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Ecms y premoniciones

Sábado 27 de Septiembre, 2014

Mary C. Neal, una cirujana ortopédica estadounidense, sufrió un accidente de kayak mientras disfrutaba de unas vacaciones en chile. tras volcar la canoa, su cuerpo quedó sumergido durante 15 minutos, un lapso de tiempo dramático que, a cambio, le ofreció la oportunidad de vivir una experiencia cercana a la muerte. pese a todo, aquel trance tuvo otra consecuencia inquietante. ciertas entidades angélicas que comenzaron a comunicarse con ella, le presagiaron un devastador suceso: su hijo mayor moriría antes de cumplir los 18 años… 

Año 1999. El verano chileno acogía con los brazos abiertos a Mary C. Neal y a su marido. No era la primera vez que practicaban kayak, de hecho, eran expertos en la materia. Pero, aquel día, esta cirujana de Wyoming iba a enfrentarse a la muerte en el río. Un accidente dramático la dejó atascada en un torrente. Sumergida bajo las aguas, trató desesperadamente de sacar la cabeza del agua para poder respirar, pero comprendió enseguida que no había nada que hacer. Los intentos por rescatarla no daban frutos. Sus amigos pronto advirtieron que su empeño por salvar una vida se estaba transformando en una misión de rescate de un cadáver. Finalmente, lograron extraer su cuerpo, amoratado e hinchado.

Habían transcurrido unos 14 minutos desde que su amiga Anne había puesto en marcha el cronómetro. Empezaron a practicarle la reanimación cardiopulmonar, pero alguno de los presentes incluso llegó a aconsejarles que desistieran, pues si lograban reanimarla, sólo sería un vegetal. Sin embargo, Mary volvió a respirar. Con las rótulas y los ligamentos de las rodillas rotos, rehusó recibir tratamiento en Chile. Quería regresar lo antes posible a EE UU, para que la atendieran en el Hospital Jackson Hole, donde tenía buenos amigos y podía reencontrarse con sus hijos, a los que echaba muchísimo de menos.

No obstante, dado su estado de salud, el viaje de vuelta fue un infierno. Apenas consciente, llegó al Jackson Hole con neumonía avanzada y síndrome de dificultad respiratoria aguda: «Este síndrome es una reacción inflamatoria severa de los pulmones debido a un trauma grave, como el de estar a punto de ahogarse, una embolia grasa, una neumonía o la inhalación de humo. Dicha reacción de inflamación del tejido pulmonar suele desarrollarse al cabo de veinticuatro o cuarenta y ocho horas, interfiere en la capacidad de intercambiar oxígeno y a menudo conduce a la muerte. Con tono solemne, mi internista le dijo a mi esposo que probablemente yo no sobreviviría a esa noche»…

           

CÓMO ES MARCHARSE, CÓMO ES EL CIELO

Mary C. Neal escribió un libro titulado Heaven and Back –traducido al español como Mi viaje de ida y vuelta al cielo (Ed. Grijalbo)– en el que relató su experiencia con todo detalle. Así, el momento de su «muerte» es descrito del siguiente modo: «Era como si me hubiera liberado de mi alma. Me elevé y salí del agua y, cuando mi alma atravesó la superficie, me encontré con un grupo de entre quince y veinte almas (espíritus humanos enviados por Dios) que me recibieron con el más grandioso júbilo que jamás hubiera experimentado o hubiera podido imaginar […] No logré identificar a cada uno de los seres espirituales por su propio nombre […] Pero sabía que eran emisarios de Dios y que los conocía desde hacía una eternidad». Cuando conseguimos entrevistar a Mary sobre el momento de su muerte, le pedimos más detalles. ¿Qué se sentía al morir?: «Siempre creí que ahogarse sería una forma terrible de morir –nos responde–, pero para mí fue algo indoloro, sin temor, pacífico. No sentí en ningún momento miedo o ansias de aire. No sentí ningún dolor, a pesar de que mis piernas estaban rotas. De hecho, me encontraba de maravilla». Continuando con el relato de su experiencia cercana a la muerte (ECM), la cirujana describió a los seres espirituales que observó como cuerpos resplandecientes cuya presencia llenaba todos sus sentidos, de forma que incluso podía comunicarse con ellos sin necesidad de hablar. Desde ese lugar en el que se hallaba, rodeada de entes espirituales, podía echar un vistazo a su cuerpo, tirado en el río, con el que no se identificaba plenamente. Más bien le parecía un viejo caparazón. Siguió su recorrido acompañada por estos seres, hasta llegar a una especie de sala, bella y diáfana.

Allí, según ella, pudo palpar el amor puro, absoluto e incondicional que manaba por doquier… (Continúa en AÑO/CERO 291).

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