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El misterio de los cuerpos que se alargan

Viernes 09 de Septiembre, 2016
Hasta el día de hoy, las elongaciones más documentadas fueron protagonizadas por el psíquico escocés Daniel Dunglas Home (1833-1886). Este espectacular médium recorrió toda Europa y fue recibido en las cortes de Napoleón I y de Napoleón III, haciendo demostraciones de sus poderes paranormales.
Por Josep Guijarro.

Entre sus habilidades cabía destacar la levitación de objetos pesados y la de su propio cuerpo, conversar con espíritus de difuntos, frotarse la cara con ascuas sin sufrir daños aparentes y alargar su estatura aproximadamente 20 centímetros.

El prestigioso abogado británico H. D. Jencken presenció hasta en cuatro ocasiones esta proeza. Antes de empezar la sesión, Jencken se colocaba a su lado y constataba cómo Home era más bajo que él. Cuando el médium alcanzaba el punto máximo de alargamiento, Jencken apenas le llegaba al hombro, superando su 1,80 de estatura (el médium no media más de 1,60).

En enero de 1868, la revista británica Spiritualist Magazine publicaba una carta del abogado donde describía con precisión las elongaciones de Home y explicaba su convencimiento de que, aparentemente, el alargamiento se producía desde la cadera hacia arriba, pues entre el chaleco de Home y el cinturón de su pantalón el abogado advertía la aparición de «carne nueva». Y no era un efecto óptico ni un truco. Pese a la lógica controversia de sus demostraciones,

Home fue objeto de análisis científicos por parte de Lord Adare, hijo del tercer duque de Dunraven, un miembro de la Royal Society llamado Lindsay y otros cuatro testigos imparciales, entre los que se hallaba el periodista H. T. Humphries, quien ratificó: «todos vimos a Home aumentar de estatura unos veinte centímetros».

Instantes de recogimiento
Dicha sesión tuvo lugar en 1869. Tras tomar buena nota de la estatura de Home, tanto de forma directa como por la sombra que proyectaba en el suelo, éste cerró los ojos y se tomó unos minutos de recogimiento. Instantes más tarde comenzó a agitarse ante la atenta mirada de los allí congregados.

«El espíritu guía es muy alto y fuerte», murmuró Home. De repente, los brazos del médium comenzaron a alargarse desmesuradamente; su caja torácica se dilató visiblemente y, mientras, su estatura sufrió una considerable transformación, elevándose por encima de la de los pasmados testigos. «Ya ves como es –murmuró de nuevo en trance mientras se desabrochaba la chaqueta–, la extensión se produce desde el pecho».

A continuación, y sin previo aviso, el médium, calzado con zapatillas, se paseó por la habitación en estado de ensimismamiento, pisando fuerte, para que los testigos viesen que sus pies se apoyaban con firmeza sobre el suelo. Fue alejándose de los invitados hacia una pared, donde sus miembros comenzaron a replegarse para volver a la normalidad. En ese instante, Lord Adare tomó nota de nuevo de la estatura de Home. Había crecido exactamente 23,75 centímetros.

¿Mutación genética?
Mientras los críticos hablan de ilusión óptica e incluso fraude (según estas tesis, Dunglas Home se habría puesto de puntillas o bien se subió a una tarima que pasó inadvertida a los testigos), los parapsicólogos incluyen este fenómeno en la categoría de efectos fisiológicos derivados del trance, sin que pueda apuntarse una razón objetiva que explique el mecanismo que interviene en las misteriosas elongaciones.

Quizá debido a lo llamativo de esta clase de manifestaciones, la literatura, el cómic, el cine y la TV, la han tenido en cuenta entre sus argumentos. Un ejemplo lo constituye la exitosa serie Expediente X. En su primera temporada, los populares agentes Mulder y Scully investigan a un asesino en serie llamado Eugene Tooms, a quien se achacan cerca de 20 homicidios. En siete de los escenarios de los crímenes, el FBI encuentra huellas dactilares alargadas y evidencias de que el sospechoso no ha utilizado puertas o ventanas para acceder a los mismos. El perspicaz Mulder tiene el convencimiento de que, a través de una mutación genética, Eugene Tooms es capaz de elongar su cuerpo a discreción.

¿Es posible que una alteración en los genes sea la responsable de la elongación del cuerpo o sólo se trata de una hipótesis válida en el ámbito de la ficción?

No hay ningún gen conocido que permita estirar o contraer nuestros huesos a voluntad. Algunas enfermedades relacionadas con la glándula tiroidea pueden ocasionar alteraciones en el crecimiento, pero, en ningún caso, provocan que podamos crecer o menguar a nuestro antojo.

El biólogo francés Jean B. Lamark asegura que el uso constante de un músculo provoca un mayor desarrollo del mismo, así como la práctica de una cierta actividad puede reforzar el órgano o estructura implicado. Sin embargo, en el caso de los alargamientos de médiums y místicos no sólo hablamos de músculos, sino del crecimiento espectacular de la estructura ósea que los sostiene. No existe, por tanto, explicación alguna para las espectaculares elongaciones de Home y, pese a ello, éste no ha sido el único en protagonizar hechos similares.

Sin duda estamos ante un fenómeno infrecuente, pero registrado en ámbitos diversos, como el religioso. Aunque algunas de estas elongaciones figuran en procesos de canonización, la mayoría fueron relacionadas con la intercesión del Diablo, en la medida que ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento recogen el alargamiento de extremidades de ninguno de los protagonistas bíblicos.

En este contexto podemos destacar algunos casos documentados muy interesantes, como el de la monja italiana Verónica Laparelli (1537-1620). Esta mujer experimentaba trances que solían extenderse por espacio de hasta tres días, durante los cuales su cuerpo se estiraba unos veinticinco centímetros, según quedó reflejado. Una vez finalizados los éxtasis, la hermana volvía a recuperar su estatura normal.

La abadesa de su convento, sor Margarita Cortonesi, describe así en el Summarium una de las elongaciones: «En una ocasión, entre otras muchas, cuando ella estaba en estado de trance recitando los oficios con algún ser invisible, comenzó a extenderse gradualmente hasta que la longitud de su garganta pareció estar fuera de toda medida, de manera que ella era mucho más alta de lo normal». Y añade: «Nosotras, percatándonos de este extraño hecho, nos fijamos en si ella se había elevado del suelo, pero hasta donde nuestros ojos pudieron ver, no era ése el proceso. Así, para estar seguras, tomamos una caña y medimos su altura, para después, cuando volvió en sí, volverla a medir; y era unos 25 centímetros más baja. Esto hemos visto las monjas que estábamos en la capilla», concluye.

También es revelador el caso de sor Stefana Quizani, una monja del siglo XVI conocida porque cada viernes revivía en sus carnes la Pasión de Jesús en el calvario. Pues bien, en una de aquellas ocasiones su brazo derecho se alargó tanto que los asombrados testigos comprobaron cómo sus músculos se habían estirado al máximo, sus venas aparecían desmesuradamente hinchadas y su mano estaba ennegrecida.

Otras místicas que sufrieron elongaciones parciales fueron santa Catalina de Génova, a quien se atribuye el crecimiento de uno de sus brazos en más de medio palmo cuando se encontraba en su lecho de muerte; o la madre María Constante Castreca (siglo XVIII), a la que sus compañeras de clausura veían crecer mientras rezaba ante una estatua del niño Jesús de su convento… Pero, ¿hay manifestaciones similares en la actualidad?

Un ejemplo moderno
Aunque aparentemente no son muy numerosos, podemos destacar algunos casos recientes, como el protagonizado por Sergi Sisó en la década de 1990.

Este joven catalán empezó a advertir cambios en su organismo tras experimentar con su pareja un avistamiento OVNI. «Fue una época muy peculiar. Entraba en el ascensor y tenía que agacharme, cuando, en circunstancias normales, cabía perfectamente».

Con todo, Sergi no se hallaba en ningún estado especial. Ocurría sin más mientras realizaba sus tareas cotidianas, se desplazaba o veía la televisión. De sus elongaciones dan fe algunos testigos, que admiten haber visto a Sergi más alto de lo normal o, en ocasiones, más bajito, como si pudiera menguar de tamaño a su antojo. Así nos lo confirmó su ex compañera sentimental, una conocida periodista catalana. Tras un breve periodo de tiempo, las extrañas elongaciones y contracciones cesaron totalmente.

También Daniel D. Home, nuestro primer protagonista, experimentó peculiares contracciones durante sus trances. Sus biógrafos aseguran que era capaz de encogerse hasta doce centímetros, al tiempo que quedaba literalmente clavado en el suelo. Igualmente inexplicables eran sus aumentos o pérdidas súbitas de peso, que incrementaban la impresión de que el cuerpo de este médium era una especie de sustancia moldeable bajo estados alterados de conciencia, con efectos ciertamente antinaturales.

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