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Sanar con las constelaciones familiares

Martes 22 de Agosto, 2017
En los últimos años, el método de las constelaciones familiares ha irrumpido con inusitada fuerza y aceptación en el ámbito de las terapias alternativas y el crecimiento personal. La técnica tiene por objetivo la resolución de conflictos personales y se fundamenta en la existencia de insospechados lazos energéticos que nos mantienen vinculados a nuestros antepasados. Para los consteladores ese «ADN energético» ejerce una asombrosa influencia en nuestras vidas, hasta el punto de que nuestra salud, bienestar y felicidad dependen de su correcto equilibrio.
Texto: José Gregorio González

Reconciliarnos con nuestro linaje, con nuestra familia, es la razón de ser de la terapia de constelaciones familiares. No en vano, los expertos se refieren a dicha técnica como «método de la reconciliación». Partiendo de esta premisa, es bastante razonable asumir que el diálogo, la confrontación de los conflictos, la toma de conciencia de las limitaciones que todos tenemos a la hora de percibir las cosas, la comprensión y aceptación o el generoso y sentido perdón que damos y recibimos, sean capaces de sanar nuestra vida y relaciones, permitiéndonos –desde el orden recuperado con nuestros familiares– hacer borrón y cuenta nueva y construir vínculos más saludables. A partir de ahí, liberados del lastre de la incomprensión, el desafecto, los malentendidos y reproches, y a veces arropados por el cariño y apoyo incondicional de los nuestros, es muchomás fácil transitar en pos de una vida más plena, liberándonos de la pesada carga que suponen los asuntos inconclusos, aún cuando no seamos completamente conscientes de ellos. Es bastante probable que la mayoría de los lectores tengan alguna experiencia en ese sentido, bien sea directamente o a través de alguien cercano.

Sin embargo, el escenario se complica hasta límites insospechados, porque es bastante difícil comprenderlo y explicarlo cuando el efecto terapéutico que buscamos se presenta tras resolver conflictos cuya existencia ignoramos por completo, además de reconciliamos con familiares que no sólo desconocemos, sino que incluso pudieron vivir y morir décadas antes de que nosotros hubiésemos nacido. El lector ha leído bien, aunque no hay inconveniente en repetirlo: resolver conflictos que ignoramos y reconciliarnos con familiares que jamás hemos conocido ni conoceremos. Esa es la parte «mágica» que parece operar en la terapia de constelaciones familiares, así como el pilar sobre que el se sustentan la mayor parte de las críticas de sus detractores.

VIRUS ENERGÉTICOS
Para los consteladores familiares todos los seres humanos formamos parte de un linaje, clan particular o sistema familiar integrado por la totalidad de los miembros biológicos de la familia –tanto la de origen como la que hayamos configurado junto a nuestra pareja–, cuyo alcance e influencia energética se pueden extender a cinco o seis generaciones atrás. Además de la herencia biológica que transmitimos a través del ADN y que determina nuestro aspecto físico y ciertas predisposiciones o tendencias, heredaríamos también lo que podríamos denominar «conciencia familiar», que permanece latente a un nivel inconsciente.

Por tanto, se hace necesario entender que el enfoque y punto de partida de las constelaciones es sistémico, es decir, aborda al ser humano como parte de un sistema, atendiendo a las relaciones y al contexto, y no de forma aislada. Como precisa Marta Ocampo, experta en coaching sistémico además de consultora de organización y recursos humanos, «lo sistémico es un modo de pensar en totalidades. Entre otras, sus premisas básicas se pueden resumir en las siguientes: somos seres interdependientes, todo está vinculado y no vemos relaciones ni pensamos en contextos sino en hechos aislados».

Apelando a términos informáticos, podríamos imaginarnos a todos los integrantes biológicos de una familia compartiendo una trama o red invisible, una especie de Intranet que les permite compartir algo así como una «conciencia grupal o familiar» de carácter acumulativo, capaz de influirnos individualmente. Al igual que las vivencias y aprendizajes enriquecedoras, aquellos asuntos conflictivos o no resueltos por un familiar también quedan grabados en el servidor del clan, generando un malware o programa malicioso que en la siguiente generación se colará por la puerta trasera y se instalará en el disco duro de un nuevo miembro de la familia.

En un momento determinado, el malware se activará en el nuevo individuo, manifestándose a través de una enfermedad, fobia, conflicto familiar o laboral, etc., brindando la oportunidad a la persona de detectarlo y corregirlo. Si no se logra, ese malware repetirá el ciclo infectando en la siguiente generación a otro miembro de la familia, algo equiparable a una asignatura pendiente para todo individuo de ese linaje, que seguirá siendo un problema generación tras generación, hasta que no sea aprobada por alguno de sus miembros. En nuestra metáfora informática la terapia de constelaciones familiares actuaría como un antivirus, identificando y eliminando el obstáculo, además de optimizar al conjunto de ordenadores en red.

Al respecto, el reputado director escénico, profesor universitario y terapeuta Luis Dorrego –fundador de la empresa Expresión Entrenamiento Integral–, que ofrece formación en técnicas que se nutren de la expresión artística, el coaching y el pensamiento sistémico, apunta lo siguiente: «Se trata de ver a la familia como un sistema, el primario para los humanos, a fin de comprobar que aquello no resuelto en el pasado de nuestras familias y la forma en que (ese evento o eventos) sucedió, resulta determinante para nosotros y las siguientes generaciones. Sin conocerlo a simple vista, estamos sumergidos en el destino de nuestra trama familiar».

EL ALMACÉN DEL INCONSCIENTE
Partiendo de este punto, conflictos de diversa naturaleza que han sido tipificados por los consteladores y que, por ejemplo, pudieron ocurrir en el entorno familiar de nuestros tatarabuelos, sin saberlo nos podrían estar afectando a nosotros en la actualidad, propiciando conductas lesivas, insatisfacción generalizada, problemas de salud, desequilibrios emocionales, fobias, dependencias, fracaso laboral e infelicidad.

A través de la sesión de constelación y con la cooperación de diferentes personas que se prestan a representar a nuestra familia directa, ancestros y otros personajes impredecibles, emergen a un plano consciente tales vivencias conflictivas, permitiendo su conocimiento y, como consecuencia, la oportunidad de una reconciliación sanadora. Cabe señalar que aquellos sujetos que cooperan en el levantamiento de una constelación representando al clan o linaje del constelado, pueden no conocerse entre sí y jamás deben poseer información previa de la persona y su problema. Por tanto, no son agentes conscientes del proceso.

En cierto modo, actúan casi como marionetas manejadas inicialmente por el terapeuta constelador –llamado facilitador–, representando un guión que todos desconocen y que fluye espontáneamente desde la memoria inconsciente y familiar del individuo. Aun a riesgo de resultar abusivo con el lenguaje informático, es como si los sujetos, haciendo uso de una especie de wifi, descargaran información y ejecutaran automáticamente programas que estaban almacenados en el servidor familiar.

No hay nadie mejor a quien acudir para entender este proceso que al propio Bert Hellinger, codificador y máximo exponente de las constelaciones familiares a nivel mundial. Con más de sesenta libros escritos y una intensa formación y experiencia en materias como filosofía, teología, pedagogía y psicología, Hellinger es el referente indiscutible en la materia que nos ocupa.

EN CONEXIÓN CON  LA MENTE GRUPAL
«Las constelaciones familiares se desarrollan muy fácilmente –explica el experto–. El constelador elige a unas personas del grupo para que representen a la familia del cliente, y éste las coloca enfrente de otras. Algunas veces es el cliente quien elige a los representantes. Éstos se sienten de repente como los individuos a los que están representando, a pesar de no conocerlos ni saber nada sobre ellos. En ciertas ocasiones hablan con la voz de esas personas y presentan sus mismas enfermedades y problemas físicos. Por ejemplo, comienzan a temblar o no escuchan ni ven correctamente. Este fenómeno es difícil de imaginar y no se puede explicar convencionalmente. Si lo intentamos, podemos decir que el representante entra en otro campo espiritual. Rupert Sheldrake lo denomina campo morfogenético: una memoria colectiva de los acontecimientos y sentimientos relacionados de un determinado grupo. Incluso añadiría que dicho grupo tiene también una conciencia colectiva que le ordena lo que tiene que hacer o dejar de hacer para asegurar la pertenencia a ese campo espiritual y a su familia».

Los expertos en esta terapia suelen argumentar que resulta más difícil explicar qué son y cómo funcionan las constelaciones familiares que descubrir sus asombrosos e inmediatos efectos. La inmensa mayoría coincide en destacar que se genera una atmósfera especial. En mayor o menor medida, con más o menos conciencia, los presentes parecen conectar con una fuente de información fidedigna capaz de influir en su comportamiento y que les permite revelar asuntos insospechados, que constituyen la clave del problema que presenta el individuo que está «constelando».

Quizá en el futuro se pueda establecer si esa misteriosa fuente de información, que los consteladores suelen llamar campo de conocimiento, se corresponde con el concepto hermético de los archivos akásicos, con el inconsciente colectivo promulgado por Carl Gustav Jung, con los campos morfogenéticos teorizados por el controvertido biólogo Rupert Sheldrake o bien con el famoso campo punto cero que entreteje la materia y el vacío según los postulados de la física cuántica. Al menos en apariencia y con todos los matices, estos conceptos parecen referirse a lo mismo. También resulta curioso otro hecho significativo vinculado a esta interconexión: muchos consteladores aseguran que los efectos de la reconciliación que experimenta el cliente tienen un eco real y positivo entre los miembros reales de su familia, aunque éstos hayan sido completamente ajenos a la terapia.

PARECE MAGIA
Un ejemplo real proporcionado por el escritor y constelador John L. Payne en su obra Constelaciones familiares para personas, familias y naciones (Obelisco, 2007), nos permite descubrir el alcance de la propuesta que plantean los expertos en esta terapia. Lo protagonizó una mujer de mediana edad que acudió a una sesión para entender lo que sucedía con su familia, en la que el nivel de alcoholismo y suicidios era alarmante. «Dijo que hermanos, hermanas, tíos, tías, primos y otros muchos miembros de su amplia parentela habían padecido estas suertes o bien habían tenido unas vidas complicadas –explica Payne–. Al investigar sobre el tema, resultó que su tatarabuelo había sido el propietario de una plantación. Originalmente, aquellas tierras habían pertenecido a una tribu de una nación nativa americana que fue sacada de allí por la fuerza, muriendo muchos de sus miembros en ese trance. Más tarde, la tierra sería trabajada por los esclavos negros que se había comprado su tatarabuelo. Levantamos la constelación introduciendo en ella a su tatarabuelo, a los representantes de los nativos americanos, a los de los esclavos y a los de aquellos familiares que habían sido alcohólicos o se habían suicidado».

Payne describe como todos los individuos que representaban a la familia en la sesión de constelación cayeron al suelo, abatidos por la culpa y la angustia en medio de una enrarecida y cargada atmósfera. «La familia había sido muy rica –prosigue el experto– y había poseído muchas tierras, pero en el transcurso de las generaciones gran parte de sus riquezas y posesiones se habían dilapidado por culpa del alcoholismo, el juego y los suicidios. Con el fin de generar equilibrio y de llevar a cabo una especie de penitencia por aquellas riquezas ilícitamente obtenidas, los miembros del clan se sentían obligados a desprenderse tanto de sus posesiones como de las bendiciones que la vida les ofrecía. En tales casos, la manera de liberarse verdaderamente consiste en honrar el destino de los esclavos y de los nativos americanos, dándoles a unos y a otros un lugar en tu corazón y dejando la culpabilidad al tatarabuelo».

LAS TRES LEYES DE LAS CONSTELACIONES
Cualquier constelador experimentado podría proporcionarnos un puñado de ejemplos tanto o más asombrosos que el narrado por Payne; casos reales capaces de mostrarnos la gama de vivencias que acontecen en las sesiones. Pero, ¿cuál es el modus operandi y los principios que se manejan en esta terapia? Según el modelo teorizado por Hellinger –basado en su experiencia como constelador–, este sistema se rige por unas reglas que bautizó como órdenes del amor: normas básicas vigentes generación tras generación y cuya vulneración conduce a la desarmonía, a los conflictos e incluso a la enfermedad. Podríamos definir dichos patrones como la dirección correcta en la que el amor debe circular por la «carretera familiar», facilitando unas relaciones naturales y sanas.

Para Hellinger, los órdenes del amor se concretan en tres leyes básicas:

  1.  La pertenencia. Cada miembro de una familia tiene el mismo derecho de pertenencia. Nadie puede ser excluido y la pertenencia debe ser reconocida, tanto si están vivos como si no. El amor siempre es inclusivo. La exclusión puede responder a diferentes causas, desde un olvido involuntario anclado en generaciones pasadas al provocado conscientemente, por ejemplo a causa de la negación ante una muerte prematura. También se puede excluir a alguien por un comportamiento inadecuado.
  2.  El sistema jerárquico. El miembro que nació antes tiene prioridad sobre el que lo hizo después, adquiriendo unos derechos que deben ser reconocidos por los que llegan más tarde, que a su vez deben bendecir y agradecer la experiencia que les proporcionan los mayores. Esa ley se puede ver alterada por distintas causas. Por ejemplo, cuando un niño se ve empujado a ocupar el lugar del padre fallecido.
  3.  El equilibrio. Necesidad de equilibro entre dar y recibir en las relaciones. El desequilibrio genera conflicto y culpa, bien por recibir más de lo que damos o por dar más de lo que recibimos.

Como apunta Payne: «Los órdenes del amor rara vez están intactos dentro de una familia media (…) La alteración más común es la que viene causada por la muerte prematura de uno de los padres o uno de los abuelos, el fallecimiento de un hijo, un aborto, la marginación de algún miembro de la familia o un asesinato o una injusticia, sea del tipo que sea. Todos estos acontecimientos dejan un profundo impacto residual  en nuestra vida actual, aun cuando hayan tenido lugar tres, cuatro o cinco generaciones atrás».

UN UNIVERSO DE POSIBILIDADES
En contra de lo que puede aparentar, a pesar de que se trabaje con un grupo de gente, no es una terapia colectiva sino individual. En cada taller de constelaciones se incide sobre una sola persona, ya que el resto desempeñan el papel de representantes o colaboradores. De esta manera, en una sesión pueden estar presentes entre ocho y quince individuos. Cuando se levanta la constelación de uno de ellos, varios de los presentes pueden ser elegidos por el cliente o el facilitador, que les asigna un papel y los coloca en la sala de una determinada manera. Esa posición varía en función de lo que vaya surgiendo. No es raro que otras personas se sumen a la sesión ocupando nuevos roles, y algunos de los participantes se echen a un lado, quedando como meros observadores.

Una vez terminada la constelación, que suele durar entre 60 y 90 minutos, se puede iniciar otra sesión tras unos minutos de descanso. No es raro que se lleven a cabo tres o cuatro «funciones» por grupo y día. Cualquier duda sobre la naturaleza individual de la técnica queda definitivamente despejada cuando se trabaja con objetos: muñecos, pequeñas figuras geométricas, marcadores adhesivos para el suelo o incluso sillas, que desempeñan el papel de representantes simbólicos de la familia. En este caso el facilitador y la persona que protagoniza la constelación tienen un bis a bis. «Es como si dispusiéramos de un teatro en miniatura donde se representa nuestra vida y la de nuestros ancestros de una forma mucho más profunda de lo que nuestra mente ha ido componiendo a lo largo de su existencia. Son imágenes y movimientos reveladores que, gracias a estos muñecos, cobran vida», explica Luis Dorrego.

De forma prácticamente unánime, tanto facilitadores como clientes aseguran que la mejoría, cuando no la solución definitiva, se produce desde la primera sesión, incluyendo en la carta de servicios asuntos tan diversos como las pérdidas y duelos de seres queridos, apoyo en separaciones de pareja, fobias, todo tipo de dependencias como tabaquismo y alcoholismo, traumas infantiles, problemas de pareja y con los hijos, depresión, obesidad e insomnio. También incorpora el abordaje de los estados de ansiedad, bulimia, infertilidad y falta de autoconfianza.

Los expertos aconsejan a la persona que quiere «constelarse» que se documente lo máximo posible acerca de los hechos más significativos de su familia, con especial detalle en aquellos asuntos silenciados, de los que se habla poco y que resultan incómodos. Así participaremos en una sesión mucho más precisa y funcional.

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