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NUEVA ALJAIMA: TIERRA DE ESPECTROS

Viernes 19 de Junio, 2015
En la barriada de Nueva Aljaima, en la población malagueña de Cártama Estación, viene manifestándose lo imposible desde la construcción de un reducido grupo de viviendas en 2004. Las apariciones fantasmales de un hombre con sombrero de copa y de unas niñas causan terror a los moradores de estas casas. Dos colaboradores de AÑO/CERO han entrevistado a varios de los testigos de estas presencias espectrales, además de descubrir que en los terrenos donde se levantan esas construcciones han tenido lugar una serie de desgraciados hechos… Por José Manuel Frías y Juanfra Romero
espectro fantasma agresivo

Fue la gota que colmó el vaso. Cuando el sábado 14 de marzo de 2015, a eso de las diez de la noche, Andrea M. despertó a su hija de apenas tres años para llevarla al baño, se enfrentó a una situación tan asombrosa como desagradable. Cuando la pequeña terminó de hacer sus necesidades, la mujer, inclinada a su lado, le acomodó la ropa. Al incorporarse, notó una presencia junto a la puerta. «Estaba a mi izquierda –nos relataba en el lugar de los hechos–. Al percibir la figura, giré rápidamente la cabeza, pero sólo logré ver a un ser oscuro que salía de la estancia y se perdía por el pasillo», nos cuenta la testigo.
Andrea no tuvo tiempo de valorar lo ocurrido, porque en ese instante la chiquilla empezó a gritar, con lágrimas en los ojos, explicando con su limitado lenguaje que algo le estaba haciendo daño. Extendía sus manitas a la vez que decía: «¡Tengo pupa, no lo quiero, quítamelo!». La mujer intentó calmarla, pero no lo consiguió. Al contrario, la pequeña empezó a llamar a voces a su madre, como si no la estuviera observando. Daba la impresión de que la niña estaba siendo testigo de un mundo paralelo. «Con mi hija en brazos, me senté en el sofá, buscando apaciguarla. Pero ella seguía alborotando y no paraba de decir que algo le hacía daño», narraba Andrea. Como la chiquilla seguía quejándose, la mujer inspeccionó su cuerpo en busca de posibles heridas, descubriendo con horror unas evidentes marcas de arañazos en su cuello y abdomen. «¿Qué estás viendo?», preguntó Andrea. «No te lo quiero decir. ¡Me da miedo!», contestó su hija. Por fortuna, poco después la niña se calmó y acabó durmiéndose.

«¡QUE ME DEJÉIS!»
El episodio se repitió un día después, a eso de las nueve y media de la noche, cuando madre e hija descansaban en el sofá del salón. La primera estaba viendo la televisión y la segunda durmiendo. De pronto, la niña se despertó de golpe, gritando desesperadamente: «¡Yo no quiero esto, mami!». Como en la anterior ocasión, parecía no ver a su madre. Una última secuela se produjo el 21 de marzo, como la primera vez también en el baño. La chiquilla volvió a entrar en un estado de agitación, agarrándose las manos como si una invisible presencia la estuviera atacando, a la vez que exclamaba: «¡Que no, que no, que me dejéis!»… (Continúa en AÑO/CERO 300).

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