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Contactos tecnológicos con el más allá

Lunes 24 de Noviembre, 2014
Desde que la tecnología lo ha permitido, el hombre siempre ha buscado pruebas de otros planos de existencia tras la muerte, y ha tratado de establecer contacto con sus amigos y familiares difuntos. Pero, ¿hasta qué punto los contactos obtenidos hasta ahora a través de la transcomunicación instrumental son reales?
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El médium desempeñará en el futuro un papel pasivo. En muchos casos, los aparatos sustituirán su trabajo. Llegaremos por eso a prescindir del médium para recurrir al fonógrafo. Podemos impresionar los rollos de un fonógrafo por medio de vibraciones de nuestras ondas. De esta forma nuestros pensamientos serán captados como lo son las ondas sonoras que proceden de las voces humanas que se graban en la actualidad. Una vez grabadas nuestras voces serán totalmente identificables como las emitidas por la voz… Las ondas que proyectan las entidades no están dotadas de la misma sonoridad que las que emite una garganta humana. Esta invención aun no está a punto naturalmente, pero ya se encuentra en estudio en algún mundo supraterreno…”. Así se manifestaba un presunto espíritu a través de un médium en 1930, siendo publicado pocos años después por Suzanne Max-Getting, bajo el título de Mensajes de un espíritu libre. El contacto tecnológico con otras realidades ya se vislumbraba en los albores del siglo XX, en el que los médiums pasarían el testigo a las máquinas. Y al parecer, no les faltaba razón.

Posiblemente la primera grabación psicofónica fue registrada por el antropólogo Wadelmar Bogras en 1901, quien durante la grabación de los cánticos de los chamanes siberianos de la tribu de los Tohouktchi, que invocaban a los espíritus de sus antepasados, registró en su fonógrafo otras voces que a veces se superponían a las de los brujos. El aparato que utilizó Bogras no era electrónico, aunque registraba los sonidos en un rodillo modulado por una gran trompeta que servía de micrófono, invento que patentó Thomas Alba Edison. Y casualmente el prolífico inventor norteamericano también se interesó por construir un aparato que fuese capaz de sustituir al médium en las sesiones espíritas. Edison nunca presentó los planos de su ingenio, aunque declaró que quería ofrecer a los espíritus “una oportunidad para expresarse más eficazmente que las mesas que se inclinan, los golpes, las tablas de oui-ja y otros toscos métodos que se consideraban como únicos sistemas de comunicación”.

El equipo con el que Edison pretendía captar voces del más allá nunca se llegó a presentar en sociedad, y el famoso inventor falleció sin que nada se supiera sobre la eficacia de su curioso ingenio. Sin embargo, diez años después de su muerte un dibujo del extraño aparato fue encontrado gracias a una sesión mediúmnica celebrada en Nueva York en 1941. En ella, un ente llamado Edison se manifestó a un grupo de espiritistas a los que les indicó el nombre y dirección de la persona que poseía el croquis. Se trataba de un esquema con un micrófono instalado en el interior de una caja de madera. Sólidamente unida a ésta, se colocaba un gran cono de aluminio lleno de permagnato de potasio, y atravesado por un electrodo interno. El micrófono estaba conectado a la “trompeta” de aluminio y a una especie de antena. Curiosamente la utilidad práctica de este aparato nunca llegó a verificarse.

EL NACIMIENTO DE LAS PSICOFONÍAS

A medida que el desarrollo tecnológico iba siendo más accesible al gran público, la presencia de estas voces fue creciendo en popularidad. Curiosamente fueron los sacerdotes católicos Pelegrino Ernetti y Agostino Gemelli, fundador de la Universidad Católica de Milán, quienes obtuvieron la primera grabación psicofónica en soporte magnético en el laboratorio de física de la Universidad del Sagrado Corazón de Milán el 17 de septiembre de 1952. Los religiosos estaban grabando cantos gregorianos en un aparato que utilizaba un alambre a modo de cinta magnética. El alambre se rompía una y otra vez, y Gemelli exclamó en voz alta: “Oh padre, ayúdame”, invocando a su progenitor fallecido. Cuando consiguieron poner en marcha otra vez la máquina, en lugar del canto gregoriano que esperaban oír, apareció la voz del padre de Gemelli que decía: “¡Por supuesto, te ayudaré! Estoy siempre contigo”. Después del incidente, Gemelli y Ernetti solicitaron una audiencia al papa Pío XII para contarle lo sucedido. Sin embargo, y a pesar de que el pontífice lo consideró un importante descubrimiento, nunca se pronunció públicamente sobre este asunto.

No fue hasta dos décadas después –cuando los magnetofones se hicieron algo más cotidianos– que las psicofonías se divulgaron con más profusión de la mano de dos investigadores, el sueco Friedrich Jürgenson y el letón Konstantin Raudive. Sus libros, sus intervenciones públicas y su participación en programas de televisión en distintos países de Europa provocaron un efecto dominó. Así, docenas de grupos y particulares se lanzaron a experimentar con el sencillo método de grabar las voces, dando pie a la aparición de varias asociaciones cuyos componentes veían en las psicofonías una forma relativamente sencilla de comunicarse con sus seres queridos fallecidos sin necesidad de médiums ni intermediarios. Hoy en día muchas de estas asociaciones siguen en activo, como la francesa Infinitude, con 1.700 socios; la Associação Nacional de Transcomunicadores de Brasil, con más de un millar, AAEVP en Estados Unidos y otras muchas en América y Europa. El fenómeno de las psicofonías se convirtió en un tema de trascendencia social, en el que muchas veces primaba la ilusión y la búsqueda del contacto frente al rigor en el tratamiento de las voces.

Desde que Jürgenson y Raudive popularizaron las psicofonías, los escépticos argumentaban que las voces, casi siempre débiles y enmascaradas en el ruido ambiente, eran realmente trozos de emisiones de radio que se colaban por los magnetofones o ilusiones sensoriales en las que el cerebro interpretaba simples ruidos como palabras o sílabas. Pero el tiempo puso las cosas en su sitio…
Los blindajes de los primeros magnetofones y la calidad de sus circuitos hacían posible la entrada de emisiones espúreas de radio y la idea de que alguna de ellas fuese interpretada como una psicofonía no parecía descabellada. Sin embargo, con el tiempo los esquemas electrónicos y los blindajes de las grabadoras fueron reduciendo al mínimo dicha posibilidad hasta convertirla en una idea obsoleta.

En cuanto a la ilusión sensorial, es cierto que puede jugar malas pasadas, sobre todo cuando algunos ruidos pueden tener una cadencia similar a la de las psicofonías, provocando falsas interpretaciones. Pero los avances en informática –a través de programas de análisis de sonido– y algunos conocimientos de fonética acústica, permiten hoy en día determinar el tipo y la procedencia de la grabación obtenida.

En abril de 2004, durante el I Congreso Internacional sobre la Supervivencia a la Muerte, celebrado en Vigo, el ingeniero italiano Daniele Gullà presentó un trabajo de investigación donde se analizaban estas posibilidades. Gullà es ingeniero en electrónica y un especialista en reconocimiento de voces e imágenes. Actualmente trabaja, junto con expertos del Tribunal de Bolonia y con la Policía italiana, en el análisis forense de voces e imágenes. Su interés por la parapsicología le llevó a aplicar las técnicas de análisis de voces a las psicofonías. Utilizando los programas informáticos que usa la policía italiana y el FBI, el ingeniero italiano logró marcar las diferencias que existen entre las voces normales, las paranormales y las que se les pueden parecer, desvelando lo que podría llamarse como “el código genético” de las psicofonías.

Gullà considera que la informática ha conseguido revelar varias características determinantes en las voces paranormales, entre las cuales cabe destacar la ausencia de las vibraciones de las cuerdas vocales, y otro tipo de anomalías en las frecuencias sonoras donde se registran, como por ejemplo, la distribución de energía en el tiempo.

La informática ha puesto remedio también a otro de los problemas de las psicofonías: su interpretación. Las voces psicofónicas, sobre todo cuando están enmascaradas por una gran cantidad de ruido, pueden ser interpretadas de forma diferente según quién las escuche. Pero los ordenadores tienen la propiedad de determinar objetivamente cual es el contenido semántico de la palabra, independientemente de las interpretaciones de los sentidos.
“Un análisis informático, con la condición de que la señal sea de buena calidad, puede definir con certeza cuáles son las vocales y las consonantes de una palabra. Sin embargo, en las psicofonías los datos de las vocales y las consonantes no son claros. Esto produce que en muchos casos no sea posible acertar con certeza si no es a través de una probabilidad. Por ejemplo, una ‘a’ escuchada por un experimentador de psicofonías puede ser que al medirse con el software apropiado puede resultar ser un sonido a medio camino entre una ‘a’ y una ‘e’. Todo depende de la persona que escucha y del idioma en que se expresa el ‘interlocutor’ paranormal”, explicó Daniele Gullà.

Pero los análisis informáticos aportaron nuevas sorpresas en el estudio de las voces paranormales, pero antes debemos ir un paso más allá en los supuestos contactos a través de medios tecnológicos. Y es que las frecuentemente breves palabras o frases psicofónicas dieron paso a frases, a veces de larga duración, pero ya no grabadas en una cinta magnetofónica sino directamente a través de las radios.

RADIOS PARA COMUNICARSE CON EL MÁS ALLÁ

Los pioneros Jürgenson y Raudive utilizaban muchas veces, cuando realizaban sus grabaciones, el sonido de una radio desintonizada como ruido de fondo, con el convencimiento de que la “portadora” ayudaba a mejorar la grabación. Incluso en el mundillo de los experimentadores se llegó a conocer como “frecuencia de Jürgenson” a la banda ubicada en la frecuencia de 1460 Khz de onda media, ya que el investigador sueco la utilizaba y recomendaba.

Con la radio como soporte, algunos investigadores comenzaron a recibir voces directamente surgidas del receptor. Se trata de un fenómeno mucho menos frecuente, aunque más espectacular en la medida en que pueden establecerse verdaderos diálogos durante las sesiones de contacto.

Uno de los más conocidos experimentadores que han logrado conseguir voces directas de radio es el italiano Marcello Bacci quien, rodeado de algunos amigos y colaboradores habituales, registró miles de psicofonías, hasta que en la década de los 70 logró las primeras “voces directas”.

En el laboratorio de Bacci, las voces salían directamente de una antigua radio con el suficiente volumen como para ser comprendidas por todos los presentes en la mayoría de las ocasiones. Y es que en la sesiones de Bacci se reúnen a veces decenas de personas entre investigadores, curiosos y madres en duelo ansiosas por escuchar las voces de sus hijos fallecidos. El investigador italiano no utiliza ninguna tecnología sofisticada, su radio sólo está conectada a la red eléctrica y a un cable que sirve de antena. Durante las sesiones, Bacci comienza a deslizar la sintonía de la radio de una punta a otra del dial hasta que –a requerimiento del italiano– surgen las voces paranormales por el altavoz de la radio. Y las voces siguen modulándose aún cuando se modifique la frecuencia de sintonía.

Las voces registradas en el laboratorio de Bacci, difieren en varios aspectos de las psicofonías clásicas. Por una parte, se manifiestan directamente en el altavoz, incluso interrumpiendo o superponiéndose a las voces de los presentes. Por otra parte, la duración de estas voces y sonidos se prolonga por tiempos mucho mayores que las voces en cinta magnética. Otra de las características que las distingue de las psicofonías, es que interactúan con los presentes, estableciéndose diálogos entre las voces y los participantes, característica muy poco frecuente en el fenómeno psicofónico.

Además, a las sesiones de experimentación acude regularmente un técnico en electrónica, que afirma que en ocasiones el fenómeno de las voces sigue produciéndose aun cuando las válvulas de la radio son retiradas. También asistió muchas veces un padre que había perdido a su hija, Chiara Lenzi. Las grabaciones paranormales con la voz de la joven realizadas en el laboratorio de Bacci, y las cintas que guardaba su padre de las conversaciones telefónicas con su hija, permitieron realizar un análisis cuanto menos sorprendente…
En una de las sesiones de experimentación una voz resonó en el altavoz de la antigua radio de Bacci expresando “Hola, soy Chiara”. Su padre, presente en ese momento en la sala, reconoció de inmediato la voz de su hija. Pero la informática tenía la última palabra.

Con el abundante material grabado, Danielle Gullà comparó la voz que la chica tenía en vida con la registrada en el laboratorio de Bacci. “La comparación de ambas señales acusa un 90% de parecido, y éste es un índice muy alto”, expresó Gullà en su informe. El investigador italiano reconoce que estos casos no son frecuentes y que apenas ha podido analizar una decena con similitudes considerables ya que normalmente no se conservan grabaciones de las personas mientras estaban vivas.

Las voces y las radios, aunque también las voces directas surgidas de aparatos especialmente construidos –ver recuadro– y otros métodos de pretendido contacto, dieron origen al término conocido como Transcomunicación Instrumental (TCI), que agrupa a todos los fenómenos de comunicación con otras realidades a través de la tecnología.

LOS ESPÍRITUS SE PRESENTAN EN LA TELEVISIÓN

Durante los primeros años de la televisión y el vídeo, la obtención de las imágenes paranormales era de manera esporádica y sin la aplicación de ningún método en concreto. Pero el verdadero despertar de estas imágenes en la pantalla del televisor no comenzó hasta mediados de los años ochenta, con las experiencias del alemán Klaus Schrieber, que darían paso a otras muchas en distintos puntos del planeta.

Schrieber llevaba ya varios años experimentando la obtención de voces en cinta magnética, con la fuerte motivación de captar las voces de varios familiares fallecidos en un periodo de tiempo muy corto. En mayo de 1984, Schrieber grabó una psicofonía que le invitaba a que encendiera el televisor. Esta inclusión psicofónica le motivó a comenzar una serie de pruebas utilizando el televisor y una cámara de vídeo con el propósito de conseguir imágenes de personas fallecidas en la pantalla. Tras una serie de experimentos fallidos, influido por las indicaciones de una nueva psicofonía, Schrieber apuntó la videocámara hacia la pantalla del televisor de modo que la propia imagen de la cámara se viese reflejada en la pantalla, tal como sucede con las imágenes de dos espejos colocados frente a frente. Utilizando básicamente esa configuración, elaboró un sistema mediante el cual afirmaba obtener imágenes que él atribuía al más allá.

Esta disposición de la cámara y el televisor produce un fenómeno conocido como realimentación, visualizándose en la pantalla una especie de “nubes” luminosas que se desplazan de forma aleatoria formando a veces figuras de todo tipo. Y a partir de este método, el investigador alemán conseguiría algunos resultados de reconocida importancia.

El método Schrieber es utilizado en la actualidad por la práctica totalidad de los experimentadores en TCI. Entre nubes de puntos y manchas, a veces con mayor certeza, y otras con algo de imaginación, las imágenes atribuidas a otros planos de existencia se muestran como una prueba más de la existencia de vida tras la muerte. Y es que, como hemos visto hasta ahora, es la hipótesis más aceptada entre los experimentadores. Es más, las informaciones y mensajes recibidos a través de medios electrónicos dibujan una completa cosmogonía de ese otro mundo.

El mundo siguiente

La visión de la vida tras la muerte surgida de los contactos de TCI hablan de un “espacio” a donde van todos los seres vivos. Es un lugar físico, aunque constituido por una materia menos densa, donde todos los seres vivos continuarían evolucionando para pasar a su vez a otros mundos más elevados. Esta idea, aunque no contradice la teoría espiritista de la reencarnación, la desestima en la mayoría de los casos argumentando la evolución de los seres a través de sucesivos saltos hacia mundos cada vez más evolucionados. Así, los teóricos de la TCI plantean que el mundo siguiente está ubicado en un lugar distinto a la Tierra en el espacio-tiempo, dentro de un universo concebido por multitud de dimensiones. En ese “otro mundo” compartirían espacio también seres de otros planetas, espíritus elevados que jamás estuvieron en la Tierra, y una pléyade de seres y formas de vida. Los contactos con las personas que viven en la Tierra se realizarían a iniciativa de ellos. Mientras que los contactos psicofónicos tendrían lugar de una forma relativamente sencilla, los de voces directas requerirían, al parecer, un mayor equipo técnico.

Y esa riqueza de personajes en el otro mundo –terrestres, extraterrestres y “demás”–, se apoya en psicofonías y voces directas en las que los interlocutores se identifican como alienígenas –como en el caso de Sara Estep, pionera en la experimentación en TCI en Estados Unidos–, así como personas fallecidas de todas las épocas y seres angelicales o espíritus elevados. Otra línea de interpretación de estos fenómenos considera que todo es producto del enorme potencial que posee la propia mente humana.

Seguramente será la tecnología la que permita una mejor comprensión del fenómeno, tanto por la evolución de los medios de contacto como por un mayor análisis de unos fenómenos que practican unas 70.000 personas en todo el mundo, y que, por ahora, sigue siendo un enigma que no ha hecho más que comenzar.

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