse mal. Náuseas, hormigueo, entumecimiento, temblor en las manos… El propietario de la finca decidió llevarlo a un hospital en Goiânia. Tras un examen preliminar, el médico detectó una quemadura circular de 15 centímetros de diámetro en la parte derecha del tronco. Días después le practicaron análisis de sangre, orina y heces. Los resultados indicaron que Ignácio tenía leucemia. Las jornadas siguientes se convirtieron en un auténtico calvario para el protagonista: empezó a adelgazar considerablemente y en su piel aparecieron manchas de color amarillo-blancuzco. Los dolores se hicieron insoportables. Finalmente, falleció el 11 de octubre.

BATALLAS EN LOS CIELOS
«A partir del momento en que recibió el haz luminoso verde se quebrantó su salud y empezó a presentar todos los síntomas característicos de la exposición a radiaciones ionizantes mortales», señaló Felipe Machado, presidente del Grupo Gaucho de Investigación de Objetos Aéreos No Identificados (GGIOANI). «La leucemia es muy frecuente en personas que han sido expuestas a radiaciones ionizantes excesivas. Todos los síntomas presentados por Ignacio de Souza eran los de una leucemia causada por una alta dosis de radiaciones», agregó Machado.   En plena oleada OVNI en Australia, el joven piloto Frederick Valentich vivió un encuentro trágico con un OVNI cuando se dirigía en su avioneta a King Island. A las 19:06 horas del 21 de octubre de 1978 se puso en contacto con la base para comunicar que estaba observando un extraño objeto luminoso muy cerca de su posición. Sin embargo, el Servicio de Vuelo no detectó nada. Asustado, el piloto siguió ofreciendo detalles del No Identificado: «Tiene una luz verde y parece metálico». Instantes después, la base perdió todo contacto con Valentich. Desapareció y nunca se han encontrado sus restos ni los de su Cessna.

El mismo fin pudieron sufrir la tripulación y los pasajeros del Boeing 707 de la British Airways que el 6 de enero de 1995 cubría la línea Milán-Mánchester, y que estuvo a punto de colisionar con un objeto triangular que se le echó encima. La investigación llevada a cabo por la Autoridad de la Aviación Civil británica no fue capaz de determinar la naturaleza del OVNI, como leemos en el expediente final: «Tras haber debatido diversas hipótesis por parte del grupo de investigación, en ausencia de cualquier evidencia firme que pudiera explicar o identificar al objeto, no ha sido posible encontrar la causa que provocó el peligro, según los criterios habituales aplicados a los incidentes de air miss (expresión empleada para designar las aproximaciones con riesgo de colisión de dos aparatos en pleno vuelo). Por lo tanto, el incidente queda sin ser resuelto. Causa: imposible de determinar».

No menos sorprendente resultó el encuentro cercano que protagonizaron dos campesinos en un bosque nevado de Imjärvi, al sur de Finlandia. El suceso tuvo lugar el 7 de enero de 1970. Aarno Heinonen y Esko Viljo estaban esquiando cuando escucharon un zumbido y vieron una luz brillante que descendía hacia el lugar donde ellos se encontraban. Se trataba de un objeto circular y metálico de unos tres metros de diámetro. En su parte superior presentaba una cúpula y en la inferior tres esferas. El OVNI no tardó en emitir un haz de luz hacia el suelo, del cual surgió un pequeño ser de unos 90 centímetros de altura, de aspecto pálido, extremidades muy delgadas y una nariz en forma de gancho. Iba ataviado con un mono de color verde oscuro y sobre su cabeza llevaba un casco metálico.

ALIENS AGRESIVOS
El humanoide portaba en sus manos una caja negra de la que salió una luz amarillenta intermitente. Aarno fue alcanzado por dicha luminosidad y sintió que el lado derecho de su cuerpo quedaba paralizado. Se hizo el silencio absoluto y se formó una extraña bruma gris que envolvió a los dos testigos y al ser. Al instante, éste y la nave desaparecieron. Esko tuvo que ayudar a su compañero, puesto que apenas podía caminar. «Me sentía enfermo –contó la víctima–. Me dolían las articulaciones y la espalda. La cabeza empezaba a dolerme y al cabo de un rato vomité. Cuando iba al servicio la orina salía casi negra. Esta situación se prolongó durante un par de meses». Viljo no se libró de los indeseados síntomas, pues su rostro se hinchó y mostró un inusitado enrojecimiento. El doctor que los atendió, Pauli Kajanoja, creyó su relato: «Ambos hombres dicen la verdad, no se lo han inventado. Cuando vinieron a la consulta estaban en estado de shock», declaró. El médico relacionó los síntomas de los dos esquiadores con los habituales tras una exposición a una fuente radiactiva. Esa misma noche otros testigos observaron OVNIs en la zona, lo que avala el testimonio de ambos individuos.

SERES MANIPULADORES
¿Existe alguna razón oculta que justifique la actitud a veces agresiva y otras benévola de los tripulantes de los OVNIs? ¿Forma todo parte de un gran teatro cósmico, como diría el ufólogo Ignacio Darnaude? ¿Y si más que extraterrestres estamos ante entidades pertenecientes a otro nivel de realidad? En el pasado, las hadas también paralizaban a los que se cruzaban en su camino, en ocasiones causándoles la muerte. Sin embargo, otras veces se mostraban amables con los humanos. «Los seres feéricos no sólo infligían daño mediante un toque (…) Tenían sus propios homólogos de las ‘pistolas de rayos’ que lucen a veces los ocupantes de OVNIs», sostiene el escritor Patrick Harpur. También el prestigioso investigador John A. Keel supo captar esa naturaleza daimónica de los ufonautas. No sin razón afirmó: «Han estado jugando con nosotros por siglos. Alguien se está riendo a nuestra costa».

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